Opinión

Plan para reemplazar el actual Transantiago


Aun cuando el actual Transantiago logró superar las escenas desoladoras de sus inicios, con largas esperas de pasajeros, buses atestados e indignación generalizada de los usuarios, el sistema -a pesar de los cuantiosos recursos que se deben inyectar anualmente, de los cambios en los sistemas de contratos y modificaciones en las mallas de recorridos- dista mucho de haber alcanzado niveles óptimos, y si transcurridos doce años de su puesta en marcha el objetivo de contar con un sistema de transporte público con altos estándares de calidad ya no se logró, es difícil suponer que ello ocurra en el futuro bajo el mismo modelo. El país debe abocarse a reemplazar este sistema por otro que descanse principalmente en la red de Metro, apoyado en superficie por un sistema eficiente de buses asignados por licitación.

Si bien Transantiago ha tenido aciertos como el sistema de pago a través de la tarjeta Bip!, y en general redujo sustancialmente las caóticas carreras de buses compitiendo por pasajeros, el sistema logra una calificación regular por parte de los usuarios -quienes le han puesto una nota de 4,5, según el último estudio de satisfacción de empresas operadoras-, y aún no se visualiza como una alternativa eficiente que desincentive el uso de vehículos particulares. Las validaciones en el sistema de buses han ido disminuyendo progresivamente, y en cambio han aumentado las de Metro, lo que parece reflejar inequívocamente que la red subterránea satisface mucho mejor los requerimientos de los usuarios.

El actual gobierno se ha propuesto como objetivo modificar completamente el actual Transantiago, que contemple integralmente distintos sistemas de transporte público, como Metro, buses, teleféricos, ferrocarriles y tranvías. En la búsqueda de mejores estándares, fue acertado haber suspendido la licitación diseñada bajo la anterior administración para renovar el 50% de la flota, y haberla reemplazado por nuevas bases que contemplan cambios en las zonas de concesión, entre otras mejoras. Es un paso que resulta coherente con la necesidad de introducir mayores espacios de eficiencia, y así evitar que el sistema quede cooptado por pocos operadores, facilitando su reemplazo en caso de incumplir con el servicio requerido.

Pero probablemente el eje más importante del plan anunciado por esta administración es el objetivo de expandir sustancialmente la actual extensión de la red de Metro, con la construcción de las líneas 7, 8 y 9, además de la ampliación de otras líneas ya existentes. En la medida que Metro pase a ser la columna vertebral del sistema de transporte capitalino será posible satisfacer mucho mejor las necesidades de transporte público en una región extensa que obliga a largos desplazamientos. Sus habitantes percibirán también que los cuantiosos subsidios -que ya alcanzan los US$ 800 millones por año- aparecerán mejor justificados.
Como estos cambios tomarán más de una década, es imprescindible que estos planes a tan largo plazo estén técnicamente bien consensuados, de tal manera que puedan ser continuados por los distintos gobiernos.

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