Por Christian GonzálezJavier Castrilli discute designación mundialista de Cristián Garay: “Nunca fue un árbitro que me llenara por completo”
El exjuez internacional argentino critica duramente a la Comisión de Árbitros que encabeza Roberto Tobar. En el camino, barre con la designación y los criterios que, según él, se imponen en la determinación.
“Mediocres”. El misil de Javier Castrilli al arbitraje es potente. Si tuviera una ojiva que pudiera dividirse en dos, una parte iría dirigida a Gustavo Tejera, el juez del choque entre la UC y Boca Juniors. La otra, a Cristián Galaz, el árbitro del choque entre Ñublense y Universidad de Chile. Al primero le recrimina no haber expulsado a Marcelo Weigandt por el planchazo sobre Justo Giani. Al segundo, no haber tomado la misma determinación con Jovanny Campusano, por el impacto sobre Javier Altamirano.
“Yo creo que existe una deformación conceptual grave, que no es más que una interpretación de quienes tienen que instruir a los árbitros, respecto de que jugando el balón se libera de toda responsabilidad de las consecuencias que tiene la articulación de un movimiento. Y esa interpretación se aleja de la letra y del espíritu de las reglas, porque en ningún lugar de las reglas se establece que si juega antes el balón deja de ser falta. Y todo lo contrario, las reglas estipulan que toda acción que ponga en riesgo, en peligro la integridad física del adversario debe ser juzgado como juego brusco y grave y es expulsión directa”, afirma, en el inicio de la entrevista con El Deportivo. Habrá muchos disparos más.
Javier Castrilli discute designación mundialista de Cristián Garay: “Nunca fue un árbitro que me llenara por completo”
¿Cómo hay que considerarla, entonces?
Una interpretación que continúe con esa falsa creencia de que si juega el balón antes y después impacta, no es falta, hay que desterrarla. Hace años que fue sacado de la regla de juego. Antes, decían que si tocaba el balón y después al adversario no era falta. Y ahora no lo dice exactamente. Entonces, no pongamos en letra y boca de las reglas de juego algo que no dicen. Y después, en esa jugada puntual, tampoco se puede leer que hay una conducta involuntaria por parte del jugador de Ñublense.
¿Por qué?
Porque no hay ninguna señal que ponga en evidencia de que el jugador, cuando siente el contacto físico con la pierna del adversario, tuvo intención de sacarla, sino todo lo contrario. Cuando se da cuenta que se afirma en el impulso con la pierna en viaje, la pone más dura y la deja extendida. No flexibiliza la rodilla, como por ejemplo, para seguir comparándolo, lo hizo Arturo Vidal. En esa jugada, yo recuerdo porque hice el descargo defendiendo a Arturo Vidal ante la FIFA. Yo hice el descargo y puse que Vidal evidenció una conducta totalmente involuntaria porque él flexiona la rodilla Y otra cosa más, inmediatamente después de que impacta con el rostro del adversario, ni se preocupó en la tarjeta roja del árbitro. Él se preocupó y se asustó y se agarró la cabeza, se preocupó del adversario. Lo que pone en evidencia que lo hizo sin querer. En cambio, en esta jugada, el jugador encima se le queja al árbitro, como anticipándose, diciéndole que él le pegó el balón. Ni se preocupó del adversario.
La Comisión de Árbitros juzga que Galaz actuó bien en el sentido de que no hubo intención de parte del jugador de Ñublense. Usted, claramente, esa explicación no la comparte.
No. Lo acabo de explicar.
¿Qué le parece que la Comisión juzgue esto de esa forma?
Que es una burrada.
¿Por qué?
Porque las reglas no lo dicen. Es una interpretación absolutamente tirada de los pelos y es como como buscar una causa de justificación. Es decir, como en los codazos, se buscan más causas de justificación para que los árbitros no expulsen. A ver, se va normalizando ese tipo de conductas y cada vez se va naturalizando la mediocridad técnica como producto, esa chatura técnica como producto de la chatura y de la mediocridad arbitral. Los jugadores, en ese contexto, no pueden desarrollar como corresponde su potencial técnico. Está contaminado precisamente por la falta de libertad que tiene el jugador para crear, porque vive permanentemente pensando en cualquier agresión o en cualquier error del árbitro que no le dé los derechos que él tiene consagrado por las reglas de juego. Cuando un árbitro, como en esa oportunidad, no expulsa está dando una ventaja deportiva injusta, porque a partir de ese momento ese equipo pasa a jugar con un jugador de más. Cuando los árbitros no cumplen con lo que el reglamento le está obligando taxativamente a realizar, están obviamente generando ventajas deportivas. Y eso es lo lamentable, porque después nos agarramos la cabeza quejándonos del nivel técnico de los jugadores. En la cancha, claramente Galaz falló.
¿Habría sido esperable que Piero Maza, desde el VAR, hubiese ayudado con una determinación más clara?
Sí, por supuesto. Acá no se puede soslayar. Digo más, esto que uno lo ve tan claro muchas veces estando ahí adentro, tiene más posibilidades de verlo con mayor claridad desde la televisión. Acá las cámaras, las imágenes, son irrefutables. Viendo eso, uno no puede equivocarse. Es una interpretación forzada para justificar la inacción y la omisión del deber.
¿Cuesta más explicárselo desde el punto de vista de que Maza es un árbitro consagrado, que lleva el parche FIFA y que en los últimos años ha sido considerado el mejor juez de Chile?
No, no tiene absolutamente nada que ver. Yo voy al Mundial, ahora que me contratan para ser analista arbitral nuevamente, mi sexto mundial como analista arbitral. Es decir, que a través de estos últimos seis mundiales que estoy analizando, uno ve claramente cómo va evolucionando el arbitraje a nivel mundial, pero también a nivel regional. Distintas latitudes en distintos continentes van adquiriendo distintas formas y a través de la conducta de los árbitros no se da cuenta el nivel y las características de quienes lo instruyen o quienes lo destruyen. Entonces lamentablemente uno ve en muchas ocasiones que llevar el parque internacional, lamentablemente no es automáticamente un sinónimo de orgullo y de satisfacción, porque vemos que árbitros mediocres y árbitros que no tienen un nivel para estar ocupando un sitial de privilegio, lamentablemente los tenemos que sufrir. Y lo vemos comúnmente en los partidos a nivel continental, en los partidos de Copa Libertadores o Sudamericana. Los horrores garrafales que cometen esos árbitros que no tienen ese nivel mínimo indispensable. Y uno se agarra la cabeza pensando e imaginando cómo llegaron. Pero eso es natural que así ocurra. En la Argentina tienen árbitros internacionales como (Andrés) Merlos, como lo fue (Fernando) Espinoza, que uno se pregunta, mejor dicho, uno ya sabe por qué llegaron, por todo lo que está ocurriendo en Argentina. Uno ya sabe porque lo viene denunciando desde hace ocho años, cuando todavía ellos ni siquiera estaban en Primera División. Uno ya lo venía denunciando sabiendo que iban a llegar a Primera División y ser internacionales. Entonces uno ahí se da cuenta que el solo hecho de tener un árbitro que tenga el parche internacional no es motivo para sacarse el sombrero y ponerse orgulloso. Porque uno sabe muchas veces que esas designaciones contemplan variables que no son precisamente las técnicas para adquirir ese sitial.
Ahora, desde ese punto de vista, ¿qué le parece una designación de Cristián Garay como el árbitro que va a representar al referato chileno en el Mundial?
A mí me hubiera gustado José Cabero, pero bueno, ¿qué va a ser? Son cuestiones de gustos y cuestiones también de relaciones personales que se tengan en la Comebol y en la FIFA.
¿Y Garay las tiene?
Sí, por supuesto, claro.
¿A través de la comisión, de Roberto Tobar?
Por supuesto que las tiene, obvio.
¿Pero los méritos, desde el punto de vista técnico, los discute?
A mí nunca fue un árbitro que me llenara por completo.
¿Por qué razón?
Porque no le veo condiciones para ocupar un lugar de privilegio.

Eso contrasta con la confianza que le ha dado Tobar durante toda su gestión. Le ha dado partidos importantes, como el Superclásico, por ejemplo.
Pero por eso reitero, bueno, a ver, por sus frutos los conoceréis. Es decir, para saber si es ritmo hay que verlo caminar. Digo, a ver, basta verlos deambular en un campo de juego y tener el producido que nosotros observamos a través de los distintos partidos para darse cuenta si realmente el árbitro tiene o no capacidad para determinado nivel. Entonces, bueno, obviamente que también intervienen, y mucho, esas relaciones que vayan estableciendo los árbitros a través del tiempo.
¿En quienes tienen la decisión de elegir un árbitro u otro?
Exacto. Pero obviamente que uno, el perfil de un árbitro, el árbitro ideal que uno busca para mejorar la realidad que nos rodea, uno lo encuentra en otro tipo de árbitro.
En términos generales, ¿qué le parece el nivel actual del arbitraje chileno, lo que ha mostrado en esta temporada de la Liga de Primera?
Me parece pésimo.
¿Así de drástico?
Sí.
¿Qué esperaría o por qué lo decepciona tanto?
No, yo no espero nada. Eso lo tiene que esperar el fútbol chileno, yo no. Es decir, uno juzga al arbitraje y lo ve. A ver, siempre, obviamente, yo no quiero generalizar, hay casos que son especiales, que hay árbitros que no... No quiero generalizar, pero en líneas generales, cuando uno hace un balance general, lo tiene que hacer. Usted me pregunta, yo le doy la respuesta. Ahora, ¿qué ocurre? Los que se tienen que quejar o aspirar a otra cosa, no soy yo, son aquellos que lo padecen.
¿Usted dice que los clubes se tienen que quejar respecto del arbitraje?
Bueno, sí, pero... Los simpatizantes no se tienen que quejar a los árbitros. Se tienen que quejar quienes los representan.
Se lo digo porque la U se reunió, en su momento, antes del Superclásico, con la comisión. Es una inquietud que está latente.
Bueno, es un tema que le corresponde a los presidentes. Uno hace el balance arbitral como lo hago en la Argentina. Me atrevo a hacerlo acá porque, obviamente, yo los conozco y estoy viviendo acá. Y veo el fútbol. Pero yo, por ejemplo, si yo no siguiera el fútbol, no haría un balance. Si yo, por ejemplo, me piden opinar del arbitraje uruguayo, le digo, no, mire, yo tengo una imagen, pero no la voy a hacer pública porque, obviamente, yo no estoy siguiendo el fútbol uruguayo, como el ecuatoriano o el paraguayo o el brasilero. Veo algunos partidos. Puedo juzgar un árbitro en la Copa Libertadores de América. Este me gusta o este no me gusta. ¿Qué es eso? Para mí, (Anderson) Daronco es un desastre. Pero digo, bueno, son opiniones personales respecto de lo que uno vio en un partido, pero yo no voy a involucrar a todo el arbitraje brasileño porque Daronco no me guste. ¿Me entiendes? Es así, lamentablemente, el arbitraje. Y aparte, hay momentos, hay subas, hay bajas en los rendimientos. Hay un clima de época que hay que tener en cuenta. El contexto en donde se tiene que analizar el arbitraje es muy variado y complejo. Ahora, si uno tuviera que definirlo con una palabra, me parece que no es obviamente buena esa palabra. Por eso elijo la palabra, el adjetivo, pésimo.
¿Se ha hecho más fluido el juego, como pretendía la Comisión, como una forma de contribuir a que el fútbol chileno tenga más ritmo?
Acá habría que discernir respecto de la diferencia que existe entre darle continuidad al juego y darle ventaja. Y la creencia errática, por cierto, que tener mayor cantidad de minutos netos de juego pasa porque el árbitro deje de sancionar infracciones. Esa creencia totalmente absurda lleva, precisamente, a obtener el resultado totalmente opuesto al deseado. Cuando uno escucha, en boca de quienes relatan el juego, diciendo que el árbitro está dejando jugar, en realidad lo que uno está observando es que el árbitro está dejando pegar, contaminando el juego con irregularidades, obviamente con situaciones ilícitas que el árbitro deja de sancionar, y para luego, esa contaminación que se veía traducida en un aumento en la irritabilidad de los jugadores, e ingresando en una espiral de violencia de la cual después no se puede volver porque los jugadores buscan hacer justicia por pie propio. En eso se está ingresando el arbitraje cuando quiere seguir a pies juntillas ese discurso de darle continuidad al juego. Cuando el camino, el recorrido que tiene que hacer, es exactamente para el sentido opuesto, hacer más prolijo el juego, darle a cada uno lo que le corresponde por ley, y una vez que el jugador se sienta seguro que está protegido por la ley, porque hay previsibilidad de la sanción, cosa que en este momento no se puede sentir, en este momento se vive la imprevisibilidad de la sanción. Entonces cuando el jugador siente esa previsibilidad, empieza a creer y a confiar en el árbitro, y en ese contexto de confiabilidad el jugador se siente libre para crear. Entonces deja de pensar que lo van a agredir, deja de pensar en buscar venganza, sabe que si comete una falta va a ser sancionado. Entonces esa previsibilidad va corrigiendo conductas y solo van a ir disminuyendo la cantidad y la calidad de las faldas. Cuando uno emprolija el juego lo hace más armónico, lo hace más confiable, lo hace más vistoso para los ojos del espectador. Cuando no se adelantan en los laterales, cuando no se ponen delante de la pelota, cuando no se ensucia delante del arquero para que no ponga en juego el balón, cuando no se simula porque saben que hay una tarjeta amarilla y que hay una sanción, y cuando no se tiran al piso por cualquier pavada, sobreactuando cualquier golpe, porque saben de que ese jugador o el árbitro no va a detener el juego por cualquier cosa. Obviamente que eso genera un clima más armónico, más placentero, no solo para el espectador sino también para el propio jugador. Y en ese ambiente el jugador deja las faltas, deja las brusquedades, piensa más en crear que en cometer infracciones y cortar el juego.
¿Qué le parece, entonces, el discurso de dejar jugar, de darle fluidez al juego, como plantea la Comisión?.
Es otra burrada.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
1.
3.
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE
















