Opinión

¿Oposiciones?

Desde el fin del largo ciclo de la Concertación en el poder, Chile ha vivido una realidad inédita, algo no ocurrido nunca en todo el siglo XX: tres triunfos de la derecha en elecciones presidenciales en apenas quince años (Piñera 2010 y 2017, Kast 2025).

El 2010 la centroizquierda tomó la insólita decisión de dejar de existir. Renegó de su legado y aceptó que el PC y luego el movimiento estudiantil reescribieran la historia: en sus dos décadas en La Moneda sólo habían administrado “el modelo” y la institucionalidad de la dictadura. El 2011 la generación que hoy gobierna impuso una agenda de cambios refundacionales y la centroizquierda la aceptó sin objeciones. La expresidenta Bachelet, emblema del sector autoflagelante, accedió a una nueva candidatura presidencial, pero a condición de una nueva alianza política que incluyera al PC y acogiera la agenda de transformaciones exigida por los estudiantes.

Hubo un acta de nacimiento: Bachelet fue presentadora del libro “El otro modelo”, redactado por intelectuales de izquierda. Esa acta de nacimiento fue también de defunción; el gobierno de la Nueva Mayoría llevará adelante reformas que buscan dejar atrás el país construido desde el retorno a la democracia: una reforma tributaria que debilitó la inversión; un cambio al sistema electoral que fragmentó la representación parlamentaria; transformaciones educacionales que no mejoraron la calidad del sistema público y, finalmente, el inicio del proceso constituyente, que concluye con una propuesta en manos del Congreso y que el segundo gobierno de Piñera decide olvidar en un cajón.

Hasta octubre de 2019, cuando la violencia política pone al país de rodillas y el proceso constituyente se impone por “la vía de los hechos”. En el gobierno de Gabriel Boric termina de redactarse la propuesta constitucional del oficialismo (incluida la DC), y los chilenos finalmente pudimos entender qué eran realmente la nueva institucionalidad y “el otro modelo” ofrecidos por la centroizquierda. La propuesta fue rechazada por el 62% de los ciudadanos y respaldada por un 38%.

A ese mundo que desde 2010 venía soñando con una nueva Constitución y con “otro modelo”, que apoyó con entusiasmo el estallido y sus secuelas, que votó a favor de la propuesta de la Convención y en la última elección quiso que hubiera una Presidenta comunista, a ese mundo ha pertenecido la centroizquierda por derecho propio y bien ganado. Un sector que ya no es ni la sombra de lo que fue, ahora dice que, desde marzo, ellos encarnarán una oposición distinta e independiente del PC y del FA. Como si pudieran resucitar después de quince años trabajando por su defunción; cuando el PPD y la DC son apenas partidos del 4%, el PS de un 6% y el PR no cruzó siquiera el umbral de la legalidad. Cuando la centroizquierda no tiene ya posibilidad alguna de volver a ser mayoría sin aquellos que han hecho todos los esfuerzos por destruirla, ellos dicen haber descubierto al fin que representan algo diferente. Parece broma.

Por Max Colodro, filósofo y analista político

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