Las escolares que crearon ladrillos con almejas y ahora quieren patentar su invento

El innovador emprendimiento logró la tercera posición en el Congreso Regional Escolar de la Ciencia y la Tecnología Explora de Conicyt.


Utilizando almejas marinas recolectadas en playas del país, alumnas del Liceo Los Almendros de La Florida, en Santiago, crearon un innovador ladrillo, de alta resistencia, ecológico e impermeable.

El ladrillo fue creado por tres alumnas del establecimiento y logró la tercera posición en el 13° Congreso Regional Escolar de la Ciencia y la Tecnología Explora de Conicyt y la Universidad de Chile, realizado la semana pasada en Concepción.

“En un futuro, perfectamente se podrían hacer construcciones en el norte del país, ya que al ser un ladrillo blanco, no permite que se sobrecaliente el interior de una casa, lo que es un beneficio para la gente en el verano”, explica Marcel Fuenzalida, profesor de ciencias del Liceo Los Almendros de La Florida, que lideró el proyecto de sus alumnas.

Para su fabricación, las alumnas recolectaron conchas del molusco en diferentes playas, el que luego molieron para obtener una arenilla de la especie.

“Si el mar está malo para poder extraer recursos, se puede ir a la playa a sacar conchas, lo que no implica mayor riesgo y así es posible obtener material para hacer ladrillos con conchas marinas”, dice Fuenzalida.

“El proyecto nació porque habíamos postulado a un proyecto para ir a la Antártica pero, lamentablemente, no resultó. Y el profesor de ciencias nos contó lo de Explora de Conicyt y luego vimos cómo participar. Las conchas al ser desechos inorgánicos, en general, no se ocupan mucho y, al final de cuentas, afectan al planeta. No tienen un uso propio y quedan ahí, en la costa. Al usar las conchas a través de nuestro proyecto, no solo estamos cuidando el ecosistema, sino que le estamos dando un objetivo al material que se extrae del molusco”, explica Fernanda Quezada, quien cursa segundo medio en el Liceo Los Almendros y es una de las integrantes del equipo.

Según Quezada, lo que más costó fue el proceso de molienda. “Molimos las conchas a mano y en eso nos demoramos mucho; requería de mucho esfuerzo físico. Nos demoramos como tres semanas y, en ese tiempo, sacamos como tres kilos y medio de arenilla de conchas, con el cual se pueden construir los ladrillos”, dice.

 

Las almejas durante su proceso de molienda.

La alumna dice que por ahora seguirán perfeccionando el proceso, para luego poder patentarlo. “Me gustaría que se ocuparan los ladrillos para la construcción. Serían genial ver casas con nuestro producto. Vamos a trabajar para eso”, dice.



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