Por Pablo AllardLa hora de la filantropía

En momentos en que la cultura se ve amenazada por la incertidumbre presupuestaria, surgen señales esperanzadoras desde la filantropía. Con nuevos museos y recuperación de espacios culturales que contrastan con la paralización de las obras del gran auditorio del GAM, y auguran un ecosistema cultural más sostenible y menos dependiente del Estado.
El museo de arte contemporáneo NUMU, impulsado por la Fundación Engel, con una inversión de US$ 25 millones avanza sus obras en el Parque Bicentenario de Vitacura. Financiado mayoritariamente por iniciativa privada y apoyo municipal, ejemplifica una gobernanza donde actores públicos, filantrópicos y privados convergen en un mismo propósito urbano y social. En regiones destaca el Museo del Migrante, en el Cerro Concepción de Valparaíso. Una iniciativa filantrópica de la familia Dib Gorke, que demuestra que las personas y empresas pueden y deben jugar un rol decisivo, ofreciendo espacios de memoria, reflexión y esperanza.
Desde una perspectiva más modesta, el Museo Violeta Parra recibió una inversión de cerca de US$ 1 millón proveniente del seguro contratado antes de ser brutalmente destruido por la primera línea del estallido. Iniciando su rehabilitación en noviembre de 2025, y volviendo a funcionar -con sus cicatrices visibles- durante este año. Si bien le falta mucho para volver a brillar como antes, o completar el proyecto original, la previsión y gestión público-privada permitieron reactivar la memoria cultural de nuestra gran artista.
Estos casos ofrecen un contraste poderoso. La cultura no se sostiene solo con decretos ni con impuestos: requiere corresponsabilidad. Filantropía comprometida, incentivos al capital privado, fondos patrimoniales y cooperación público-privada son esenciales para subsanar vacíos, mitigar riesgos presupuestarios y ampliar el alcance territorial de la cultura.
La paralización del gran auditorio del GAM es una señal clara de que depender exclusivamente del Estado ha limitado la capacidad de ejecución de proyectos cruciales y sostenidos en el tiempo. Esto fue necesario para no drenar los pocos recursos disponibles o detener nuevos proyectos de archivos y museos regionales, que podrían ser tan relevantes como el nuevo Museo Regional de Atacama. Edificio premiado por su arquitectura, financiado con FNDR y el Ministerio de Cultura, que busca descentralizar el acceso cultural y rescatar la identidad regional. Perseverar con el GAM solo con financiamiento público, en las actuales condiciones, habría postergado proyectos similares en todo el país.
Estos ejemplos demuestran que estamos preparados para construir cultura con responsabilidad compartida, empleando cada peso –sea público o privado– con sentido estratégico. Esta puede ser una gran oportunidad para La Moneda: aprovechar los incentivos del Proyecto de Reconstrucción Nacional y la Nueva Ley de Patrimonio, generando las condiciones para que, dentro de este gobierno, se pueda concurrir con financiamiento público y privado para terminar las obras inconclusas del GAM y similares. El desafío es institucionalizar este modelo, para que la filantropía vaya más allá de proyectos aislados.
Por Pablo Allard, decano Facultad de Arquitectura UDD
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