Jorge Heine

Jorge Heine

Public policy fellow Wilson Center Washington DC

Opinión

El fantasma de la chino-dependencia


Con un 4%, Chile tuvo un buen crecimiento económico en 2018. Parte de ello se debió al comercio exterior, que creció 11%, con 9% de aumento de las exportaciones y 14% de las importaciones. Las exportaciones a China crecieron 32%, a US$ 25 mil millones.

Desde 2010, China es nuestro mercado número uno. Hasta hace poco, exportábamos el doble a China que a Estados Unidos. Hoy esa cifra se acerca al triple. El agro chileno crece como lo hace por la demanda china. Desde 2016, Chile es el mayor exportador de frutas a China. Una de cada cuatro frutas que importa China, por valor, proviene de Chile. Hace unas semanas, The Economist le dedicó una extensa nota a ello.
Uno pensaría que estas cifras serían aplaudidas. Pero en algo digno de Ripley, no es el caso. Ante las impresionantes cifras de 2018, se ha levantado el falso fantasma de la así llamada “chino-dependencia”.

Nos está yendo demasiado bien en China, dicen los agoreros de siempre. Esto es un peligro. El diferendo comercial entre Estados Unidos y China subrayaría lo temerario que es hacer tan buenos negocios con China. ¿Y si llega a haber un bajón en la economía china? ¿Qué nos haríamos? Todo esto es de una miopía digna de mejor causa.
China es hoy la segunda mayor economía, y su PIB equivale al 15% del producto mundial. Las proyecciones indican que para 2030 va a ser la mayor economía, superando a Estados Unidos. Gracias al TLC entre Chile y China, firmado en 2005, y cuya versión 2.0 fue aprobada en 2017, Chile tiene acceso privilegiado al mercado chino. Así, Chile ha posicionado su “marca-país” allí. También, desde 2016, China es el mayor mercado para el vino chileno, superando a Estados Unidos y a Reino Unido.

En los últimos años, la tercera parte del crecimiento de la economía mundial proviene del crecimiento chino, que, al 6,5%, duplica la tasa de Estados Unidos y triplica la de Europa. Para 2050, se estima que la mitad del producto mundial se originará en Asia, cuyo corazón es China. Como señala el título de un reciente libro del connotado analista indio Parag Khanna, El futuro es asiático. El éxito de Chile en estos últimos 30 años se debe a su modelo exportador, su estrategia “lateral” de comercio exterior (basada en los TLC) y su apuesta por Asia, destino de la mitad de nuestras exportaciones. En ese cuadro, China, destino del 34% de nuestras exportaciones (versus un 9% en 2003), ocupa un lugar clave.

Australia, país con el cual Chile tiene similitudes, envía 29% de sus exportaciones a China, y no ha tenido una recesión desde 1991, un récord. De hecho, Australia ha seguido las huellas de Chile: tiene un TLC con China desde 2015, y hoy vende cuatro veces la cantidad de vino en China que Chile. La posición de Chile en el mercado chino es la envidia de muchos de nuestros competidores. La noción de que deberíamos abandonarla por eventuales peligros en la mente de algunos iluminados, que aún no captan que éste será el siglo del Asia, es una fantasía digna de mejor causa.

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