Opinión

El experimento de los chocolates

El experimento de los chocolates FOTO: DEDVI MISSENE Dedvi Missene

Estoy seguro de haber leído alguna vez, aunque no recuerdo dónde, que en una universidad de Estados Unidos se hizo un experimento que consistía en dejar durante un cierto tiempo a niños pequeños en una habitación con chocolates disponibles al alcance de la mano y con la instrucción de no comerlos bajo promesa de una recompensa mayor si obedecían. El caso es que les hicieron seguimiento a esos niños; los que resistieron la tentación y esperaron la recompensa, estadísticamente fueron mucho más exitosos a lo largo de la vida que aquellos que sucumbieron a la gratificación del placer inmediato.

Hoy Chile enfrenta una serie de dificultades y no tiene los medios con los que debería contar para encararlos, porque en los últimos cuatro años fue gobernado por la versión política de los niños que, en el experimento, se comían los chocolates. Son los que promovieron los retiros; ¿puede haber algo más parecido que retirar los ahorros previsionales? Son los que erraron en todas las proyecciones de ingresos, pero gastaron como país en guerra y nos dejaron, para seguir la metáfora, sin un solo chocolate.

La guerra en Irán disparó el costo del petróleo y no hay dinero para que funcione el mecanismo de estabilización de su precio. Las cosas valen lo que valen y solo se pueden financiar con flujos, con ahorro o con deuda. El déficit fiscal del año pasado es de más de tres puntos y medio del PIB; ahorros no tenemos y seguir endeudándonos sería una irresponsabilidad mayúscula.

Ahora vendrá, sin duda, la situación que explica por qué el realismo mágico y la mejor versión de la literatura fantástica -la de Borges, por cierto- hayan nacido en América Latina. Sin recursos para el Mepco, los chilenos sentiremos en toda su dureza las consecuencias de la guerra. En cualquier sociedad racional, el costo político lo pagarían los que se gastaron los recursos, los que dejaron una caja fiscal que no alcanza a financiar ni siquiera unos pocos días de la demandada estabilización de los precios.

Pero acá las cosas no se dan así. Aquí, los que se comieron los chocolates, todavía con las huellas en las manos y en los labios, saldrán a protestar, encabezarán las marchas contra el gobierno y sus autoridades insensibles que no buscan una solución para los pobres, los que más sufren. “Exigimos nuestros chocolates”, dirán sus pancartas, mientras ellos mismos evalúan una acusación constitucional contra las autoridades actuales.

El experimento aquel tiene mucho que ver con la política, es decir, con la manera en que se gobiernan las sociedades. La única forma que tienen los países de generar riqueza es invirtiendo y solo pueden invertir los que ahorran. El problema es que ahorrar es una forma de sacrificio, es postergar los placeres que podríamos obtener ahora, para lograr beneficios mayores en el futuro. Ese ahorro requiere disciplina y también un Estado dispuesto a poner incentivos que lo promuevan.

Ojalá los chilenos volvamos a valorar que nos gobiernen los niños que no se comían los chocolates.

Por Gonzalo Cordero, abogado

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