“Charlie Watts es los Stones”: siete clásicos donde el baterista dejó su huella

Desde sus quiebres y silencios al servicio de She's a rainbow y su eficacia en Gimme shelter, a sus coqueteos con el disco y el jazz latino en Miss you y Can't you hear me knocking: algunos de los mayores himnos que los ingleses timbraron en el último medio siglo tienen el marcado sello y la notable versatilidad del fallecido baterista, quien se las arregló para ser vistoso y creativo desde una simpleza sin acrobacias.



Los atributos de Charlie Watts se pueden encontrar en las miles de grabaciones y conciertos en los que dejó su huella junto a los Rolling Stones, desde 1963 y hasta su show en Miami el 30 de agosto de 2019, su última aparición con el grupo. Un buen resumen fue el que hizo en 2003 el propio Keith Richards, su compañero con el que por casi 60 años dio forma al corazón del legendario conjunto británico, a quien el guitarrista sólo tenía que mirar de vez en cuando para ajustar el ritmo y afinar las ideas, según él mismo ha contado.

“Tener un baterista desde el principio que pudiera tocar con la sensibilidad de Charlie Watts es uno de los mejores activos ocultos que he tenido, porque nunca tuve que detenerme a pensar en el baterista y en lo que va a hacer. Puedo lanzarle ideas y nunca tengo que preocuparme por el ritmo ... es una bendición”, comentó Richards en la historia oral del grupo de 2003.

Mientras la partida de Watts a los 80 años de edad -por causas que aún no se revelan- instala la mayor interrogante en el seno de los Stones desde la muerte de Brian Jones en 1969, su legado quedará para siempre en los más de 25 álbumes de estudio que timbró con la banda, en más de medio siglo de giras y conciertos y sobre todo en ese forma de tocar versátil y elegante que desplegó en la batería del grupo de rock activo más importante del mundo.

Un estilo sin acrobacias ni estridencias, respetuoso de los silencios, al servicio de la canción y vistoso desde la simpleza y el buen gusto, capaz de darle forma y ritmo a todas las experimentaciones sonoras de Mick Jagger y compañía en sus diversas etapas; desde la psicodelia de fines de los años 60 y la apropiación del funk y el disco en la década siguiente, hasta el endemoniado rock blues que los ingleses convirtieron en marca de fábrica en el último medio siglo y que Watts interpretó sin despeinarse.

Aquí, un repaso a algunos clásicos de los Rolling Stones donde Charlie Watts brilló desde su discreto segundo plano.

Can’t you hear me knocking (1971)

La canción ya era genial, con un riff irresistible y demoníaco cortesía de Keith Richards, ideado en medio de las grabaciones en los estudios Olympic de Londres para el célebre Sticky fingers (1971). Pero casi llegando a los 3 minutos, el tema se transforma en un improvisado jam que altera el rumbo de la canción accidentalmente, ya que los músicos creían que la grabación se había detenido. Si en el comienzo de la pieza Watts destaca por ese golpeteo de caja cargado de precisión y detalles, en la segunda parte simplemente se deja llevar y despliega su histórica afición por el jazz y la música latina, pocas veces vista en el catálogo del grupo.

She’s a rainbow (1967)

Charlie Watts entrega un festival de quiebres, pausas, entradas y cortes precisos al servicio de uno de los himnos más populares y memorables de la época más lisérgica de los Stones, la de Their Satanic Majesties Request (1967). Un disco cargado a la psicodelia del que los propios Jagger y Richards renegaron años después por su falta de coherencia (“es un montón de mierda”, sentenció el guitarrista alguna vez), pero que entrega pasajes memorables, en los que Watts acompaña algunas de las creaciones más bizarras del grupo, se permite coquetear con ritmos africanos y en On with the show incorpora claves, tablas, pandero y otros instrumentos de percusión para tocar algo que a ratos parece una cueca chilena.

Paint it black (1966)

¿Hubiera sonado igual Paint it black con otro baterista? ¿Habría terminando siendo un clásico del grupo? Preguntas hipotéticas en torno a una pieza surgida desde la experimentación de Brian Jones con el sitar y otro tipo de instrumentación de origen indio -tal como hacían los Beatles en aquel entonces, y que firman Jaggger y Richards, pero que en realidad habría surgido a partir de una sesión de improvisación de Jones, el bajista Bill Wyman y Charlie Watts. Este último le termina de dar carácter a una pieza furiosa, dramática y exótica, machacando la caja y los tambores de su set con un sonido apañado, sombrío y “low pitch”.

She’s so cold (1980)

Los Rolling Stones iniciaban su tercera década como grupo, habían recuperado parte de su popularidad perdida y tras el éxito de Some girls (1978) seguían experimentando con nuevas ideas y sonidos. En She’s so cold, un hit mundial simple, directo y sin mayores ambiciones, Watts acompaña con precisión y gracia, para terminar de darle onda y soporte rítmico a la canción, al tiempo que innova -como pocas veces- con el uso del platillo “china” en algunos quiebres.

“Todo el mundo piensa que Mick y Keith son los Rolling Stones” -dijo Richards sobre She’s so cold- “pero si Charlie no estuviera haciendo lo que hace con la batería, verías que eso no es nada cierto, descubrirías que Charlie Watts es los Stones”.

Honky tonk women (1969)

A veces -pocas- Charlie Watts podía llegar a tener un papel más protagónico en una canción de los Stones. Aquí, además de abrir los fuegos de este clásico roncarrolero de 1969 con ese característico cencerro, despliega su eficacia y groove durante tres minutos para cerrar el tema con tres golpes de caja y un platillazo.

Miss you (1978)

Los Rolling Stones abrazan la moda disco y el sonido del “soul de Filadelfia” en la era Some girls, y en este primer adelanto del álbum, uno de los más groovies y discotequeros en la discografía del conjunto, Charlie Watts vuelve a demostrar su eficacia y versatilidad llevando el pulso en una batería especialmente protagónica y cargada a los juegos del hi hat, como mandaban los códigos de ese momento.

Gimme shelter (1969)

Muñeca firme y golpes poderosos en el arranque de Let it bleed, acompañando con eficacia y uno que otro movimiento inusual en él -como aquellos del coro- la inspiración de Richards y el preciso acompañamiento de maracas y güiro de Jimmy Miller, en uno de los himnos definitivos de la era Vietnam y del violento epílogo del sueño de paz y amor de la década de los 60.

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