Opinión

Lo que los niños dicen

LUIS SERGIO

Los resultados de la Encuesta Nacional de Bienestar Subjetivo realizada por el Servicio de Protección y la Universidad del Desarrollo -primera medición representativa a nivel nacional en su tipo, aplicada a 1.477 niños, niñas y adolescentes entre 10 y 18 años- entregan información valiosa para comprender cómo están quienes forman parte del sistema de protección y, al mismo tiempo, evidencian desafíos que no podemos ignorar. Les preguntamos directamente cómo evalúan su propia vida. No desde la mirada de los adultos, sino desde lo que ellos mismos sienten y expresan.

La buena noticia es que, en términos generales, el bienestar es moderadamente favorable. Y destaca, además, que los niños y niñas que viven en familias de acogida reportan significativamente mayores niveles de bienestar que quienes viven en residencias, reforzando la evidencia sobre el efecto protector del cuidado familiar.

Los datos también revelan algo igualmente importante: el bienestar no se distribuye de manera uniforme. La edad y el sexo muestran diferencias significativas: las adolescentes presentan menores niveles de satisfacción con la vida, afectos positivos y bienestar psicológico que los hombres, mientras que los jóvenes de 16 a 18 años concentran los indicadores más bajos. Entre ellos, las mujeres que viven en residencias reúnen la mayor cantidad de factores de riesgo.

La soledad emerge como el principal factor que afecta el bienestar, incluso por sobre variables socioeconómicas. La ausencia de vínculos significativos y la percepción de estar solos tienen un impacto profundo en cómo los niños, niñas y adolescentes evalúan su calidad de vida.

Frente a estos antecedentes, hay un dato que debería leerse como una oportunidad. La experiencia en los programas obtiene la evaluación más alta de la encuesta, con un promedio de 8,6 sobre 10. Los niños y adolescentes valoran la atención recibida y la relación con los equipos que los acompañan, confirmando que el vínculo es una herramienta fundamental para favorecer su bienestar.

Lo que esta encuesta inaugura es tan importante como lo que revela, la evidencia parte de las voces de los propios niños, niñas y adolescentes. Este es un cambio de paradigma y los datos nos muestran que cuando el sistema funciona bien -cuando hay vínculos, cuando hay familias, cuando hay profesionales que se preocupan- los niños y adolescentes lo sienten. El desafío ahora es extender esa experiencia a quienes todavía no la tienen, con la certeza de que es posible hacerlo mejor y con la evidencia necesaria para saber cómo.

Por Claudio Castillo, director nacional Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia.

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