Por Constanza PalmaLa bióloga marina que usa inteligencia artificial para proteger a las ballenas
Bajo el mar, donde la luz desaparece a pocos metros de profundidad, el sonido permite entender lo que ocurre bajo la superficie. Ese principio guía el trabajo de la bióloga marina Marcela Ruiz, quien desde Valdivia desarrolla tecnología para proteger a las ballenas y hacer más sostenible la actividad marítima.

La relación de Marcela Ruiz con la naturaleza comenzó en la infancia. Creció en Valdivia, una ciudad rodeada de ríos, bosques y una enorme riqueza natural, donde aprendió a observar el mundo con curiosidad. “Desde niña siempre quise entender cómo funcionaban las cosas. Tenía ese bichito científico, como de exploradora”, recuerda. Esa forma de mirar la llevó a dedicar su vida a uno de los territorios más desconocidos del planeta: el océano. Aunque cubre gran parte de la Tierra, mucho de lo que ocurre bajo sus aguas sigue siendo un misterio. Es justamente esa inmensidad por descubrir la que ha guiado su trayectoria.
Bióloga marina de la Universidad Austral de Chile, Marcela Ruiz es la directora de Acústica Marina, una empresa de base científica tecnológica nacida en Valdivia en 2020, que desarrolla sistemas de medición, control y vigilancia acústica para detectar lo que ocurre bajo la superficie. “Nosotros hacemos hardware y software con inteligencia artificial para capturar estos sonidos en el mar y para entender qué hay ahí debajo”, explica. Su trabajo permite identificar presencia de fauna, embarcaciones, actividad sísmica y otros eventos que no siempre pueden observarse con cámaras o satélites.
Salvando ballenas
“El mar es un medio súper oscuro. A los pocos metros de profundidad se pierde la luz, por lo tanto todo lo que pasa en el fondo se puede capturar a través del sonido”, explica. Con esa lógica, la empresa desarrolla boyas que se instalan en medio del océano y sistemas que recolectan ondas acústicas, las procesan con modelos de inteligencia artificial y activan alertas cuando detectan, por ejemplo, la presencia de ballenas cerca de rutas de navegación. “El dashboard te avisa cuando hay presencia y esa esa alerta va directo a la embarcación”, detalla.
El objetivo es evitar colisiones entre embarcaciones y cetáceos, un problema que en nuestro país tiene especial gravedad. Tal como lo demostró un estudio publicado en abril del 2025 en la revista Marine Policy, Chile es el país con la mayor tasa de mortalidad de ballenas por colisiones con embarcaciones a nivel mundial durante la última década, con un promedio de cinco muertes anuales.
Marcela plantea que el país no solo enfrenta un desafío ambiental, sino también productivo. “Somos un país costero, tenemos puertos, barcos que recalan en los puertos, pescadores, acuicultura y astilleros. Entonces, nosotros no podemos pretender que eso va a dejar de pasar; al revés, va a crecer”, señala. Por eso, cree que la solución no pasa por frenar la actividad marítima, sino por hacerla más inteligente y sostenible.

“Yo me fui al desarrollo tecnológico porque estoy en la vereda de la solución”, afirma. Para ella, el desafío ya no es solo comprender lo que ocurre bajo el agua, sino convertir ese conocimiento en herramientas capaces de generar un impacto real. “La solución es disponibilizar tecnología para que la industria sea más sostenible”, plantea, convencida de que la ciencia y la innovación deben trabajar de la mano para construir una relación más responsable con el mar.
Sin embargo, el trabajo de Acústica Marina va mucho más allá de las ballenas. La empresa también desarrolla sistemas para recopilar datos oceanográficos y meteorológicos, monitorear el ruido que emiten las embarcaciones —una exigencia impulsada por directrices de la Organización Marítima Internacional— y detectar otras especies marinas. “Es una tecnología dual”, explica Ruiz. “Le sirve a la industria porque puede tener datos in situ para su operación, pero además le sirve a la defensa, a la seguridad marítima y también al mundo de la conservación”.
Emprender desde la ciencia
La historia de Acústica Marina también es la de una fundadora que ha transitado entre la investigación, la gestión y el emprendimiento. Antes de crear la empresa, Marcela ya había liderado proyectos, conseguido financiamiento, formado equipos e impulsado iniciativas desde la universidad. “Siempre he transitado desde la idea hasta hacerlo, pasando por la gestión y por la evaluación de proyectos”, resume.
Ese liderazgo también ha significado abrirse camino en un mundo donde la ciencia, la tecnología y la innovación siguen estando mayoritariamente lideradas por hombres. “Los jefes de instituto y quienes llevan los financiamientos de los proyectos grandes, principalmente son hombres”, señala. Sin embargo, cree que su forma de enfrentar esos espacios ha sido clave. “Yo soy muy frontal, muy de no quedarme callada, de decir lo que pienso. Yo no me achico”.
Hoy su mirada está puesta en el largo plazo. Imagina un océano mucho más monitoreado y un país con mayor capacidad tecnológica para gestionar sus costas. “Sabemos que con los datos es la única forma de tener un manejo efectivo de los océanos”, afirma. A su juicio, ese sigue siendo uno de los grandes desafíos de Chile: “Hoy día no tiene ninguna operatividad ni de su política nacional oceánica ni de las áreas de manejo, porque no tiene tecnología”.

Esa convicción también marca el rumbo de Acústica Marina. El objetivo es instalar más equipos en el mar, generar información y aportar a que la actividad marítima, la conservación y las políticas públicas avancen en la misma dirección. “Ahí es donde queremos estar, desde la vereda del desarrollo tecnológico para el monitoreo de los océanos y con eso entregar una herramienta de sostenibilidad”.
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