Por Joaquín TrujilloLa paz de Manuel Rojas

Un hermoso libro sobre su padre, el gran escritor chileno Manuel Rojas, es el que acaba de publicar su hija menor, Paz Rojas Baeza, camino a los cien años de edad: “Manuel, una vida con mi padre”.
Se trata de un documento histórico de la clase media chilena de inspiración progresista, por el que desfilan personalidades de nuestra época reciente.
Hijo de padre chileno, Manuel Rojas nació en Argentina por el año 1896. Llegó a cuarta preparatoria y el resto fue formación autodidacta. Después de desempeñarse en los oficios más variados, se ocupó de la imprenta de la Universidad de Chile, donde estuvo vinculado a la publicación de los Anales.
La prosa de Rojas es de las más extraordinarias de habla hispana en el siglo XX, equivalente a la de Joyce o Faulkner en lengua inglesa. Su reconocido cuento “El vaso de leche” es una obra maestra sobre los asuntos más complejos de la naturaleza humana. Un hombre digno, hambriento y sin dinero, compra un vaso de leche. La mujer que se lo vende, le ofrece otro, y sin recriminárselo, transforma ese intercambio comercial en un regalo.
En la casa de mi padre, mi abuelo paterno —jefe de máquinas de la marina mercante— acumuló una importante biblioteca de la mejor literatura europea y norteamericana. Él, que apenas tragaba la chilena o latinoamericana, recitaba de memoria esos descarnados poemas de Carlos Pezoa Véliz y leía a Manuel Rojas.
Porque Rojas tuvo esa connotación de joya de la corona de la clase meritocrática chilena. Cuando recibió el Premio Nacional de Literatura en 1957, muchos lo celebraron más que el Nobel de Neruda en 1971.
Su hija lo muestra en distintas facetas. Es muy importante la del buen padre de familia: disciplinado en el trabajo, metódico del hogar. Chilenos de esa raza severa que jamás abrazaba a sus hijos, pero les entregaba el cariño de las palabras, los cuentos orales, el alto afecto.
En este libro Rojas comparece ante el tribunal de su hija, que es una Cordelia: una hija menor crítica, pero leal. Tal cual ocurre en la trama de las mujeres de Rojas, que me llamó la atención por el tino con que la autora la abordó. María Luisa Baeza, poeta y profesora, la primera, falleció en 1936. A principios de la década posterior, Rojas se casó con Valerie López Edwards, una madrastra estricta y justa que contribuyó a un genuino aburguesamiento de los Rojas Baeza.
Cuando el escritor viajó a Estados Unidos, sin embargo, se ligó con una estudiante, por la que dejó a Valerita, y con la que se casó en México. Con toda delicadeza, Paz le hizo notar sus discrepancias. ¡Sutil y sublime defensora de una exmadrastra!
Y es que el buen juicio de las nuevas generaciones es fundamental para que la humanidad se conserve. Como en esa escena final de “Las uvas de la ira”, de John Steinbeck, en la que una mujer amamanta a un pobre viejo, ese símbolo que es el vaso de leche va mutando a través de los siglos, sugiriéndole a nuestra especie: todo consiste en saber el cuándo, en ser prudente (jurisprudente, dirían los romanos). Es la paz que también hace justicia.
Por Joaquín Trujillo, investigador del CEP
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