Por qué comemos más comida procesada y alta en azúcar en el encierro (y cómo dejar esos malos hábitos)

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En la década de los `50, el cirujano plástico de la Universidad de Columbia, Maxwell Maltz, llegó a la conclusión de que en 21 días se puede formar un nuevo hábito. Y es esta creencia la que ha llevado a los llamados coach u orientadores a crear programas de 21 días para lograr cambios tan variados como dejar de fumar, adoptar un deporte o dejar el alcohol.

La mayoría de las personas llevamos en aislamiento social de entre 15 y 30 días, por lo que si la teoría es efectiva, en muchos casos estamos creando nuevos hábitos que podrían ser difíciles de desarraigar cuando volvamos a salir como antes.

Hay quienes han adaptado conductas saludables como hacer ejercicios en la casa, mientras otros han aprendido cosas nuevas o se han dado cuenta de que podían vivir sin tanto delivery, cocinando con lo que tienen. Otros difícilmente van a poder cambiar las pantuflas o los zapatos tipo "Crocs" para volver al calzado "de exterior".

El problema es que un hábito que parece repetirse entre quienes se encuentran aislados es el consumo de comida chatarra o procesada, el cual ha ido en aumento desde que comenzó la crisis. En mi caso familiar, el consumo de quesos, galletas y harina aumentó considerablemente. Cuando empezamos a aislarnos, creímos que íbamos a gastar menos, pero la verdad es que con todo lo que le sumamos al carro, gastamos más.

No nos podemos quedar sin cerveza. Nunca tenemos bebidas, pero ahora tenemos una por si las moscas. Y todas las tardes, cuando termino de trabajar, le pregunto a mi hija qué quiere cocinar: queques, muffins, panqueques, lo que sea. Siempre se puede hacer algo, y ese algo usualmente me lo termino comiendo yo. Como estamos a veces tristes, a veces estresados y a veces ansiosos, buscamos confort en la nostalgia: las galletitas que comíamos cuando chicos, el pastel que me hacía nuestra mamá.

También están los hijos de padres que teletrabajan. Necesitamos tiempo tranquilos para terminar temprano, lo que muchas veces lleva a llenarlos de galletas y chocolates, más ahora con los huevitos que sobraron de Pascua. Pésimo, si tomamos en cuenta que, según el más reciente estudio Mapa Nutricional de la JUNAEB, más de la mitad de los niños en prekínder son obesos. El 60% llegando a quinto básico.

Todo esto es, por lo bajo, peligroso para la salud pública, considerando que en Chile el 74% de los adultos sufre sobrepeso y obesidad, situándonos como el país OCDE peor catalogado en este sentido. Pero es que si en condiciones normales solo un 15% de los chilenos consume la cantidad de frutas y verduras recomendadas por la OMS y el 28,3% toma la dosis recomendada de agua (ENS, 2017), ¿cómo podríamos esperar que estas cifras mejoren en medio de una pandemia que nos exige quedarnos en casa?

Entonces, supongamos que en uno o dos meses nuestras vidas nos exigen volver a lo rutinario. Tenemos que salir a trabajar, volver a casa por las tardes y retomar nuestras vidas como las dejamos cuando el coronavirus se volvió trending topic. ¿Podremos hacerlo? ¿Seremos las mismas personas que intentaban comer bien de lunes a viernes y que dejaban los pasteles para el fin de semana? ¿Las personas que no tomaban alcohol todas las noches con la excusa de la ansiedad? Y la pregunta más importante: ¿Queremos dejar estos malos hábitos en cuarentena o los vamos a llevar con nosotros?

Las buenas costumbres también van en alza

Comer chatarra no es el único hábito que se está adoptando en aislamiento o cuarentena. Debido al cierre de los gimnasios y las dudas que existen en torno a qué tan seguro es ejercitarse al aire libre, el deporte indoor se ha puesto de moda, incluso en personas que no estaban acostumbradas a ejercitarse periódicamente.

Entre el boom de "en vivos" que se transmiten diariamente en Instagram y Facebook, destacan las cuentas de marcas deportivas, entrenadores personales y profesores de educación física, quienes semanalmente transmiten rutinas para motivar a sus seguidores.

Incluso, algunos gimnasios están llevando sus clases o variaciones de estas, a la web, como es el caso de KO, BeCycle y O2, por nombrar algunos. Existen planes gratuitos y planes pagados, como es el caso de las clases online de Berni Allen y Agustina Valenzuela, mientras que hay casos intermedios, como el caso de No pares de bailar urban fitness, donde se pueden hacer las clases de forma gratuita o mediante una colaboración voluntaria.

Un informe de la Cámara de Comercio de Santiago dio cuenta de que las ventas por internet aumentaron en un 119% en marzo de este año en relación a 2019, y los artículos más solicitados fueron los electrodomésticos y aquellos relacionados con el cuidado personal.

Las tiendas deportivas, en tanto, dan cuenta de hasta un 800% de aumento en las ventas, siendo los artículos más cotizados las trotadoras, cuyos precios pueden superar el millón de pesos. Según Google, en Chile la búsqueda del término "trotadora" ha ido aumentando constantemente desde comienzos de marzo, llegando a un peak a mediados de abril. Lo mismo con "ejercicios en casa", cuya búsqueda de triplicó en comparación con su último punto más alto, en diciembre del año pasado.

En medio de la crisis mundial provocada por el coronavirus, la mayoría de las personas han visto sus vidas cambiar de una u otra manera. Mientras algunos sufren por la ansiedad y tienden a comer más consumiendo productos de peor calidad, otros intentan que los días pasen más rápido haciendo ejercicio en casa, incluso si antes el deporte no formaba parte importante de sus vidas. Sea cual sea el caso, estos nuevos hábitos podrían seguirnos una vez terminado el encierro o puede que se queden en casa.

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