Arquitectura y concursos públicos: una historia de frustraciones

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Proyecto para el Terminal Internacional de Pasajeros de Punta Arenas, de Cecilia Puga, Paula Velasco y asociados, que se ganó en 2017 y se desechó año y medio después. Foto: Cecilia Puga

La cancelación del proyecto original del eje Alameda-Providencia puso en debate los proyectos adjudicados y financiados por el Estado que nunca llegarán a puerto. Los arquitectos acusan publicidad engañosa y falta de una visión de ciudad a largo plazo.


Con bombos y platillos a fines de 2014, el Municipio de Santiago, bajo la gestión de Carolina Tohá, daba conocer el diseño ganador del concurso público de arquitectura para construir el Museo Humano que albergaría, en el Parque San Borja, las 238 esculturas que el artista Mario Irarrázabal legaría a la comunidad. La oficina ganadora fue BBATS+Tirado quienes desarrollaron, con permiso de edificación en mano, un proyecto de varias etapas, que costó cerca de $ 150 millones y que incluyó planimetría, estudios de suelo y consulta ciudadana. Tras más de un año de trabajo, fue desechado por la administración del alcalde Felipe Alessandri, debido a un grupo de vecinos que no estaba de acuerdo con el proyecto. "La decisión fue meramente política porque no se reconoció el exitoso proceso de participación ciudadana que sí hubo. La obra de Mario Irarrázabal se fue a una entidad privada, después de haberse financiado de recursos públicos", dice Cristóbal Tirado, uno de los arquitectos a cargo del proyecto.

El ejemplo es uno más entre una larga lista de concursos públicos que una vez adjudicados y desarrollados, con el tiempo no se concretan. Esta semana se sumó el proyecto del eje Alameda-Providencia, que luego de un concurso internacional, fue otorgado a la Oficina Lyon-Bosch Arquitectos, quienes invirtieron más de $ 2 mil millones en el desarrollo del plan, pero que está siendo reevaluado por el actual gobierno: Intendencia anunció que sólo realizará mejoras en sectores específicos como el Nudo Pajaritos, pero que aún no se tienen recursos para llevarlo a cabo.

"Debería haber cierto compromiso contractual que amarre durante 'x' años al mandante, ya sea público o privado, para efectuar el proyecto respetando el concurso convocado", sugiere Tirado.

No es tan simple. La figura de concurso público de arquitectura en Chile no existe. La institucionalidad sí obliga a licitar la construcción de la obra -mediante una plataforma de mercado público-, pero no su diseño. Y si bien en los últimos años han abundado las convocatorias para que oficinas de arquitectura participen con sus propuestas, esto ha sido un acto más bien voluntario de tanto mandantes públicos y privados, que una obligación. "La promesa de un edificio ha sido siempre una excelente plataforma publicitaria, sobre todo para manejos políticos. Pero para hacer una obra se tienen que alinear tantas aristas, está el cliente, los recursos, el terreno, los permisos, la constructora, los vecinos, etc. Es complejo y al final llevar a puerto una obra se transforma en un milagro", opina el arquitecto Tomás Villalón.

En la última década, el profesional ha ganado más de 20 concursos públicos de arquitectura, pero recién este año se comenzará la construcción de uno de ellos: el Teatro de Panguipulli, diseñado junto a Nicolás Norero y Leonardo Quinteros y que tiene financiamiento mixto. "Cuando los mandantes son del mundo privado todo se hace mucho más fácil porque la decisión no está sujeta a los azares políticos", comenta Villalón, quien está construyendo el colegio Antofagasta British School, resultado de un concurso público, pero donde el mandante fue un privado. "Para ser honesto, soy un agradecido de los concursos, gracias a ellos he podido armar mi oficina, he tenido visibilidad y con ello han llegado los encargos. En el fondo cuando uno presenta un proyecto está dando una opinión sobre su visión de la ciudad", agrega.

Los concursos públicos reservan premios para los ganadores (varían entre $ 8 y $ 40 millones) y son deseados en cuanto se busca mejorar el nivel de la infraestructura local y se exige competir a un alto nivel, pero son indeseados cuando tras ellos no existe voluntad política. Es lo que opina Cecilia Puga -a cargo de la restauración del Palacio Pereira- quien junto a su socia Paula Velasco y otros arquitectos vio la cancelación de su diseño ganador para el Terminal Internacional de Pasajeros de Punta Arenas, convocado por la Empresa Portuaria Austral. "Después de fallar el concurso y mediatizar el resultado, se supo que no habían recursos. El proyecto no está postergado, simplemente lo botaron a la basura porque el nuevo gerente decidió que no era una prioridad", dice Puga.

"Es una falta de responsabilidad llamar a concurso si no se tienen los fondos. Es crear falsas expectativas a la gente que deseaba el proyecto. Para los arquitectos, estos concursos son una trampa", agrega.

Suerte y paciencia

La visión es compartida más allá de los concursantes. A pesar de que el Ministerio de Obras Públicas no tiene la potestad para organizar concursos de arquitectura, más bien se encarga de la etapa constructiva, el director Nacional de Arquitectura de la cartera, Raúl Irarrázabal, sí tiene una opinión sobre los concursos y plantea otra arista. "Tenemos un mal sistema de concursos públicos en Chile. En general estos son demasiado exigentes, se tiende a abusar de los arquitectos, a desgastarlos, cuando lo más lógico sería hacer convocatorias más sencillas, un concurso de ideas como se estila internacionalmente. Aquí se tiene la errada visión de que si se gana un concurso significa que se va a construir, y eso no es así", afirma.

Otro gran promotor de los concursos públicos es el Colegio de Arquitectos, que suele participar como patrocinador, elaborando las bases o en el jurado, pero que no ha logrado asegurar que a la larga se respete la ejecución de los proyectos ganadores. "Una de las razones de este problema es que los periodos de los gobiernos son muy cortos y no se logra dar cauce a obras de gran envergadura que necesitan continuidad política", dice Humberto Eliash, presidente del gremio.

"Nos gustaría que toda infraestructura que implique fondos públicos deba ser concursada. El Ministerio de las Culturas ya hizo lo suyo con el tema de los pabellones de las ferias internacionales que tiene esa modalidad, pero debería extenderse para todo. Nos reunimos con la AOA (Asociación de Oficinas de Arquitectos) y estamos trabajando en cómo respaldar a los ganadores y hacer compromisos explícitos para la construcción, porque la realidad es que del 100% de concursos que se adjudican sólo el 5% se realiza", dice.

Esa cifra revela lo azaroso que puede resultar que se construya o no un proyecto y explica por qué muchos arquitectos no dejan de concursar a pesar del incierto destino que pueda tener su trabajo. Ni siquiera la trayectoria asegura el levantamiento de una obra. El arquitecto Smiljan Radic, autor del Teatro del Biobío, acaba de enterarse que su proyecto para Torre Antena Santiago está congelado, o la arquitecta Carolina Portugueis, quien ganó y llevó a cabo junto a sus socios de HLPS el diseño del Parque Cultural Valparaíso, no tuvo la misma suerte con el Teatro Regional de La Serena, que se adjudicaron en 2012 y nunca se realizó. "Era parte de una red de teatros regionales junto con el Teatro del Biobío y nosotros cumplimos con entregar el proyecto para su construcción, que costó cerca de $ 300 millones, pero ya le perdimos la pista a la obra. Es frustrante, pero no podemos hacer mucho porque tampoco es obligación que una vez entregado el proyecto haya un seguimiento de la construcción de la obra por parte de los autores", explica Portugueis.

Según Cristián Undurraga, autor de obras como el Museo de Artes Visuales y el Centro Cultural La Moneda, los arquitectos deben ser "más pacientes". "Los tiempos de la ciudad no son los tiempos de la política y hay que entender que los proyectos urbanos con muy complejos y que el Estado tiene otras urgencias", dice, quien no pierde las esperanzas de que algún día se ponga en marcha su proyecto de remodelación del Eje Bulnes en el Barrio Cívico, que ganó en 2012 . "Comparto, eso sí, la queja de que los concursos son cada día más exigentes y eso va en una línea contraria de lo que pasa en el extranjero. Aquí a veces se hacen esfuerzos enormes con un nivel de exigencia absurdo para proyectos que nunca se realizarán", plantea Undurraga, quien ahora se hace cargo del proyecto Parque de los Museos en Valdivia, que incluye la remodelación del Museo de Arte Contemporáneo y del Museo Humano de Mario Irarrázabal. Finalmente, el proyecto desechado por la Municipalidad de Santiago tendrá una ubicación y un diseño nuevo. En la arquitectura pública todo puede pasar.

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