Opinión

Voto de castigo y paliza electoral en Brasil

[e]LUCIO TAVORA

La celebración de la primera vuelta de las elecciones generales en Brasil confirma lo sucedido en toda Latinoamérica desde el año pasado: una victoria significativa de la derecha. En el caso específico de Brasil, se trata de un triunfo de la derecha radical, que hace muy poco tiempo puso en riesgo la democracia del país, tal como se evidenció con los traumáticos sucesos del 8 de enero de 2023 contra la sede de los tres poderes de la República, en Brasilia.

El Brasil que surge de las urnas revela una sociedad de valores conservadores, apegada a una visión tradicional de la familia, reacia a las agendas identitarias impulsadas por la izquierda, partidaria de una mayor firmeza para afrontar los retos de la seguridad pública y, en gran medida, ajena al empeño del gobierno de Lula por reforzar los derechos laborales clásicos.

Lo que impulsó la candidatura del senador Flávio Bolsonaro en la primera vuelta no fue la élite económica de Sao Paulo o Río de Janeiro, sino la llamada “clase C” de los centros urbanos; un sector que ya ha superado el drama de la pobreza y el hambre y que busca seguir ascendiendo, no como empleado de medianas o grandes empresas, sino como emprendedor que no desea trabajar para ningún patrón, aunque sea como conductor de aplicaciones. Lula y el Partido de los Trabajadores no supieron calibrar este cambio en la sociedad brasileña ni el deseo de un nuevo modelo de Estado con menos regulación y burocracia.

En la votación para el Congreso, los partidos de derecha propinaron una verdadera paliza electoral, marcada por una expansión brutal del Partido Liberal de Flávio Bolsonaro, que pasó de 9 a 28 senadores y de 97 a 121 diputados federales, un récord histórico desde el retorno a la democracia. Naturalmente, no constituyen una mayoría absoluta, pero sí, con diferencia, el grupo parlamentario más grande y que, junto con otros partidos de derecha y del llamado “centrão”, podrían alcanzar mayorías cómodas, incluso para reformar la Constitución de 1988.

Aún queda la segunda vuelta, programada para el 25 de octubre, pero en ninguna elección desde el fin de la dictadura militar un candidato que llegaba en desventaja a la segunda vuelta logró revertir el resultado final. Para Lula se hace muy difícil.

Por Paulo Velasco, doctor en Ciencias Políticas y profesor asociado de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

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