La columna de Guarello: Marcianos al ataque

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"El grupo de dirigentes que fue el sostén de Jadue en un momento y que se hicieron millonarios con el factoring, hoy nos parecen razonables y hasta gente que quiere el bien de la actividad. Así de fuerte".



A Arturo Salah se le pueden criticar muchas cosas, pero nadie puede dudar que es un hombre de fútbol que estuvo en todos los estamentos: fue jugador de cadetes, futbolista profesional por más de una década, entrenador de inferiores, entrenador de equipos grandes y de la selección nacional, presidente de Colo Colo y de la ANFP. Jugó muy poco en la Selección, acaso porque su calidad de puntero por ambas bandas se basaba más en la voluntad y en la garra que en cualidades técnicas o velocidad. Conservador, lector de Séneca, malhumorado (por algo La Cuarta le puso “Elmer”), agresivo con la prensa, con el carisma de un bloque de hormigón, motejaba a los ajenos a la actividad como “marcianos”. Y les temía. No personalmente, sino por el daño que le podían causar al fútbol chileno.

Cuando abandonó la presidencia de la ANFP en noviembre del 2018 se fue tranquilo por un lado: había ordenado la casa tras el desastre que dejó Sergio Jadue. En Quilín los números estaban en azul después de muchos años y en Juan Pinto Durán dejó trabajando a un entrenador de prestigio internacional como Reinaldo Rueda. Aunque por otro lado estaba inquieto y hasta temeroso: la nueva “camada” de dirigentes tenía un porcentaje demasiado alto de aventureros recién llegados, empresarios de jugadores que usaban los clubes como fachada para sus negocios y gente que no sólo no tenía relación con el fútbol, sino que en su fuero interno despreciaban la actividad y se habían metido sólo por el dinero fácil que podían generar. Marcianos a toda regla.

Arturo Salah y Sebastián Moreno, en el cambio de mando de la ANFP. FOTO: AGENCIAUNO

Tres años después de la salida de Arturo Salah, los temores del ex presidente de la ANFP y Colo Colo han demostrado estar más que fundamentados. Tanto, que el grupo de dirigentes que fue el sostén de Jadue en un momento y que se hicieron millonarios con el factoring, hoy nos parecen razonables y hasta gente que quiere el bien de la actividad. Así de fuerte. Porque frente a ellos hay un entente de empresarios de jugadores y pícaros egóticos, a quienes sólo les preocupa la plata de la televisión y ante la posibilidad de perder en la cancha estos recursos, descendiendo de categoría por malas decisiones deportivas, no dudan en destruir todo a su paso, arrasando con el calendario, las programaciones y el mercado de pases.

El último episodio de Melipilla es su más reciente obra maestra. Sabiendo todos los antecedentes de los Potros hace meses, se los guardaron hasta el final, cuando la tabla los mandaba a la B y pusieron una denuncia postrera y mañosa que destruyó el calendario del fútbol chileno. Menos de 24 horas antes de enfrentar a Unión Calera, los dirigentes de la U, es decir “él” dirigente de la U, denunció a Melipilla ante el tribunal de penalidades por dobles inscripciones entre otras cosas. Misma denuncia anónima que ya había sido desechada por el oficial de cumplimiento del organismo.

La U se salvó en la cancha, pero su hoy socio del alma, Huachipato, no. Entonces el club con el presidente más marciano que haya tenido el fútbol chileno (ni Ray Bradbury), Victoriano Cerda, tomó la posta de la denuncia y sumó a todos los clubes que estuvieron en la elección contra Pablo Milad para que lo secundaran. La gran mayoría, oh sorpresa, manejado por empresarios argentinos de jugadores. De pasada perjudicaron abiertamente a Curicó y Copiapó que debían jugar la promoción estos días. En el aire, ambas instituciones no saben cuándo se hacen los partidos, si es que se hacen, y para qué categoría deberán conformar sus planteles 2022. Un desastre.

Victoriano y sus marcianos han provocado el mayor desbarajuste desde que la dupla Rolando Molina-Ambrosio Rodríguez casi hiciera desaparecer el fútbol chileno en 1984. Es un prontuario: golpe de estado contra Sebastián Moreno el 2019, intento de cerrar la temporada en marzo del 2020 por la pandemia (querían finiquitar a todos los jugadores y no jugar el campeonato), sistema de puntaje 60-40 para el campeonato pasado y ahora se unen para evitar el descenso de Huachipato aunque ello signifique despedazar la programación y los tiempos de trabajo de los clubes. Y eso que todavía no se arriman a la presidencia de la ANFP. Cuando ello ocurra, la Guerra de los Mundos de H.G. Wells parecerá una novela romántica al lado de lo que ocurrirá en el fútbol chileno.

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