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El riesgo que corren los astronautas de Artemis II en su viaje a la Luna

La misión Artemis II marca el histórico regreso a la Luna, pero expone a los astronautas a un riesgo clave: la radiación espacial, capaz de dañar el ADN y afectar la salud a corto y largo plazo.

El riesgo que corren los astronautas de Artemis II en su viaje a la Luna. Foto: NASA.

Un día histórico se vivió el 1 de abril de 2026, cuando la misión Artemis II de la NASA despegó hacia la Luna, un viaje que no se hacía desde hace más de 50 años —con Apolo 17— y cuyo objetivo era explorar el lado del satélite que la humanidad no conocía hasta ahora.

Fueron cuatro astronautas, entre ellos una mujer, quienes subieron a la nave que viajó a una distancia aproximada de 406.127 kilómetros de la Tierra. Así, se dio el primer paso importante para poder colonizar la Luna.

Pero además de los riesgos técnicos, operativos y de distancia, los humanos que viajan en el espacio están expuestos a distintos peligros: uno de ellos es la radiación, que puede alterar gravemente la función de las células del cuerpo.

Según explicó Alfonso Blázquez Castro, profesor del Departamento de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid, la radiación espacial puede venir del espacio galáctico e intergaláctico, pero también del Sol.

Los efectos negativos de esta radiación “son muy parecidos a los que ocurren por la radiactividad de explosiones atómicas o accidentes en reactores nucleares. Su interacción con las células supone graves alteraciones en su función”, escribió el especialista en un artículo de The Conversation.

El riesgo que corren los astronautas de Artemis II en su viaje a la Luna

Los riesgos de la radiación en los viajes al espacio

De acuerdo al biólogo, la radiación afecta al cuerpo al romper las moléculas de las células. Esto puede ser por su alta energía o porque la misma se disipa y “genera especies químicas muy reactivas en altas concentraciones”.

Es decir, la energía puede quebrar las moléculas de las células (como el ADN) o dejar energía suelta dentro de la célula, lo que genera sustancias reactivas que empiezan a dañarla.

Blázquez aseguró que estos cambios son graves: como las células pierden su función, pueden aparecer trastornos complejos en la persona expuesta y, en el peor escenario, la muerte. Se alteran distintos sistemas, como el sistema nervioso central o cardiovascular, entre otros.

El riesgo que corren los astronautas de Artemis II en su viaje a la Luna. Foto: NASA.

En esta línea, uno de los efectos más preocupantes de la radiación en el cuerpo es el daño del ADN, la molécula que aporta información para todas las funciones de la célula.

“A corto plazo, el daño puede provocar enfermedad o la muerte del individuo. A más largo plazo, puede suponer la pérdida crónica de distintas funciones o el desarrollo de cáncer”.

Esto no significa que cualquier astronauta que haga un viaje espacial será afectado sí o sí. “La gravedad del impacto va a depender de distintos factores, como el tipo concreto de partícula ionizante, la energía de cada una de ellas o el tiempo de exposición”.

Cuánta radiación aguanta el cuerpo humano

Para entender mejor el daño, el experto en biología explicó que la unidad de medida que se utiliza en estos casos es el sievert y el milisievert (su milésima parte).

Una dosis súbita de 5 o 6 sieverts puede provocar la muerte en pocos días. Y, por ejemplo, los trabajadores de vuelos comerciales pueden recibir una dosis anual máxima entre 1 y 2 milisieverts.

Ahora, en el espacio, la radiación es un poco más alta: “En las misiones Apolo, los astronautas recibieron una dosis de 0.5 a 3 milisievert cada día, con una duración de las misiones en torno una semana. Es decir, dosis totales de unos 10-20 milisieverts”.

“Por ahora, el seguimiento de la salud de los astronautas que han participado en anteriores misiones a la Luna no parece indicar que presenten mayor incidencia de cáncer o mayor mortalidad. Pero es cierto que se expusieron durante tiempos relativamente cortos (algo más de 12 días en el caso de la misión más larga, el Apolo 17)”.

El riesgo que corren los astronautas de Artemis II en su viaje a la Luna. Foto: NASA.

Pero un solo detalle podría haber cambiado completamente el escenario: “Si las misiones Apolo 16 y 17, que volaron en abril y diciembre de 1972, hubiesen tenido lugar en agosto de ese mismo año, la dosis de radiación hubiese sido letal debido a una erupción solar que tuvo lugar entonces”.

“A menudo, tales erupciones ocurren con muy poca advertencia previa”.

Por ello, la NASA y otras organizaciones involucradas en los viajes investigan y preparan a los astronautas para amortiguar el impacto de la radiación. Por ejemplo, eligen con cuidado los materiales que pueden actuar como barreras “para desviar o frenar parte de la radiación”.

Ahora, pensando en que pronto podrían haber más misiones espaciales para colonizar la Luna, el experto asegura que se están proponiendo, entre otras cosas, “estrategias de tipo nutricional o farmacéuticas para ayudar en la reparación correcta del daño al ADN y a las células”.

“Una vez sobre la Luna, se baraja construir bases subterráneas para aprovechar la protección que suponen los primeros metros de suelo lunar”.

Esas bases tendrán que ser construidas con miras en evitar o disminuir la radiación a la que los humanos estarán expuestos en el satélite. Pero, ¿cómo se tomarán las mejores decisiones?

Según el especialista, “las misiones Artemis nos proporcionarán, sin duda, respuestas a estos interrogantes”.

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