Por Pablo Retamal N.Julian Lennon: el largo viaje del hijo de la “Beatlemanía” para perdonar a su padre
Creció a la sombra de una megaestrella ausente, encontrando en Paul McCartney la figura paterna que inspiró el himno "Hey Jude". Tras décadas de dolor por el trato hacia su madre, Cynthia, y el cansancio de ser "el otro John", Julian relata cómo el documental Get Back y su decisión de cambiar legalmente su nombre en 2020 le permitieron finalmente soltar el rencor, redescubrir el lado humano de su progenitor y abrazar con orgullo el legado de los Lennon.

Tal como su padre, Julian Charles Lennon vino al mundo en la norteña ciudad de Liverpool, Inglaterra. Fue un 8 de abril de 1963, siendo el primogénito del matrimonio conformado por los jóvenes John Lennon y Cynthia Powell.Hubiese sido el hijo de cualquier matrimonio joven de clase media británica, pero a Julian le tocó un padre que iba derecho a ser una megaestrella. Era nada menos que miembro de The Beatles.
El problema para el pobre Julian -bautizado así en honor a su fallecida abuela, Julia Stanley, la madre de John- es que su padre ya estaba sumido en la vorágine de la industria musical. Solo unos meses antes, en enero de 1963, The Beatles alcanzaban su primer número 1 en las listas británicas con Please, please me. Y unos pocos días después de nacido, con la marraqueta bajo el brazo, sería el turno de From me to you que repitió la gracia. Era el preludio de la sinfonía mayor, cuando en enero de 1964 I Want to Hold Your Hand llegó a la cima de los charts en Estados Unidos desatando la locura de la Beatlemanía, cambiando la historia de la música para siempre.

Pero de esa locura el niño Julian y su madre se enteraban por TV, porque entre giras, grabaciones, promociones y demases compromisos que siempre trae consigo el estrellato, apenas veían a John. Como una amante celosa, la fama atrapó al joven de Liverpool entre sus garras para no soltarlo. Por ello, el costo terminaron pagándolo en su familia.
“Lo veíamos muy poco”, dijo Cynthia en 1985. “Y cuando volvía a casa, estaba tan agotado, tan cansado y tan abrumado por las presiones del mundo exterior que lo único que quería era desplomarse”.
El asunto fue tan así que el mismo Julian posteriormente confidenció que de su infancia recordaba más a Paul McCartney que a John. “Paul y yo solíamos estar juntos mucho más tiempo del que estábamos mi padre y yo. Teníamos una gran amistad y parece que hay más fotos de Paul jugando conmigo que las que tengo con mi padre”.

Años después, John fue consultado en una entrevista y no eludió el bulto. “¿Qué esperabas? Creo que quiere más a Paul que a mí. Tengo sentimientos encontrados al pensar que hubiera querido que Paul fuera su papá. Desafortunadamente le toqué yo. Debe ser difícil ser el hijo de cualquiera. Es un chico brillante y le gusta la música”.
Aún así, el niño Julian “participó” en dos composiciones de The Beatles. Una, Lucy in the sky with diamonds (del álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band) basada en un dibujo suyo, pues con tiernos 4 años inmortalizó con lapíz y papel a su compañerita del jardín Lucy. “Un día Julian vino a casa con un dibujo que había hecho en la escuela en la que aparecía su compañera de clase Lucy -recordó Cynthia en la citada entrevista-. Era un dibujo infantil en el que Lucy aparecía en el cielo llevando una diadema de diamantes. Era un dibujo muy luminoso y en lo alto del dibujo había escrito Lucy in the sky with diamonds”.
Julian también lo recordó tiempo después. “No sé por qué lo llamé así ni por qué estaba separado de mis otros dibujos, pero obviamente a esa edad sentía afecto hacia Lucy. Solía enseñarle a papá todo lo que hacía en la escuela y de este surgió la idea de hacer una canción sobre Lucy in the sky with diamonds”.

La otra “contribución” fue menos luminosa en lo personal, pero muy rica en lo musical. Fue el Hey Jude, compuesta por Paul como una forma de apoyar a Julian tras el divorcio de sus padres en ese turbulento 1968, cuando John se fue con la japonesa Yoko Ono. Un día mientras conducía rumbo a Weybridge para ver a Julian y Cynthia, Paul apagó la radio del auto. En rigor, era algo que acostumbraba a hacer para ir probando ideas de nuevas canciones. Se puso a pensar en el objetivo de su visita. Y ahí asomó el rostro del pequeño Julian.
“Empecé a cantar ‘Hey Jools, don’t make it bad, take a sad song and make it better’. Era una canción optimista, un mensaje de esperanza para Julian”, cuenta Paul en el volumen The Beatles Anthology.
Así, “Macca” empezó a componer el tema. El primer título para el tema fue “Hey Jools”, pero Paul lo cambió definitivamente a “Hey Jude” debido a que era el nombre de uno de los personajes de Oklahoma, una serie televisiva que le gustaba.

Años después, Julian Lennon tuvo palabras para el gesto de Paul para con él. Ocurrió en 1987, cuando ambos se encontraron en un hotel en Nueva York y hablaron justamente de la canción.
“Fue la primera vez en años que pudimos sentarnos y conversar. Me contó que en ese momento él había estado pensando en mis circunstancias, acerca de lo que había atravesado y de lo que me iba a pasar en el futuro”, relata Julian en un testimonio recogido en Los Beatles: en el final (Planeta, 2019), de Sergio Marchi y Fernando Blanco.
Años después, en 2022, Julian tuvo palabras sobre la canción en charla con este medio. “Es una canción que siempre ha sido importante para mí, porque todos la conocen y Paul me la escribió como una muestra de apoyo mientras yo estaba creciendo, porque creo que él reconocía la presión, el estrés y el dolor que yo iba a tener que atravesar en mi transición de niño a adulto, no sólo por ser el hijo de John Lennon, sino que también porque mis padres se estaban separando. Entonces, la presión iba a ser diez veces mayor”.

Tras el fin de los Beatles, y entrando a la adolescencia y juventud, el vínculo trizado entre padre e hijo comenzó de a poco a recomponerse, y para ello hubo una persona que fue fundamental. Así lo comentó a este medio: “Yo era un niño muy joven y creo que fue May Pang quien ayudó a mi madre a reconectar con mi papá, para que yo pudiera verlo nuevamente. Una vez que comencé a verlo a los diez u once años, disfrutábamos mucho de la compañía del otro, y fue cada vez más y más fuerte. Incluso antes de su muerte nos llamábamos una vez a la semana y él me hablaba de su nuevo álbum, Double fantasy (1980), él me tocaba el comienzo de las canciones por teléfono y yo le decía ‘si, eso suena genial’.
“Ambos estábamos entusiasmados con volver a conectar de una forma profunda y de amarnos el uno al otro nuevamente. Eso fue genial, fue mágico, aunque había mucha ansiedad al comienzo, porque no nos conocíamos tanto, éramos dos personas muy diferentes. Pero enfrentamos todo eso y al final del día estaba todo bien. Pero, nuevamente, lo que más me molestó de él fue la forma en que trató a mi madre. Para mí, ella era mi mundo y yo estaba orgulloso de ella, de su gracia, de su integridad, de cómo manejó toda la situación. Ella fue la persona número uno en mi mundo. La única cosa que yo quería hacer era hacerla sentir orgullosa, sin importar lo que yo hiciera, fueran los documentales, mi fundación The White Feather, la fotografía, los libros de niños. Yo hago muchas cosas, también como una forma de probarme a mí mismo, de mostrarme que también soy capaz de encontrar cosas buenas fuera de la música”.

Hacia los 80, Julian también sintió fuerte el llamado de la música. Quería desarrollar una carrera como solista, no solo por un interés genuino por la música, sino porque quería ser él mismo. “Siempre ha sido: ‘El hijo de John Lennon, el hijo de John Lennon’, y lo sigo haciendo, ¡por Dios! Me dije que lo primero y más importante para mí era construir una obra sólida, una base sobre la que apoyarme, algo que nadie me pudiera quitar. Y sigo haciéndolo. No es para presumir, es solo para demostrarme a mí mismo que realmente puedo hacer esto. No me interesa discutir con la opinión de los demás", dijo a The Guardian en 2025.
El aplaudido Valotte (1984) fue el primero, el que incluía la canción Too Late for Goodbyes, que fue bien recibida. SIn embargo, por dentro Julian seguía todavía con una espina clavada con su padre. Pero fue el documental Get back, de 2021, el que, sin querer, le dio un empujón inicial para que el calor del perdón se anidara en su corazón.
“Al ver Get Back, volví a enamorarme de mi padre porque lo vi como era, como lo recordaba de niño, antes de que todo se torciera. Salí de allí sintiéndome muy orgulloso de ser un Lennon. Siempre lo había reprimido un poco, tratando de forjar mi propio camino, pero después de esto he asumido este nuevo rol de, joder, estoy muy orgulloso de ser parte del legado y la historia de lo que vino antes y espero hacerle justicia al continuar con eso".

Pero faltaba un paso, cambiarse de nombre. Sí, porque al nacer, fue bautizado como John Charles Julian Lennon, pero en 2020 decidió poner las cosas en orden. ““Fue difícil vivir con ese nombre. Quizás para el resto suena fácil, pero emocionalmente no fue así. Vas al aeropuerto y cinco personas diferentes abren el documento y dicen ‘ah, John Lennon, ¿eres pariente de él?’. Eso fue muy agotador después de años y años bajo la misma dinámica, estaba literalmente cansado de ser ‘el otro John’. Así que en 2020 decidí que había sido suficiente, que había llegado el tiempo de cambiar”.
Alternar su nombre, de John a Julian, fue un necesario paso para que Julian, ahora, terminara por acercarse de forma póstuma a su célebre progenitor. “Una vez que él se fue, ya se fue y lo que más me dolió fue la forma en la que trató a mi madre y luego a mí. Pero bueno, eso fue hace muchos años y ya lo he perdonado, ya no hay una mirada negativa hacia nadie, no hay molestias, estamos en una era diferente, una lugar y una vida diferentes, y lo único que te podría decir es que después de ver Get Back pude observar lo bueno que él era, y lo divertido y fantástico que era antes que todo cambiase”. El círculo estaba completo.
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