Frei y la Democracia Cristiana. Presente e historia

SEÑOR DIRECTOR:
La polémica más reciente de la Democracia Cristiana se ha producido por la reunión del expresidente Eduardo Frei R-T con José Antonio Kast. La directiva del PDC ha reaccionado e incluso el Tribunal Supremo del partido suspendió la militancia de Frei.
El tema de fondo es más complejo y menos personal. La historia de la Democracia Cristiana se remonta a 1935, cuando se formó el Movimiento Nacional de la Juventud Conservadora, tres años después nació la Falange Nacional y en 1957 la DC. Era un partido con liderazgos importantes, un ritmo juvenil que fue madurando, alta penetración en diferentes sectores sociales y el éxito electoral final: en 1963 pasó a ser el partido más grande de Chile y un año después Eduardo Frei Montalva llegó a La Moneda, donde lideró el proceso de la Revolución en Libertad, que era alternativo al comunismo y a la Revolución Cubana.
Es lógico que haya partidarios y detractores de la DC, pero sin duda fue un conglomerado fuerte política y socialmente. Al regreso de la democracia la DC era el partido de Patricio Aylwin, y sus militantes dirigían muchas federaciones universitarias, la CUT, el Colegio de Profesores y otras asociaciones gremiales.
En 2001 la DC no solo dejó de ser el partido mayoritario de Chile, sino que también había comenzado su pérdida de influencia en las organizaciones sociales, a lo que se sumó una notoria falta de renovación generacional y una pérdida de línea política. En parte a esto contribuyeron los cambios sociales y culturales del país (secularización, primacía del liberalismo, cultura woke), pero también la ausencia de liderazgos potentes, pérdida de vitalidad en las ideas y la burocratización de la colectividad.
Los últimos quince años merecen una revisión más profunda, desde la adhesión DC a la Nueva Mayoría hasta el giro que ha significado su apoyo a la candidata del Partido Comunista este 2019, pasando por sus propias postulaciones presidenciales fallidas o su apoyo a la Constitución de la Convención. Más importante que los detalles resulta apreciar que la DC ha vivido lo que se llama una “muerte espiritual” (no es el único partido que sufre esto), una pérdida de ideales y de jóvenes, una especie de incapacidad para enfrentar el escenario actual con ideas propias y que hagan sentido a la población.
Por eso, la reunión de Frei con Kast ha pegado fuerte en algunos, porque Chile está en modo campaña. En el tema de fondo, parece solo una anécdota, que se convirtió en un golpe comunicacional, amplificado por las redes sociales y por ruidos que parecen estertores de una época más que un análisis fino de lo que el país necesita.
Alejandro San Francisco
Académico Universidad de Tarapacá
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