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Tasas negativas: La política monetaria de moda que genera controversias

Si para salir de la crisis el relajamiento cuantitativo fue la herramienta de política monetaria a la que acudieron los grandes bancos centrales, la situación actual ha puesto en la primera línea de la discusión a las tasas negativas de interés. El Banco Central Europeo y Japón, además de Dinamarca y Suecia, ya las implementaron, movimiento que miran con atención desde la Reserva Federal, aunque sin conocerse sus efectos a largo plazo, ya son varios los que encienden las alarmas cuestionando su efectividad.

“En principio, las tasas en territorio negativo deben impulsar el crecimiento y la inflación. Pero los bancos centrales no han comunicado estos beneficios con claridad, y la manera vacilante en la que han sido introducidas ha minado la confianza, aumentando el riesgo de que hagan más mal que bien”, explica Michael Pearce, economista global de Capital Economics.

En efecto, esta herramienta responde a que la liquidez liberada por estos mismos organismos no está llegando a la actividad económica, debido a que los bancos han preferido guardar el dinero. De esta manera, “la tasa negativa incentiva a los bancos a sacar la liquidez de las reservas del banco central, porque tienen que pagar si las dejan ahí, y las tienen que reubicar en el sistema financiero, mediante créditos con bajas tasas a consumidores y empresas que hagan circular el dinero, haciendo que la actividad económica crezca y que la inflación aumente”, explica José Giraz, analista de mercados de xDirect.

Así, el Banco Central Europeo decidió en junio de 2014 pasar su tasa a terreno negativo hasta quedar en el actual -0,3%, mientras que el martes el Banco de Japón hizo lo propio y la dejó en -0,1%.

Las dudas surgen debido a que el efecto esperado de esta política monetaria no convencional no es directo y no cuenta con precedentes que entreguen certezas de que se vaya a conseguir el objetivo.

Los primeros cuestionamientos guardan relación con el impacto en el sistema bancario. “Las tasas de depósito negativas del banco central, combinadas con excesiva liquidez en el sector bancario, son en realidad un impuesto sobre los bancos. A menudo los bancos no puedes traspasar las tasas negativas a sus clientes. Si, como en Europa, el sistema financiero está dominado por las finanzas de los bancos, esto podría en última instancia tener el efecto opuesto al buscado por el banco central”, señaló a PULSO el economista jefe de ING, Peter Vanden Houte.

Asimismo, Peter Chatwell, jefe de estrategia de tasas para Europa de Mizuho, plantea que “las tasas negativas están dañando las ganancias de los bancos europeos y, por lo tanto, la transmisión de la política monetaria está empeorando”. Además postula otra dificultad, que tiene que ver con la consecución del objetivo de esta política. “La tasa de depósito negativa del BCE no se está pasando a los depositantes reales, debido a que el sistema bancario no está dispuesto a cobrar a los clientes por los depósitos”.

Algo similar indica Gustavo Domínguez, director de estrategia de AdCap, quien puntualiza que “los bancos centrales están dándose cuenta de que la tasa de interés negativa puede no llegar a tener todo el efecto deseado porque hay un paso intermedio entre depositar dinero en el banco a tasa negativa e invertir o gastar el dinero: mantener cash debajo del colchón. Las tasas negativas no implican inmediatamente que los agentes económicos, consumidores o empresas, generen consumo o inversión y reactiven la economía. Entre las alternativas está el quedarse con el efectivo o comprar oro”.

Las otras preocupaciones son más sistémicas. Pearce considera que las tasas negativas pueden ser “el nuevo frente para la inútil guerra de divisas”, ya que “un tipo de cambio más débil es el canal fundamental a través del cual pueden operar las tasas negativas”. Por otra parte, subraya que el temor fundamental radica en que esta política ha generado la sensación de que la economía mundial se desacelera y que las autoridades se están quedando sin herramientas.

Así también lo plantea Ken Goldstein, economista de The Conference Board. “Nunca es buena idea dejar las tasas de interés bajo cero. Pero en el contexto actual, con política fiscal invisible, a los bancos centrales no les ha quedado otra opción”, consigna.

Pese a esto, en Capital Economics sostienen que “seguimos pensando que las tasas de política negativas resultarán eficaces para ayudar a elevar el crecimiento y la inflación”, aunque dudan que estos beneficios se sostengan si se continúan endureciendo las condiciones financieras en medio de las turbulencias en los mercados internacionales.

Por su parte, Giraz afirma que “puede que no sea tan efectiva en término de incentivo al crecimiento económico, pero sí lo son en el caso de la deflación”.

En cuanto a la posibilidad de que la Fed siga los pasos de sus pares europeos y japoneses, la mayoría de los analistas lo ve difícil. Goldstein plantea que el central estadounidense todavía podría acudir al relajamiento cuantitativo o a la devaluación si es que se llega a ver en aprietos, mientras que Domínguez asegura que para que la Reserva Federal llegue a ese punto “tendría que admitir que se equivocó al subir la tasa de interés en diciembre y que la fortaleza de la economía no era tal, lo que dañaría significativamente su reputación”.

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