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Alberto Fuguet: "Aeropuertos es un remix de mis libros de los 90"

<P>La nueva novela del autor de <I>Missing</I> sigue las vidas solitarias de padres que no quieren serlo.</P>

Primero fue un cortometraje, luego una novela. Antes, mucho antes, un error en un aeropuerto: deprimido y frustrado por un fracasado proyecto de película, Alberto Fuguet puso su cámara fotográfica en modo video y en un paneo general grabó, de casualidad, a un padre y a un hijo que no se hablaban. Fue la chispa que necesitaba: la escena dio vida a 2 horas, un corto lleno de silencios incómodos y tensión insoportable entre un padre y un hijo. Ahora sabemos qué pasaba: Aeropuertos, la nueva novela de Fuguet, llena los vacíos de esa historia.

Después de explorar las zonas oscuras de su familia en el alabado Missing, Fuguet vuelve a los jóvenes, los históricos protagonistas de su obra: adolescentes que no saben ser padres, hijos que no saben ser hijos. Hace años que Fuguet no sonaba tan parecido al Fuguet que escribió Mala onda.

"Una de mis deseos conscientes con Aeropuertos era no hacer Missing 2", dice. "Este libro es una suerte de remix de mis libros de los 90, pero desde un prisma más actual y experimentando. Es una novela larga, escrita en forma condensada, sobre los 90 y los 2000. Hay deliberadas citas a algunas de mis viejas novelas y por eso reaparece Lucas García, de Por favor rebobinar".

Mala Onda 2

Siendo concretos, la culpa es de Pablo Cerda, el actor que interpreta al desorientado padre de 2 horas. Le preguntó a Fuguet cómo había llegado su personaje a esa situación: "Eso dio paso a escribir una novela visual, con mucha elipsis, como una suerte de serie de televisión, donde solo puedes ver un capítulo por temporada, pero aún así, entender todo", dice el escritor.

Son seis capítulos, o escenas, que recorren y retratan la vida de Francisca, Alvaro y su hijo Pablo. Vidas dañadas, solitarias. Como en Mala onda, Aeropuertos arranca al final de una gira de estudios: en 1992, mientras esperan el vuelo que los traerá de vuelta a Santiago desde México, Francisca le cuenta a Alvaro que espera un hijo suyo. No alcanzaron a ser pareja, nunca lo serán. Tienen 17 años.

Fuguet muestra a sus personajes en 1998, 2006, 2007, 2008 y 2009. Mientras vemos cómo Pablo (llamado así en homenaje a Pablo honey, el disco de Radiohead) se transforma en un adolescente, también vemos que sus padres nunca dejan de serlo del todo. Especialmente Alvaro, un diseñador desordenado y disperso, que en algo recuerda al solitario Ariel Roth, de Velódromo, el último largometraje de Fuguet.

"Mi meta es que no haya diferencia entre mis libros y mis películas", dice. "Alvaro es cercano a Ariel, pero veo diferencias. Es menos héroe, más torpe, más dañado: partió bacán y termina fracturado. Es distinto tener una bici que un hijo y, en este caso, querer ser un buen padre cuando se han cometido cuatro mil errores. Y de todos ellos, el principal es querer tenerlo todo, sin renunciar a nada. Alvaro y Francisca quieren ser "jóvenes" y ser padres a la vez, y no sé si eso es posible".

Publicada esta novela, Fuguet ya está trabajando en la segunda parte de Mala onda. No será lo que esperamos. "Será muy distinta a Aeropuertos. De hecho, Matías Vicuña será otra cosa", dice.

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