GameStop: un desafío para los mercados

FILE - Pedestrians pass a GameStop store on 14th Street at Union Square, Thursday, Jan. 28, 2021, in the Manhattan borough of New York. Followers of YouTube personality Roaring Kitty, inspired by his enthusiasm for buying stock in the underdog retailer GameStop, made him an icon in the social media frenzy that shocked Wall Street. But what’s been a big victory for 34-year-old Keith Gill could lead to heartbreak and hardship for followers who jumped on the bandwagon and took risky bets on GameStop’s rollercoaster ride in the stock market. (AP Photo/John Minchillo, File)

El caso que ha estremecido a Wall Street no solo es indicativo del poder que han adquirido las redes sociales; también anticipa que habrá cada vez más especulación en los mercados, lo que representa un desafío para reguladores e inversionistas.




La historia de GameStop- una relativamente modesta firma estadounidense dedicada a la distribución de videojuegos- probablemente quedará como un hito en la historia de Wall Street. En apenas algunos días, el valor de sus acciones, que se transaban a menos de US$ 20, súbitamente se disparó a casi US$ 500, lo que significó que su capitalización bursátil escalara de unos cientos de millones de dólares a casi US$ 30 mil millones. En días recientes, sin embargo, el valor de la acción se ha desplomado.

La razón de esta montaña rusa responde a las maniobras llevadas a cabo por los miembros de WallStreetbets, uno de los tantos foros que contiene la red social Reddit. Reaccionando a las operaciones especulativas de que había sido objeto la acción de GameStop por parte de fondos de cobertura -apostando a su baja, en el marco de operaciones conocidas como “venta corta”-, los miembros de WallStreetbets decidieron concentrarse para iniciar masivas compras de acciones de GameStop y así “castigar” a estos grandes fondos, provocando un alza desmesurada de la acción y generando miles de millones de dólares en pérdidas entre quienes habían apostado por la caída de dichos títulos. El caso ha obligado a que la Reserva Federal de Estados Unidos convocara a reuniones de emergencia para tratar el caso, mientras que el Congreso de dicho país se apresta a iniciar audiencias para conocer los alcances regulatorios que el caso podría conllevar, así como para entender mejor el impacto que las redes sociales pueden tener en los mercados.

Por ahora resultaría algo aventurado pronosticar que el caso de GameStop ha representado un punto de quiebre en Wall Street, pero ciertamente abre una serie de interrogantes y desafíos tanto para los inversionistas como para los reguladores. Las redes sociales han entregado un inmenso poder a las comunidades, en tanto que las nuevas tecnologías han permitido abaratar dramáticamente los costos de transacción, lo que ha brindado una accesibilidad al mundo de las inversiones sin precedentes. Esto sin duda es una buena señal, porque abre ilimitadas posibilidades para que las personas diversifiquen su patrimonio y accedan a mayores retornos; mientras que para quienes favorecen la noción de que la competencia es una fuerza virtuosa en los mercados, el que las transacciones eventualmente ya no estén en manos de unos pocos actores, sino repartidas entre muchos, traería efectos virtuosos.

Con todo, también parece un hecho que la especulación se hará mucho más intensa, lo que plantea una serie de dificultades. Si bien la especulación forma parte consustancial del mercado accionario, los precios de los activos también dependen de variables objetivas, que son las que a la larga deberían prevalecer -el reciente desplome de las acciones de GameStop es prueba de que el valor de un activo no se podrá sostener por demasiado tiempo si detrás no hay fundamentos sólidos. Pero en la medida que sean más los factores especulativos los que comiencen a condicionar el precio de los activos -ya no solo por la acción de fondos que apuestan al riesgo, a veces irresponsablemente, sino ahora potenciado por millones de personas agrupadas en causas muy diversas-, en esa misma medida el precio de los activos puede ir perdiendo eficacia como señal a los mercados, al hacerse más complejo distinguir cuánto del alza o baja de los precios responde a los fundamentos de las empresas. Los reguladores -también la academia- tienen ahora la difícil tarea de comprender la mecánica detrás de estos fenómenos, sus alcances y actualizar el marco regulatorio a esta nueva realidad.

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