¿El fin de los tatuajes de colores?




En el pasado los tatuajes eran símbolos de rebeldía, pero hoy son cada vez más las personas –de todas las edades– que se tatúan. En Europa, se trata de una cuarta parte de los adultos de entre 18 a 35 años, y en Estados Unidos, un tercio. En Chile, una encuesta de GfK Adimark determinó en 2017 que un 38% de las personas de 25 a 34 años tenían tatuajes. Se estima que esa cifra hoy sea mucho más alta.

Por eso algunos países están estableciendo o evaluando nuevas normativas para asegurar que este arte se desarrolle de manera segura. En enero, la Unión Europea puso en marcha una norma que cambia el panorama por completo y que prohíbe 4.000 sustancias químicas, como algunos colorantes que se utilizan habitualmente en las tintas para tatuajes. Esta norma también se aplica a las tintas que son importadas a la UE.

Con esto se busca disminuir los efectos graves para la salud, como las reacciones alérgicas y las infecciones en la piel, relacionadas con las tintas utilizadas para los tatuajes.

La medida no fue bien recibida por el rubro. Los proveedores de tintas y los artistas han tenido que encontrar alternativas legales y seguras para poder seguir tatuando en color. El problema se da especialmente con los pigmentos azules y verdes, para los cuales no hay alternativas, y que estarán prohibidas desde el próximo año.

Esto también podría generar un efecto dominó en Estados Unidos, donde la Administración de Alimentos y Medicamentos está evaluando alinearse con los reglamentos europeos. Y si bien la nueva normativa de la Unión Europea no tiene efectos inmediatos en Chile, también ha provocado una revisión en el rubro local.

En 2019, una investigación de la Universidad de Santiago de Chile codirigida por la químico farmacéutica Catalina Villalobos y el doctor en farmacología, Leonel Rojo Castillo, reveló una inexistencia de protocolos de regulación para los tatuadores en Chile, así como la ausencia de fiscalización para denunciar casos de reacción alérgica. Según Rojo, no hay ningún control en aduanas respecto a la importación de estos productos, a diferencia de lo que ocurre con los cosméticos, que son regulados por el ISP.

“Se pueden ingresar pigmentos tóxicos, cancerígenos, irritantes, o de manufactura sospechosa o desconocida y eso abre la posibilidad a que haya muchos efectos adversos”, asegura Rojo.

Entre los problemas más comunes, asegura, están las reacciones de hipersensibilidad e inflamación de la piel. A su vez, algunas tintas pueden degradarse dentro del organismo y producir daños internos, explica.

“La legislación europea es mucho más avanzada que la nuestra. Es un referente para el futuro, debería existir un cambio en la legislación”, dice Rojo.

A la hora de tatuarse, el experto hace un llamado a averiguar y estar conscientes de los productos que se utilizarán. “La responsabilidad es del tatuador pero también de la persona que se tatúa”, dice.

Cuando se hace un tatuaje, parte de los pigmentos se quedan permanentemente en la piel, pero estos también pueden llegar a los ganglios linfáticos. La exposición al sol también puede generar riesgos, ya que los pigmentos pueden dividirse en nuevos compuestos potencialmente más tóxicos.

“La mayoría de las tintas aceptadas internacionalmente, de color negro, son naturales y casi siempre son aceptadas por el cuerpo. Muchas son de hollín y no traen muchas complicaciones”, asegura José Carrasco, socio del estudio Calavera. “Los colores están hechos de materiales químicos y algunos de ellos generan alergias, como es el caso del níquel. Muchas personas son alérgicas a este químico sin saberlo”, agrega y explica que estos químicos pueden producir alergias en capas más internas en la piel y complicaciones futuras, inclusive cáncer.

En febrero de 2020, el Sernac realizó un estudio sobre el contenido y rotulación de las tintas de tatuaje. Cuatro productos, correspondientes a tres marcas presentaron microorganismos que, al inyectarse en el cuerpo, podrían provocar infecciones y otras enfermedades en la piel. Y si bien algunos de estos productos contenían metales en cantidades permitidas por los estándares internacionales, algunos contenían Níquel sin advertirlo en su rotulación, lo que podría afectar a las personas alérgicas.

Carrasco asegura que en Chile hay una falta total de regulación sobre el tema, por lo que lo que sucede en Europa puede servir para marcar la pauta mundial. “Esto obligará a la industria de suministros a innovar en nuevas sustancias que permitan que ciertos colores se hagan menos dañino como son el azul y el verde”, dice.

Para formar Calavera tuvieron que acogerse a la regulación estadounidense para cumplir con los estándares internacionales y entregar un servicio de calidad. “Los clientes confían en el tatuador pero esa confianza es ciega porque no hay un ente regulatorio o una regulación del Minsal sobre cómo debería ser un estudio de tatuaje. Espero que un servicio que consume más del 20% de la población tenga su regulación como corresponde”, asegura.

La tatuadora Constanza Ballerines, de Love Studio Tatto, asegura estar muy consciente de esta situación. En su comunidad de tatuadores se discute diariamente sobre las tintas más seguras, los riesgos y los informes que se van actualizando sobre la materia. “Nosotros como tatuadores tenemos que ser responsables de las cosas que utilizamos”, dice. “En mi caso siempre elijo las tintas más seguras, certificadas, las que tienen menos riesgos”, agrega.

Al igual que Carrasco, las normas en Chile le parecen demasiado laxas. “Me parece bien que empiecen a regular las tintas y también a buscar opciones más seguras para la salud. Si la norma europea se hiciera en Chile, muchas personas se verían afectadas, sobre todo quienes utilizan color para tatuar”, dice.

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