Opinión

El árbol tapa el bosque

EDUARDO FORTES/PHOTOSPORT

El arbitraje chileno está en crisis. Prácticamente ya no hay partidos donde no se genere alguna situación ilícita o fronteriza con la ilegalidad que quede sin sanción y/o se traduzca en una ventaja deportiva para el infractor absolutamente injusta. Detenernos en el caso Campusano, si debió ser expulsado en el partido que disputó Ñublense con la U, de nada sirve, porque nos reduciríamos a lo anecdótico.

El fútbol seguirá produciendo estos despropósitos y seguiremos escuchando “causas de justificación” sacadas de la galera. La coyuntura hace que el árbol nos tape el bosque. ¿Por qué dirigen como dirigen los árbitros? ¿Por qué se insiste con el error conceptual de creer que el solo hecho de ir al balón exime de cualquier consecuencia de riesgo para el adversario cuando no existe en Las Reglas de Juego ningún concepto que lo justifique, sino todo lo contrario?

La crisis del arbitraje es de carácter estructural, y para entender la problemática en su real dimensión resulta necesario abordarla en términos sistémicos, donde cualquier parte de ese sistema compromete la estabilidad del sistema todo. Las políticas cortoplacistas ya han demostrado que no arriban a buen puerto.

La omisión del debido cuidado y control sobre el aparato arbitral hizo posible que se fuera desarrollando un tejido de complicidades e influencias en las distintas conducciones, enquistándose en los tres territorios que componen el espectro del poder arbitral: ANFP, INAF y sindicato.

Con los años se fueron construyendo andamiajes normativos que hicieron posible la construcción de un poder propio que excede, en los hechos, al propio poder político natural de la propia Federación y de la ANFP. Ese entramado tiene de rodillas al fútbol chileno. Se enquistaron de tal forma que quienes pretendieran desactivarlos nunca tendrán un resultado positivo si no lo hacen en conjunto.

La discusión coyuntural pide cambios, y siempre que eso ocurre surgen nombres…, para que todo siga igual si no se transforman sus estructuras, y ya todos sabemos que resulta imposible concebir que algo cambie siguiendo los mismos caminos de siempre.

Por Javier Castrilli, exjefe de los árbitros de Chile.

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