Opinión

Geopolítica

Una intervención militar extranjera es siempre una mala alternativa; que implica por definición el atentado a la soberanía de un país y tiene siempre costos en vidas humanas. El problema es que, en este caso, la alternativa era peor: la continuidad de una dictadura criminal, que violaba los DD.HH. y conculcaba las libertades civiles, además de arrastrar a la mayoría de sus habitantes a la miseria y forzar a más de ocho millones de personas al exilio.

Frente a esta operación se ha dicho que era preferible una salida pacífica, conforme a las reglas del ordenamiento multilateral. Eso es obvio, pero también lo es que esa alternativa había dejado de existir hace mucho tiempo, cuando el régimen chavista horadó las instituciones democráticas y terminó por imponer un orden autoritario, controlado por una cúpula cívico-militar vinculada al narcotráfico. En rigor, la soberanía nacional ya había sido violada y degradada por el propio régimen, y el respeto a las reglas -las impuestas por la propia dictadura- burladas por ella una y otra vez, hasta terminar desconociendo el resultado de una elección presidencial en que el candidato opositor obtuvo cerca del 70%.

Es evidente: los que hoy condenan la operación norteamericana preferían la otra alternativa, la continuidad de la dictadura, porque el escenario ideal -una salida democrática en el marco del respeto a las reglas del derecho internacional- era completamente inviable. Y es legítimo que opten hoy por la continuidad de un régimen al que han mirado a lo largo del tiempo con simpatía, pero no pueden escudarse para ello en una opción en base a reglas inexistente. Además, mucho antes de que EE.UU. pisoteara la soberanía venezolana, ya lo habían hecho cubanos e iraníes, sin que nadie de los que ahora pone el grito en el cielo, levantara la voz.

Se ha dicho también que el objetivo principal de Trump es saquear el petróleo de Venezuela. Eso también es incorrecto. Puede que a largo plazo exista la intención de que empresas americanas puedan acceder a dichos recursos, pero ello no fue lo que motivó esta incursión militar. La intención real era impedir que esos recursos siguieran fluyendo hacia Cuba e Irán, China y Rusia, es decir, lo que en verdad se buscó fue poner un dique a Venezuela como “cabeza de playa” para los adversarios estratégicos de EE.UU. Más que una motivación económica, esta embestida tiene una lógica geopolítica: evitar que el país caribeño siga siendo el gran facilitador hemisférico para países con los que hoy Trump disputa la hegemonía global. Que existan en el mundo y en Chile sectores que por razones políticas e ideológicas prefieran la hegemonía de esos países y no de EE.UU., es perfectamente entendible.

Son dichos sectores los que miran el actual cuadro con desazón, confirmando una sensación de derrota enorme; por eso no han sido capaces de empatizar con la alegría del exilio venezolano. En rigor, saben lo que esto significa y, también, presienten lo que vendrá después.

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