Por Gonzalo ValdiviaVuelve la fiebre Euphoria: entre la larga espera y las dudas en torno a su (eventual) final
Tras un extenso y tumultuoso receso, la popular serie de HBO comienza este domingo 12 la emisión de su tercer ciclo. Aunque el gigante de la TV se ha negado a promocionarla como la temporada final, todo apunta a que será la despedida de Rue y sus amigos. Aquí, junto a un grupo de especialistas, analizamos su impacto y las preguntas que produce su regreso.

Rue Bennett (Zendaya) conduce a toda velocidad por una desértica ruta en el norte de México, a pocos kilómetros de la frontera con Estados Unidos. Tras recibir la ayuda de unos hombres, ha podido retomar su viaje y sonríe al volante mientras en la radio suena Ride like the wind, del cantautor estadounidense Christopher Cross.
“Para ser libre de nuevo/ Y me queda un largo camino por recorrer/ Para llegar a la frontera con México”, canta a todo pulmón la atormentada protagonista de Euphoria.

¿Es ese un nuevo comienzo para el personaje que conocimos a mediados de 2019 como una adolescente que lucha contra la adicción a las drogas y lidia con una complicada historia familiar? No precisamente, como lo aclara ella misma apenas arranca la tercera temporada del fenómeno de HBO.
“Muchos se han preguntado qué he hecho desde el colegio. Honestamente, nada bueno”, expresa la narradora y protagonista en los primeros cinco minutos, que la compañía decidió liberar online dos días antes de su estreno oficial, programado para este domingo 12 (21:00 horas en HBO y HBO Max).
Tras cuatro largos años en que ha debido enfrentar toda clase de adversidades, la controversial y premiada ficción está de vuelta y presenta por fin su tercer ciclo. Sam Levinson –su creador, guionista, director y productor– optó por retomar la trama ejecutando un salto temporal de cinco años y por separar a sus personajes en diferentes subtramas.

Como ya ha circulado, Rue cruza permanentemente la frontera debido a que trabaja como mula para pagar su millonaria deuda con Laurie (Martha Kelly), la impertérrita narcotraficante con la que se le ocurrió involucrarse en la segunda temporada. Esa ocupación con la que pone en peligro su vida la mantiene alejada de su familia y amigos.
Cassie (Sydney Sweeney) y Nate (Jacob Elordi), ahora comprometidos, viven en los suburbios y se preparan para su gran noche de bodas. En tanto, Jules (Hunter Schafer) se encuentra en la escuela de arte –y se rumorea tiene un sugar daddy–, Maddy (Alexa Demie) trabaja en una agencia de talentos para un representante en Hollywood y Lexi (Maude Apatow) se desempeña como asistente de una conocida showrunner (Sharon Stone).
Esa estructura –incluso más coral que antes– probablemente facilitó encajar las agendas de sus cada vez más solicitados protagonistas (Zendaya estrenará cuatro películas este año, todas de alto perfil; Elordi acaba de recibir su primera nominación a los Oscar; Sweeney triunfó en taquilla con La empleada), pero también genera múltiples preguntas que ponen nerviosos a parte de sus seguidores.

¿Se tocarán en algún punto todos esos hilos argumentales? ¿Es posible mantener la magia de la producción aislando a cada personaje en su propio mundo? ¿Le bastará para mantener consistencia y continuar encumbrada como una de las series más comentadas de los últimos años?
Atrapante y provocadora
Euphoria nunca ha disfrutado del mismo nivel de aceptación dentro de la crítica que Succession o Hacks, por mencionar dos títulos de HBO y HBO Max de los 2020 ampliamente elogiados. No es una serie sutil ni plenamente consistente. Más bien, sus méritos siempre han ido de la mano con la crudeza, la estilización visual y la construcción de momentos que exigen el inmediato comentario con amigos, colegas o familiares. En efecto, son sus fanáticos los que la han mantenido en la conversación, a pesar de sus altibajos y su irregular ritmo de lanzamiento.
“Me atrapó por su lenguaje y atención a las atmósferas y a las subjetividades trastornadas por las drogas”, indica a Culto la directora y guionista Elisa Eliash, quien la empezó a ver poco tiempo después de su estreno, en 2019.

“Hay mucho riesgo, juego y una oscuridad que es siempre seductora. Se distingue sin duda de la mirada simplona de fácil consumo que abunda sobre la juventud gringa. Y si bien sufre del mismo moralismo de esta tradición, se mete en zonas tan interesantemente decadentes, y con tanto amor por el cine que la gesta, que se vuelve una experiencia poderosa”, apunta la realizadora nacional, quien la instala como un producto de “ese movimiento que comenzó a principios de los 2000 en donde el cine se cuela definitivamente en la televisión y la eleva no sólo por la sofisticación técnica sino porque se adentra en psicologías complejisimas, corruptas y solitarias”.
Pese a que había escuchado buenos comentarios sobre ella, Nayra Ilic García se decidió a verla en 2022. Al darle play se encontró con una historia que la atrapó de inmediato desde lo visual y narrativo.
“Los personajes están muy bien escritos. Son complejos: uno los quiere, los odia. Por cómo está filmada y por el ritmo que alcanza, se vuelve una serie adictiva. Me resultó tremendamente atractiva”, opina la directora de la película Cuerpo Celeste. Eso sí, marca un punto: el primer ciclo –que tilda como “desgarrador”– es superior al primero.

El guionista y escritor Enrique Videla coincide con esa apreciación. De hecho, es particularmente duro con el trabajo de Sam Levinson en la continuación de la historia, que se emitió en 2022 y despertó críticas más mixtas que su predecesora (aunque el interés del público no hizo más que dispararse).
“En su primera temporada fue un golpe. Provocadora, no siempre correcta o bien intencionada, pero exudando estilo en la visualidad, en las actuaciones y en la música”, postula.
En cambio, desde su óptica, en la segunda “se evidencian todas las grietas que se sospechaban en la primera. Superficial, gratuita, shock por shock. Filmada exquisitamente, captura la ensoñación y la melancolía de la adolescencia, pero la historia da vueltas en sí misma sin avanzar. Un puñado de buenas actuaciones no logran darle forma a una temporada que pareciera que no tiene demasiado que contar”.

De acuerdo con su perspectiva, la ficción alcanzó su mejor punto en el especial centrado en Jules. Estrenado en plena pandemia –enero de 2021– y coescrito a cuatro manos por la propia Hunter Schafer y Levinson, siguió a la joven trans en una sesión de terapia justo después de haber sido abandonada por Rue en la estación de trenes. El capítulo no sólo indagó en su historia de vida, sino que profundizó en el drama que la atormenta en la actualidad: soportar la presión de mantener la sobriedad de Rue estando siempre disponible para ella.
El otro especial, lanzado en diciembre de 2020, retrató un desgarrador encuentro entre Rue y Ali (Colman Domingo), su mentor y padrino. Más contenido que el episodio enfocado en Jules, permitió conocer otras capas de una adolescente que parece condenada a repetir sus errores, dañándose a sí misma y a su entorno.
Videla es categórico: considera que “la serie podría haber terminado ahí perfectamente. Y quizás debió haberlo hecho”.

Lo concreto es que el instante en que Euphoria estuvo realmente en vilo no fue en ese momento, sino que entre la segunda y tercera entrega. En esa espera se produjo una huelga –la de guionistas y actores, que paralizó Hollywood en 2023–, Sam Levinson se terminó involucrando más de lo que imaginaba en una serie que inicialmente sólo produciría (The idol, pésimamente recibida) y el equipo sufrió la dolorosa pérdida de Angus Cloud, el actor que encarnó al narcotraficante Fezco. Un personaje que, según el creador reveló a The New York Times, en un momento iba a ser la “columna vertebral” del tercer ciclo.
“El hecho de que estemos aquí y hayamos logrado sacar adelante esta temporada es un verdadero milagro”, dijo Levinson antes de iniciar la proyección del primer capítulo en la premiere que se realizó en Los Angeles el martes de esta semana.
Así como se ha escrito mucho sobre la producción durante este extenso receso –partiendo por las supuestas tensiones entre miembros del elenco y la abrupta salida del compositor Labrinth, responsable de definir la identidad musical de la ficción–, seguramente cada semana habrá nuevas publicaciones que estudiarán con lupa cada episodio. Y no tardarán en surgir los análisis sobre su legado, incluyendo si todo el éxito que ostentó durante siete años obedeció a méritos reales o si se benefició de las sensibilidades de una época particular.

La periodista Lynette Rice, quien escribe sobre televisión para el portal Deadline, piensa que Euphoria habría deslumbrado de la misma manera si se hubiera estrenado en 2026 en vez de 2019.
“Creo que la temática de la serie seguiría teniendo un gran impacto hoy en día, igual que cuando se estrenó en HBO. Continuaría intrigando a los jóvenes y aterrorizando a los padres. La segunda temporada fue un poco más alocada que la primera en cuanto a la narrativa, pero aun así fue un gran éxito para una cadena de televisión de pago”, señala a este medio.
Y agrega: “Soy optimista con respecto a la tercera temporada sólo porque sus estrellas –como Zendaya, Sydney Sweeney y Jacob Elordi– ahora son grandes celebridades. No es Game of thrones, pero sigue ocupando un lugar importante en el legado de HBO”.

Por su parte, Nayra Ilic García admite que la espera con poco entusiasmo. “Para mí concluía muy bien con la segunda. No tengo tanto interés todavía, pero siempre genera curiosidad”, indica.
Salvo catástrofe, parece una garantía que cada domingo, hasta el 31 de mayo, toda la atención girará en torno a Rue, Jules, Maddy, Cassie, Nate, Lexi y compañía. Al menos por una última vez, la televisión les pertenece.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE















