Culto

Cueca, ironía y rock& roll: las claves de XCLNT, el notable disco de Los Tres grabado en Abbey Road

Lejos de la nostalgia fácil, XCLNT se instala como un reencuentro creativo donde Los Tres afinan su identidad entre el rock clásico y sus raíces locales. El álbum que reúne a la alineación original tras 27 años, privilegia la canción, la ironía y un sonido tan propio como vigente.

Nain Maslun

De la once con pan con huevo en la casa de Pancho Molina, a la primera tocata en el Centro Deportivo y Social Lord Cochrane, de Concepción. En una lectura superficial, la nostalgia cruzaba el videoclip de Cantar y amar, el primer adelanto de XCLNT. Y podía flotar como alternativa de lectura para el momento del regreso de Los Tres. Pero al desgranar el global del disco, en realidad la clave está en el sonido que brota desde la química entre los músicos originales. Y está intacta.

Grabado en los legendarios estudios Abbey Road, entre el 16 y el 22 de julio de 2025, el álbum reencuentra a la alineación Henríquez, Lindl, Parra y Molina, que no compartía estudio desde La sangre en el cuerpo (1999). Y a pesar de todo, del tiempo, las heridas, la vejez, su impronta es reconocible desde el primer segundo. Más aún, vuelve a presentar su interés por crear buenas canciones con un lenguaje que han depurado por años.

Alguna vez Álvaro Henríquez comentó que Fome condensaba un rock sobrio y conciso, como el de The Kinks. Esa idea todavía resuena en la versión contemporánea del grupo. Una sección de canciones se mueve en esa clave; la misma Cantar y amar, presenta un rock directo con solo dos partes; probablemente es la más beatlesca del disco.

Los Tres

También Al menos solo por hoy, con sus riffs deudores del rock&roll y un solo de Ángel Parra en un clásico fraseo machacante en dos tonos, a lo Chuck Berry (que recuerda a lo que hizo en El Haz Sensor, del disco debut). Quizás se extraña a Parra con sus arreglos más atmosféricos, como los del primer álbum, pero en el contexto del sonido más apretado de XCLNT, la decisión de sus arreglos es coherente.

Por su lado, Peor que mal, está trazada por la línea de bajo de Titae Lindl y las guitarras saturadas, como si en la inmensidad del estudio 2 de Abbey Road hubiesen invocado las guitarras de los Beatles en Let it Be. Transar o seguir la causa de la sobriedad.

En la clave rockera del disco está uno de sus grandes momentos, INRI. Un tema sostenido en un rockabilly torrentoso y directo, con las guitarras saturadas de Henríquez y Parra avanzando por una tormenta en el sur chileno. Algo así como una lectura actualizada de Sudapara o Cárcel, hospital y cementerio.

Pero la clave de la canción es que se sostiene en la letra. Henríquez vuelve al ejercicio de enumeración con un final sorpresivo, como alguna vez lo hizo en Restorán, pero esta vez, el ejercicio sale aún mejor: “Las especies robadas son -canta Henríquez en el papel de un comisario dando cuenta de un parte policial- un parlante marca Sony, un televisor marca Samsung, un corazón envuelto en rosas…y un crucifijo marca INRI”.

La ironía de Henríquez no suena áspera. Es refrescante como una anécdota de sobremesa articulada con un sonido chilenizado del Mississippi. Las letras son una clave de Los Tres y en XCLNT retoma ese clásico juego de las paradojas tan clásico a su estilo. Se escucha en Al menos solo por hoy, otro de los cortes de rock conciso del disco: “Ganan siempre los malos, a los buenos les va mal, y se acaban mis problemas, al menos solo por hoy”, canta, con un ánimo de cronista perplejo y cínico ante una realidad que se revela en toda su crudeza.

El universo de Los Tres suena en toda su expansión con sus momentos más decididamente chilenos. Ahí está la bella Como llegaste te vas, el segundo single (también con video animado del estudio Punkrobot), una canción de desamor que propone una mezcla entre la electricidad del rock y cueca chora. Alguna vez Álvaro Henríquez le colocó música del bluesman maldito, Robert Johnson, a Roberto Parra (“por ahí va la cosa” le habría dicho); probablemente, este tema traza lo que hubiese hecho el hombre del jazz guachaca de haberse colgado una Fender.

El lenguaje de la cueca se emplea mucho más directo en Perro Muerto. Una historia breve de unos tipos que hacen la gracia de comer sin pagar. Una cueca chora, sin rodeos, sin aspavientos en que destaca el arreglo de Parra emulando la tonalidad de un guitarrón chileno. Un lenguaje muy claro para la fábula de los glotones que se comieron “la carta con papas fritas, ensalada chilena y humitas ricas”. Y claro, hay que salir en breve porque “llegó la tele”, es decir, se marca su habitual distancia con la cultura de la basura. El ejercicio es un imprescindible de los discos de Los Tres, que suena sorprendentemente fresco.

De los fraseos cuequeros y el rockabilly, el álbum pasa por otros derroteros. La delicada La vida al revés, juega con una frase eléctrica de Parra en clave de bolero para el momento más introspectivo del disco ¿influencia del Macha en Henríquez? Puede ser. “Y me enciendo el fuego como avión al suelo, son 500 besos que me diste ayer. Hoy te los devuelvo y vuelvo por otros”, canta. Mientras, Vendaval de otoño (que por momentos recuerda a Lo que quieres, de La sangre en el cuerpo) es otro ejemplo de las canciones melancólicas del grupo, en la línea de Te Desheredo o Quizás con quién, aunque algo más luminosa.

Los Tres Foto: Nain Maslun.

Misma cosa con Empelota, que a contrapelo de lo que sugiere el título, es una canción reflexiva de lenguaje más poético, que alterna un estribillo más directo. Además destaca el uso de voces de respuesta, un recurso no muy empleado por Los Tres en el pasado. Gran solo de slide de Parra que hubiera sacado una sonrisa de orgullo a Elmore James.

En el cierre del disco pasa Que vuele. Un tema con rítmica a lo Bo Diddley, que parece tener un cariz autobiográfico. “Un río de estrellas en la noche, viento invernal y Don Robert [en alusión muy clara a Roberto Parra] este amor es bueno, es de provincia. Un cielo impensado me hizo ver, llegar hasta el fondo de la vida”, canta Henríquez, en un tema final que rima con el arranque de Cantar y amar, al retratar el momento del reencuentro de unos músicos maduros, que han recuperado el amor por tocar juntos. Y lo plasmaron en el disco que Los Tres se debían. A pesar de que se grabó en el templo del rock global, suena a su versión chilenizada sin complejos, ni más ni menos. Un álbum excelente.

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