El vacío que dejará Angela Merkel

Outgoing German Chancellor Angela Merkel speaks at a ceremony to mark the 31st anniversary of Germany's Unification Day, in the city of Halle, Germany, October 3, 2021. Jan Woitas/Pool via REUTERS

Su actitud mesurada y promotora de acuerdos, junto con promover las banderas de la democracia, el libre comercio y el orden internacional, constituyeron sellos de su mandato




Las elecciones celebradas en Alemania el fin de semana pasado dieron como ganador, por un estrecho margen, al Partido Socialdemócrata Alemán sobre el CDU, el partido de la Canciller Angela Merkel, quien había anticipado hace tres años que este periodo que concluye -el cuarto- sería su último mandato. Ahora, y dado que el vencedor no obtuvo una mayoría absoluta, se abre un espacio para las negociaciones de los socialdemócratas con las distintas fuerzas políticas con el objeto de constituir alianzas que les permitan formar gobierno, algo que puede demandar algunas semanas.

Una vez que ocurra el cambio de gobierno se pondrá término a 16 años donde Merkel no solo ha guiado los destinos de la principal potencia económica de la Unión Europea, dando estabilidad a su país y una posición fuerte y hegemónica en el quehacer del continente europeo, sino también cohesión a éste, lo que es reconocido por la aprobación superior al 60% que tiene, la cual, sin embargo, no pudo endosar a su tienda política en las recientes elecciones.

Sin perjuicio de lo que ocurra en el ámbito político interno de Alemania y de la coalición que asuma el poder, se abren una serie de interrogantes en relación con la política comunitaria y los liderazgos que puedan surgir, en particular si lograrán asumir el rol que Merkel ha ejercido durante una década y media en el continente, y que la llevaron a definir cursos de acción frente a hechos que en algún momento pudieron poner en duda la continuidad del bloque. Solo basta recordar el impacto de la crisis económica en Grecia y los rescates que debió llevar a cabo el bloque; así también con la aparición de los liderazgos nacionalistas en Polonia y Hungría, que desafiaron la unidad europea. No menos complejo fue el cambio de la política norteamericana hacia Europa durante el mandato de Donald Trump, debilitando la alianza transatlántica; así como la irrupción de cientos de miles de refugiados desplazados a consecuencia de la guerra en Siria, muchos de ellos acogidos dentro de Alemania, lo que generó importantes tensiones con los demás países comunitarios.

Quien asuma el liderazgo de Alemania tendrá entre sus desafíos lidiar con el reposicionamiento de Rusia y sus aspiraciones de la mano del Presidente Putin así como la expansión de los intereses chinos, en un contexto donde globalmente será necesario asumir mayores compromisos -especialmente las naciones más desarrolladas- para morigerar los efectos del cambio climático, como asimismo hacer frente a los efectos económicos y sanitarios derivados de la pandemia. Todo ello plantea un desafiante escenario para Europa, donde serán necesarios liderazgos que a la vez de mostrar capacidad de forjar entendimientos, demuestren suficiente temple. En ese plano, la defensa que Merkel hizo del orden internacional, el libre comercio y la democracia seguirán siendo plenamente vigentes, y deberían ser también las banderas del futuro Canciller germano.

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