El Deportivo

Cristian Garay: “La gente espera que el arbitraje sea perfecto, pero el fútbol no lo es y los jugadores tampoco”

El réferi chileno de 37 años es uno de los 52 elegidos por la FIFA para el Mundial de Canadá, México y Estados Unidos 2026. "Me costó entender que el descanso y la recuperación eran clave para rendir en la elite", confiesa. El último juez nacional que arbitró en una Copa del Mundo fue Enrique Osses, en Brasil 2014.

Cristián Garay, el juez del Superclásico, junto a Gabriel Castellón (Foto: Photosport) JONNATHAN OYARZUN/PHOTOSPORT

A sus 37 años, Cristian Garay logró el sueño de su vida. El árbitro chileno fue elegido por la FIFA como uno de los 52 jueces principales del Mundial de Canadá, México y Estados Unidos 2026, que se disputará entre el 11 de junio y el 19 de julio. Estará secundado por Juan Lara (VAR) y los asistentes José Retamal y Miguel Rocha. “Representar a tu país es el sueño de todo futbolista, pero también es el sueño de todo árbitro. Queremos hacerlo de la mejor manera posible. Nos hemos estado preparando para esta ocasión. Estoy muy feliz. Mis compañeros también. Mi familia, mis amigos, la gente que nos rodea. Ellos saben todo el sacrificio que hemos hecho para lograr nuestro objetivo”, asegura, en entrevista con La Tercera.

¿Cómo fueron el proceso y las pruebas finales?

Las selecciones de los árbitros parten con mucha anticipación. Termina el Mundial y ya se comienza a pensar en el siguiente. Año a año uno va recibiendo invitaciones a los seminarios, donde hay pruebas físicas, técnicas, psicológicas, un sinfín. Ya en la etapa final, seleccionan algunos árbitros por países y por confederación. Nosotros tuvimos la oportunidad, ya en la última etapa, de ir a un seminario de una semana en Río, en enero, donde nos tomaron pruebas físicas de intervalo 15-15; pruebas de velocidad en 40 metros, bajo 5,8 segundos; pruebas de agilidad, que son bajo 4,5 segundos y movimientos de cada 7 metros; pruebas de lactato, para ver el tema de la sangre, cómo está la fatiga; pruebas de salto; Yo-Yo test, que también es de intervalo. Es un sinfín de pruebas físicas y médicas para ver si estamos aptos de tobillo, rodilla, cadera, columna. No hay nada al azar. La idea es llegar en óptimas condiciones, saber que somos árbitros de elite.

¿Todas estas pruebas también son para sus asistentes?

No. Son solo para los árbitros centrales. Los árbitros VAR también tienen seminarios de análisis de jugada, video y procedimientos, pero ellos lo hacen en otro sector. Ellos tienen un programa diferente al de nosotros y que, obviamente, no es un programa físico, sino de interpretación de la jugada.

Roberto Tobar se desgarró en las pruebas finales del Mundial de Qatar, ¿realmente son tan exigentes y exhaustivas?

Sí, son pruebas bastante tensas, muy fuertes, donde uno tiene que rendir de la mejor manera. La clave está en la preparación. Trabajo desde hace mucho tiempo con Sergio Padilla, nuestro kinesiólogo. Él me ha ayudado mucho a entender cómo hay que trabajar en la elite. Tenemos a los masajistas Cristian Vargas y Carlos Maturana, que también son parte importante, cosas que la gente no ve. A mí me costó entender que el descanso y la recuperación eran clave para poder rendir en la elite. Así que ellos, en conjunto, me han ayudado a recuperarme rápido, a estar mejor, a poder rendir los días de partido y de entrenamiento. Eso fue clave en virtud de la preparación física. Trabajamos mucha fuerza y velocidad, para poder rendir y sentirnos seguros, porque, en el fondo, la idea no es solo pasar las pruebas, sino que sentirse seguro, capaz, y creo que eso fue lo que pudimos demostrar.

Cuando dice que le costó entender que la recuperación y el descanso eran claves, ¿a qué se refiere? ¿A que terminaba un partido y se iba de fiesta?

Cuando uno es más joven, cree que se puede comer el mundo. Arbitraba y al otro día iba a entrenar y entrenaba fuerte. Entendí que para rendir mejor hay que recuperar bien. Hemos tratado de apuntar hacia la elite. El sindicato de árbitros nos ha apoyado en esa preparación, comprando máquinas para recuperación, que son unas ondas de choque, sistemas de calor, sobre todo para prevenir lesiones, que es la clave. Cuando uno tiene muchas ganas, de repente cuesta entender que hay que darle un poco de descanso al cuerpo, sobre todo nosotros que trabajamos en el deporte. Me costó entenderlo un poquitito, pero claramente funcionó. Gracias a los expertos, pudimos andar mejor.

¿Cómo será su preparación estos meses hasta que empiece el Mundial? ¿Qué le falta?

Tenemos que seguir preparando el inglés, la parte sicológica, física y la alimentación. Son esos cuatro pilares. Estamos trabajando a full con los preparadores físicos para regular las cargas y los partidos. Desde que llegó la nominación, don Pablo Milad nos brindó todo su apoyo y ayuda para poder llegar de la mejor manera.

¿Cuándo supo que quería ser árbitro? ¿Cómo se inició en el fútbol?

Hice cadetes, hasta sub 15 más o menos. Jugué mucho en el colegio y en la universidad. Obviamente que el fútbol es lo primordial aquí. Para ser árbitro te tiene que gustar el fútbol, eso es lo primero. No conozco a ningún árbitro al que no le guste el fútbol, no estaría en su hábitat. Tengo una anécdota: cuando yo iba en cuarto medio, una profesora comenzó a hablar de las profesiones que tendríamos. “Usted va a ser doctor, usted arquitecto, ingeniero, profesor, etc.”. Entonces, cuando llegó a mí, me dijo: “Cristian, usted va a ser árbitro”. Yo siempre estuve ligado al deporte en el colegio, pero lo primero que pensé fue: “¿¡Árbitro!? Esta señora me está molestando, ¿cómo voy a ser árbitro?”.

¿Qué edad tenía usted?

17 años y no me vinculaba al arbitraje. Nunca me llamó la atención. No lo conocía ni a nadie que fuera árbitro. Son las casualidades de la vida. A lo mejor ella vio el futuro. Me terminó gustando el arbitraje en la universidad. Estudié Educación Física y, para tener algo de dinero, trabajé con algunos compañeros que ya arbitraban. Me enseñaron, fui creciendo. Me picó el bichito. Fui queriendo un poco más. Me metí a estudiar. Gracias a eso y a la ayuda que mucha gente me brindó estoy donde estoy. Es una carrera hermosa. Dejo a todos invitados a que puedan conocer el arbitraje. Nosotros tenemos una frase que es muy antigua: que la presión es un privilegio, y que no todos la van a obtener. Esa frase es mi motor para sentir lo que siento por el arbitraje, el sentir presión constante. Créame que es algo que no todos son capaces de tener y nosotros lo vivimos partido a partido, día tras día, porque no dejamos de ser árbitros 24-7. Tenemos que ser y parecer.

¿Qué árbitros han sido importantes en su formación?

Enrique Osses fue el que me rescató, el que me vio cuando yo estaba en la juvenil y me subió al profesionalismo. Me dio la oportunidad de participar en los cursos de jóvenes talentos que hacía Conmebol y pude ir creciendo. Ya después Roberto Tobar me entregó otras directrices, más en cancha, porque fue mi compañero, pudimos compartir en Argentina por el tema del COVID, hicimos muchos partidos juntos, y ahí, con lo que tremendo árbitro que es, pude aprender muchas cosas. Sigo con la idea de poder crecer aún más.

¿En qué club hizo inferiores? ¿De qué jugaba?

Estuve en Santiago Morning, después di vueltas por clubes de barrio, en diferentes lugares. Siempre he jugado de central, bastante rústico. O pasa el balón o pasa la persona, pero no pasan los dos juntos. Obviamente que era un poco más limitado técnicamente, para no decir malo. Me divertía con mis amigos. Soy de Santiago, toda mi vida. Jugaba en las plazas, en parque Maratón, en el Estadio Nacional, ahí en la rotonda de Rodrigo Araya, hay un parque grande y se armaban buenos partidos. Eso se perdió. La sociedad va cambiando, los niños también. Todo es diferente a cómo era en los años 90. Hay que adaptarse a los tiempos. Ahora el fútbol es con VAR. Antes había una cámara, ahora hay 15. El deporte evoluciona.

¿Usted cree que el VAR ha sido beneficioso para el fútbol, en términos de transparencia?

Sí, totalmente. El VAR es una herramienta muy útil, que da justicia deportiva a situaciones que son visibles para todo el mundo y que quizá el árbitro, en una fracción de segundo, no logró determinar. Creo que sí trae justicia deportiva, así que es súper beneficioso, no solo para los árbitros, sino para el fútbol en general.

Se comenta que los 52 elegidos tienen al menos un partido asegurado como juez central en el Mundial, ¿es efectivo?

No, no hay nada seguro. Solo hay que entrenar, mostrarse y, si nos dan la oportunidad, hacerlo de la mejor manera posible, pero nada es seguro.

Usted dice que es un privilegio sentir la presión, ¿cómo lo hace para que no sea una carga negativa?

Eso se va educando. El programa que tiene el INAF habla mucho de eso, tiene un aspecto psicológico importante. Uno adquiere carácter, liderazgo, valores como lealtad y justicia, que el arbitraje fomenta dentro de la disciplina. Se van forjando ciertos caracteres para la vida adulta, porque entran a estudiar niños que tienen 17, 18 años, tratando de encontrar el rumbo, y el arbitraje, al ser tan disciplinado, al tener una estructura muy estable y clara, les permite ser un adulto bastante funcional, que logra tomar decisiones, y no de cualquier tipo, sino decisiones importantes para la vida. Así que realmente invito a los niños de cuarto medio, o que están en la universidad, a conocer el mundo arbitral. El arbitraje necesita a las nuevas generaciones, a los nuevos árbitros, que tienen que ir apareciendo.

¿Lo reconocen en la calle? ¿Lo saludan, lo insultan?

He tenido la suerte de que la gente me saluda con cariño, siempre muy respetuosa. No he tenido ningún problema hasta ahora con nadie. Cuando uno va al supermercado o a lugares más públicos, la gente que me reconoce es la más futbolera, pero es mejor pasar desapercibido. El árbitro entre más desapercibido pase, mejor hace su función, así que mejor dejémoslo así, que nadie nos conozca.

¿Ha conversado con Piero Maza? ¿Cómo se tomó quedar fuera del Mundial en las pruebas finales?

Piero es una extraordinaria persona. Me ayudó mucho en mi carrera. Tuvimos la oportunidad de compartir varios seminarios, previo al Mundial. Él tiene más experiencia que yo, tuvo la oportunidad de estar en el Mundial Sub 20. Me entregó algunos tips. Siempre hemos tenido una relación muy buena, profesional, de amistad. Nos apoyamos mutuamente, dentro de la competencia. La idea era que pudiéramos ir los dos, pero esto es así. Piero me dio las felicitaciones y estaba contento por nuestra nominación.

Usted fue uno de los árbitros despedidos por Javier Castrilli y hoy está en el Mundial. Él dice que el arbitraje chileno es un desastre, ¿cuál es su opinión?

Para poder estar en el lugar donde estamos tienen que pasar muchas cosas, incluso cosas malas. Y con las cosas malas hay dos opciones: nos rendimos o hacemos que las cosas cambien. Todos los árbitros tenemos una mentalidad de crecer, de construir ante un error, ante algo negativo. Siempre la resiliencia ha sido nuestro mayor camino para poder conseguir nuestro objetivo. Entonces, cuando a mí me ocurrió, junto con mis compañeros, esta situación, tuvimos el apoyo de todos los sindicatos y los árbitros ante esta injusticia. Me sirvió para crecer, para entender que hay que seguir trabajando. Lo tomo con mesura. Ya es pasado.

¿Y el nivel del arbitraje chileno?

Creo que es muy valorado. Muy bueno. Y desde hace años, no desde ahora. Enrique Osses, Julio Bascuñán, Pablo Pozo, Carlos Chandía, Gastón Castro, Enrique Marín, Hernán Silva, Pablo Pozo, Roberto Tobar, Piero Maza. Todos estuvieron en finales internacionales. Es muy valorado. Siempre tiene gran participación en todas las competencias. Creo que nuestro nivel en general es muy bueno. Y detractores del arbitraje no solo hay en Chile, hay en todas partes del mundo. La gente espera que el arbitraje sea perfecto, pero el fútbol no es perfecto, los jugadores tampoco. Tengo una muy buena impresión de todos nuestros árbitros chilenos, no solo en el fútbol. Tuvimos a Valeria Palma, que fue la mejor árbitra del mundo en futsal. No es un hecho aislado. Tenemos árbitros en Big Soccer.

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