Columna de Cristian Chadwick: ¿Es la desertificación evitable o inevitable?

En el Día Mundial de Lucha Contra la Desertificación y la Sequía, reflexionamos sobre las causas y consecuencias de este fenómeno que degrada los suelos y empobrece comunidades agrícolas. La desertificación, impulsada por el cambio climático, sequías naturales y mala gestión del territorio, exige acciones urgentes tanto a nivel local como global.


En el Día Mundial de Lucha Contra la Desertificación y la Sequía, se conmemora la lucha por evitar la desertificación y todas las consecuencias que vienen con ello. La desertificación causa el deterioro de suelos y ambientes, lo que lleva a que ciertas zonas dejen de ser capaces de albergar vegetación que solía crecer. Esto conlleva pobreza en zonas agrícolas, que termina permeando hacia el resto de la población.

Cuando se piensa en la lucha en contra de la desertificación y la sequía, es necesario comprender por qué se produce la desertificación y las sequías. Existen varias posibles causales que llevan a que un suelo se desertifique. Algunas de las más importantes son: primero, el cambio climático; segundo, sequías prolongadas por variabilidad natural del clima; tercero, cambios en la gestión del territorio que conlleva la degradación de los suelos y en un futuro la desertificación.

El cambio climático puede generar cambios en los patrones climáticos como el aumento de la temperatura y en algunas zonas una reducción en las precipitaciones. Este descenso en las precipitaciones genera desertificación debido a una menor disponibilidad de agua para que crezca vegetación. A su vez, los aumentos en las temperaturas generan aumento de evaporación que termina generando presión sobre la vegetación. Estos cambios, se presentan a nivel global y local, pero lamentablemente no hay soluciones locales, dado que la verdadera solución está asociada a una fuerte mitigación del cambio climático, que requiere colaboración de todas las personas. No basta con reducir las emisiones de carbono en un único país, esto tiene que ser un esfuerzo global. En otras palabras, el impacto local de la desertificación debida al cambio climático, no tienen una solución local.

Una segunda forzante de la desertificación, son las sequías debido a la variabilidad natural. El clima, tiene períodos más húmedos y otros más secos, los cuales pueden durar décadas. Una zona puede presenciar sequías prolongadas, que sean transitorias. En estos casos, hay que evitar la pérdida de suelos y el sobre deterioro de la vegetación, para que sea capaz de resistir el período de sequía. Una vez terminada la sequía, la zona afectada puede eventualmente recuperarse. Es sumamente importante, cuidar estas zonas, para no generar un deterioro irreversible.

Por último, el cuidado de los suelos y la vegetación es fundamental, dado que un mal manejo de estos es una de las principales causales de desertificación. La tala indiscriminada de bosques, incendios forestales de causa humana, la parcelación abusiva en zonas ecológicas, entre otros factores, dañan los suelos y la vegetación, muchas veces llevándolos a puntos irreparables.

En síntesis, hay varias forzantes que generan desertificación y nos tenemos que preocupar de luchar en contra de aquellas que son evitables, como la destrucción de suelos. Hay que recordar que algunas de ellas requieren de soluciones locales (evitar deterioro de suelos y bosques), mientras que otras necesitan de una coordinación global, como es fomentar la mitigación del cambio climático (por ejemplo, acelerando la transición a energías limpias). Evitar la desertificación requiere nuestro esfuerzo a nivel local y global, no nos durmamos en este proceso hasta que el desierto nos alcance, seamos parte de la solución.


Cristian Chadwick es académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez, director del Diplomado en Hidrología e Impactos del Cambio Climático UAI.

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