Por Max ColodroZafarrancho

El Presidente Kast hizo lo que tenía que hacer: aprovechar el momento de la instalación del nuevo gobierno para dar una señal potente de cambio en el estilo de gestión y fijar con rapidez su agenda de prioridades; también, no dejar pasar el momento crítico que vive la oposición luego de una derrota histórica de la cual todavía no empieza a sacar lecciones. Estos primeros días han sido de ensueño para las nuevas autoridades, mostrando un notable despliegue de iniciativas y marcando un contraste enorme con una oposición sin rumbo. Pero, hay que tenerlo claro, el ensueño va a durar poco.
Ya esta semana, el Ejecutivo deberá hacer frente a su primer gran imprevisto: el alza del precio del petróleo y la necesidad de hacer correcciones en el mecanismo de estabilización del mismo. Un asunto que no estaba en su planificación inicial, pero que se enmarca en el esfuerzo de ajuste fiscal. La decisión que tome la autoridad será sin duda la primera señal respecto de hasta dónde está dispuesta a llegar en este compromiso, un equilibrio nada fácil entre el anhelo de retomar la responsabilidad en el uso de los recursos públicos y el frío realismo político. Pocas cosas podrían dañar más la base de sustentación de un gobierno que recién se inicia que equivocarse en el cálculo de dicha ecuación.
La imagen de una autoridad proactiva, que toma las riendas del país y tiene un diagnóstico claro sobre los problemas ha sido un acierto político, pero también tiene sus bemoles. Este ritmo frenético y su correlato comunicacional son insostenibles a mediano plazo; un gobierno de emergencia puede ser un buen marco normativo, pero más temprano que tarde la opinión pública va a requerir dejar atrás el vértigo y retomar cierta normalidad. El Ejecutivo tampoco puede tener indefinidamente todos los flancos abiertos, debe dar un orden a sus prioridades, teniendo claro que no puede seguir alimentando expectativas de resultados rápidos en todas las áreas.
Por último, el mar de fondo: la oposición hoy está en la lona, pero sigue teniendo un piso irreductible en torno al 35% de respaldo. No es poco como punto de partida para un sector político que sabe sacar provecho de las frustraciones que la realidad política impone, más aún cuando las expectativas han sido peligrosamente sobrealimentadas. La polarización sigue siendo el rasgo distintivo del ciclo político y si hay un sector que sabe capitalizarla es la izquierda. Su experiencia en rearticular a los movimientos sociales, instalar nuevas demandas y darle un horizonte de sentido a la rabia son elementos con los que el nuevo gobierno tendrá que empezar a lidiar en breve.
El gobierno y el Presidente Kast han tenido sin duda un buen comienzo, con señales de cambio de mano y de proactividad valiosas. Pero la luna de miel está condenada a terminar y el principal desafío de las nuevas autoridades es tener un diseño político claro y realista, para lo que inevitablemente deberá enfrentar. El gobierno de Kast no tiene margen para ser sorprendido.
Por Max Colodro, filósofo y analista político
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