Los "rostros-objeto" de Valérie Belin
Las fotografías de la francesa Valérie Belin llevan a un extremo el misterio que se oculta tras la apariencia física. En sus retratos, hieráticos y fríos, las personas aparecen despojadas de anécdota, reducidas a pura imagen, convertidas en objetos visuales sin contexto ni identidad. Su operación logra borrar la diferencia entre un rostro real y uno de maniquí: ambos son cáscaras vacías que solo pueden llenarse con la imaginación del observador.
Paula 1171. Sábado 11 de abril de 2015.
Las fotografías de la francesa Valérie Belin llevan a un extremo el misterio que se oculta tras la apariencia física. En sus retratos, hieráticos y fríos, las personas aparecen despojadas de anécdota, reducidas a pura imagen, convertidas en objetos visuales sin contexto ni identidad. Su operación logra borrar la diferencia entre un rostro real y uno de maniquí: ambos son cáscaras vacías que solo pueden llenarse con la imaginación del observador.
Cual cirujana estética, Valérie Belin afila su bisturí y retira todo accesorio de los personajes que ingresan al lente de su cámara. Lo que le interesa es desmontar los prejuicios culturales asociados a un cuerpo o a un rostro determinado, para que las imágenes se transformen en íconos suspendidos en el tiempo y ajenos al contexto, que se perciben sin otra consideración que sus características visuales. Para ello neutraliza al máximo la expresión de los rostros y hace que los signos asociados al medio cultural, la clase social, la edad o el género sexual se vuelvan ambiguos.
Valérie Belin nunca ha hecho fotografía documental, sino que ha usado la técnica fotográfica como un pintor utiliza la pintura. No registra situaciones de la realidad, sino que trabaja con las imágenes que han quedado fijadas en su propia memoria.
A partir de este archivo personal, elabora series de fotos de un mismo tipo que imprime a tamaños monumentales, superando la escala humana. Los suyos son rostros fríos, solemnes, ausentes, ya sea porque se ocultan sus sentimientos, porque miran al vacío o porque funcionan, simplemente, como estímulos visuales. "Estos rostros-objeto participan en una cierta ambigüedad existencial, ofreciéndose como máscaras", explica. "Lo mío es completamente inerte, sin ninguna expresión, son naturalezas muertas".
Desde mediados de los 90, Valérie Belin ha expuesto en los más prestigiosos museos y galerías de todo el mundo, como el Centre Georges Pompidou y el MoMa. Este último museo compró parte de su obra para su colección permanente.
En esta búsqueda, la fotógrafa ha realizado también experimentos con maniquíes cuya humanidad no difiere demasiado de los retratos de mujeres reales. También ha trabajado con fotografías encontradas, utilizando rostros femeninos de otras épocas (como mujeres de los años 50) que combina con otros elementos en collages de cuidada composición. Su postura estética está influenciada por el minimalismo norteamericano de los años 60 y 70, caracterizado por el reduccionismo formal y por la valoración de la experiencia directa que el espectador tiene ante la obra, entendida como imagen y presencia radical y no como símbolo o mensaje de otras ideas que se sitúan en una realidad externa a ella.
Autorretrato de la artista Valérie Belin.
"Mi trabajo se basa en un interés por una forma de abstracción en la fotografía", dice Belin. Sus fotos siempre utilizan un punto de vista frontal, neutro, que remite a la foto de carnet o pasaporte, donde todos aparecemos iguales. Nuestra biografía, nuestros intereses, nuestras opiniones quedan fuera de cuadro: toda la atención se concentra sobre la fisonomía del rostro, la marca visual que permite que seamos registrados y archivados, y que funciona del mismo modo que el dibujo abstracto de la huella digital. Al ser tan crudas e hiperrealistas, estas imágenes se vuelven irreales. Pero cuando lo humano está a punto de desaparecer es, precisamente, cuando puede aparecer. De este modo, la fotografía de Belin es un llamado a mirar las cosas en sí mismas y no a través del cedazo de nuestras informaciones y prejuicios.
un efecto que supera al rostro real. Lo que aparece es la piel sombría y luminosa, el contraste de blanco y negro que crea una simetría perfecta y plana".
Serie de rostros de mujeres negras: Cortesía de Galerie Nathalie Obadia, Paris/Brussels.
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