El hermano diputado de Bolaño
<p>El universo Bolaño sigue en expansión. En España acaba de ser lanzada su novela inédita, "El Tercer Reich". Y desde Querétaro, en México, León Enrique Bolaño, revela su desconocida relación con el novelista. Pese a que nunca se conocieron personalmente, este diputado de derecha fue el principal gestor del reencuentro entre el autor de "Los detectives salvajes" y su padre, tras 20 años sin hablarse. Aquí, los detalles de una historia escrita en base a llamadas telefónicas.</p>

A fines de los 90, los hermanos Roberto Bolaño Ávalos y León Bolaño Mendoza hablaban por teléfono. Mientras el primero, radicado en España, escribía de noche, al otro lado del Atlántico, en México, el segundo aprovechaba que era de día y lo llamaba. Eran conversaciones de hermanos, sobre las cosas que hablan los hermanos, pero con un detalle: jamás se vieron en persona. Hasta el día de su muerte, en julio de 2003, para León la imagen de Roberto siempre fue una voz, una voz al otro lado del océano que siempre hacía preguntas y poco contaba de sí mismo.
Que los hermanos Roberto y León hablaran largamente por teléfono sin conocerse, se explica así: luego de que los padres del novelista se separan, a mediados de los 70, Victoria Ávalos y sus hijos Roberto y Salomé se radicaron en España. En tanto, León Bolaño, empresario de transportes, se mantuvo en México, donde formó una nueva familia en la ciudad de Querétaro y tuvo tres hijos, el mayor de los cuales bautizó con su nombre.
Luego del quiebre de sus padres, el contacto entre León Bolaño y su hijo Roberto se hizo esporádico, hasta que un día de 1978 terminó acabándose por completo. Según una nota publicada por La Tercera en octubre de 2006, el total alejamiento habría sido motivado por la ayuda económica que Roberto requería de su padre en los tiempos de vacas flacas. "Pero una vez le pidió una cantidad fuerte y le dijo 'como adelanto de mi herencia'. Eso indignó a mi papá. 'Este cabrón piensa que ya me voy a morir', le dijo a mi mamá. Le mandó el dinero, pero nunca más le habló", contó León Enrique en esa oportunidad.
Cuando ocurrió esta discusión telefónica, León Enrique era un recién nacido. Desde siempre tuvo una imagen difusa de Roberto, aquel hermano mayor viviendo al otro lado del Atlántico: apenas algunas fotos y lo que podía contarle su padre. Eso, hasta cuando cumplió 21 años, en 1998, y decidió buscarlo, transformándose, de paso, en el principal gestor de la reconciliación entre padre e hijo tras dos décadas sin hablarse.
Roberto, paralelamente, había cumplido 45. Durante todo el tiempo que pasó no tuvo noticias de México, formó una familia y se transformó en un escritor reconocido, especialmente tras la publicación de su novela Los detectives salvajes y el Premio Rómulo Gallegos. Pero también, pensaba León Enrique, era ya un hombre lo suficientemente maduro como para aceptar reencontrarse con su padre después de tanto tiempo.
"Sentí que era importante que se acercaran… había pasado tanto tiempo que ni mi papá ni Roberto podían estar aún disgustados", cuenta León Enrique al teléfono desde México. Habla de su padre con cariño y profundo respeto. Es un hijo orgulloso de llevar su mismo nombre y no es indiferente a la historia de su primera familia. De hecho, él ha sido el principal difusor de los libros del novelista chileno entre los Bolaño de México. Pero también tenía una razón más personal para contactar a ese hermano perdido al otro lado del Atlántico: "Me ilusionaba la idea de contactar a Roberto. Sentía que era mi derecho conocerlo. Tanto él como yo sólo tuvimos hermanas; él, una y yo, dos, por lo que una relación de hombre a hombre entre hermanos siempre es bonita, ¿no?".
México, urgente
Hoy León Enrique Bolaño tiene 32 años y, tal como Roberto, nació en abril. Vive en Querétaro y desde los 18 es militante del Partido Acción Nacional (PAN), de derecha y actualmente en el gobierno. Es abogado de la Universidad Cuauhtémoc, magíster en Administración Pública y además tiene estudios en lenguas y letras. Desde 2007 es diputado por su distrito. Antes fue secretario del municipio y presidente regional de su partido. En una zona árida, una de las principales carencias de Querétaro es el agua, por lo que es habitual ver en la prensa local al diputado Bolaño dando peleas por este tema, especialmente por la urgente construcción de un nuevo acueducto para la ciudad.
"Me ilusionaba la idea de contactar a Roberto. Sentía que era mi derecho conocerlo. Tanto él como yo sólo tuvimos hermanas; él, una y yo, dos, por lo que una relación de hombre a hombre entre hermanos siempre es bonita, ¿no?" , dice el diputado mexicano León Enrique Bolaño.
Es en medio de esta ascendente carrera política cuando la búsqueda de Roberto, transformada ya en un asunto personal, logra materializarse: en 1999 León Enrique lee en internet una nota hecha a Roberto en su casa en Blanes, donde además se menciona la calle donde vive y otras referencias exactas. Con esos datos, intenta hallarlo a través de una operadora telefónica en España, sin embargo el número es privado. Entonces decide mandar un telegrama que, en lo central, le pide contactarse a México "URGENTE".
Aquella palabra tuvo efecto rápido: Roberto se comunicó de inmediato, preparándose, según contaría después, para que le dijeran que su padre había muerto. No imaginaba que sería él quien le iba a contestar el teléfono.
"Él esperaba una noticia mala, sin duda, pero resultó todo lo contrario. Aquella vez mi padre y él volvieron a hablar", cuenta León Enrique. "Desde entonces comenzamos a hablar nosotros, también. Roberto, en todo caso, no contaba mucho de sus cosas. Más le interesaba saber de cada uno de los Bolaño de México. ¿Sabes? Todo este rato he tratado de recordar más en detalle las cosas que hablábamos y realmente el que hablaba era yo. A él le gustaba por sobre todo escuchar".
León Enrique siempre le insistió a Roberto que fuera a México a visitar a su papá, pero él le decía que por razones de salud era difícil: "Acá desconocíamos la magnitud de su problema. Y en alguna ocasión posterior me comentó que pensaba venir a Monterrey a dar una conferencia".
Ésa era la oportunidad que tenía Roberto para pasar por Querétaro, pero no se concretó y los Bolaño debieron esperar hasta 2002 para hacer posible el reencuentro. Ese año, León Enrique trabajaba en el gobierno y destinó por completo el dinero de un aguinaldo para que sus padres, acompañados por su propia esposa, fueran a Europa.
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