Ya cruzamos la línea roja

SEÑOR DIRECTOR:
Lo que temíamos, finalmente llegó. Y no hay forma de suavizarlo: se cruzó una línea roja que jamás debió traspasarse.
Hoy no estamos frente a una discusión teórica. Hoy, una inspectora ha sido asesinada en un espacio que debería ser seguro: una escuela. Y no es un hecho aislado. En los últimos días hemos visto una preocupante escalada de amenazas y agresiones en distintas comunidades educativas. Hay más personas afectadas, más comunidades golpeadas.
En medio de este dolor, lo que menos se necesita son mezquindades políticas o explicaciones cómodas. Esto no es una moda ni un fenómeno pasajero. Es la evidencia de algo mucho más profundo: no hemos sido capaces de ver, atender ni actuar frente a señales que estaban ahí.
La prevención es indispensable, pero no suficiente. Se requieren medidas concretas de resguardo, ahora. Sin embargo, la discusión no puede reducirse solo a controles o revisiones. El problema es más profundo: tiene que ver con vínculos, con salud mental, con cómo estamos —o no— acompañando a nuestros estudiantes. Y no es menor que muchos de estos casos involucren a adolescentes varones.
Hoy una comunidad llora, pero no es la única. Hay estudiantes con miedo, docentes tensionados y familias que han perdido confianza. Y frente a eso, el país no puede fallar.
Porque ya no es un caso. Es una señal. Y no verla —otra vez— sería imperdonable
Roberto Bravo
Líderes escolares
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