Un país, dos presidentes

SEÑOR DIRECTOR:
El triunfo de José Antonio Kast volvió a dejar en evidencia una anomalía administrativa que Chile ha normalizado por demasiado tiempo: tres meses de espera entre la elección y la asunción presidencial. Durante ese período, el país queda suspendido entre un gobierno que aún es legítimo, pero cuyo mandato político ya fue superado en las urnas, y otro que todavía no puede ejercer autoridad. Es un tiempo muerto que confunde a la ciudadanía, paraliza decisiones relevantes y debilita la noción básica de liderazgo democrático.
Mientras Gabriel Boric sigue administrando un proyecto rechazado en las urnas, el Presidente electo José Antonio Kast observa sin poder corregir el rumbo. Esta dualidad no fortalece la institucionalidad; la erosiona.
El próximo Congreso debe corregir esta falla estructural y acortar la transición presidencial. La democracia no solo se respeta contando votos, también se honra permitiendo que el mandato ciudadano se transforme en gobierno efectivo sin demoras innecesarias. Nuestro país no puede seguir gobernándose en modo de pausa.
Iván Olguín
Periodista y cientista político
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