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Cómo la obrera construyó su camino olímpico

<P>La maratonista Natalia Romero trabajaba en la fábrica de Bata, en Peñaflor, desde las 23 hasta las 7 horas. Tras terminar su trabajo nocturno, se dedicaba a entrenar. Es su sacrificada historia. </P>

En las paredes de la fábrica de zapatos y zapatillas Bata nació el sueño de la ganadora del Maratón de Santiago 2012, que le dio la marca para poder clasificar a los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Natalia Romero era una obrera más de la empresa, pero que en los mecánicos movimientos para hacer calzado, pensaba nada más en mejorar sus marcas.

Su "día" empezaba a las 23 horas. Natalia, entraba a esa hora a sus labores en la factoría de Peñaflor, su ciudad también. Y la jornada terminaba a las siete de la mañana del otro día. Se cambiaba de ropa, y a correr. En ese tiempo, el entrenamiento comenzaba cuando, al salir de la industria, tomaba una micro al Terminal San Borja, el Metro y corriendo llegaba al Club Manquehue para que Julio Uribe, entrenador y creador del grupo de runners Corre Mundos, la dirigiera.

"En 2008 ya le pedí que se dedicara totalmente a esto. Porque tenía potencial para llegar a donde estamos ahora, en unos Juegos. Dejó el trabajo y de ahí en adelante me empezó a ayudar a enseñarle a la gente con la cual yo trabajo. Y ella aceptó, porque lo de Londres era su sueño", dice Uribe, quien de lunes a sábado entrena a gente del barrio alto fanática del fenómeno del running y que a las siete de la mañana se reúne en el club fundado por la colonia alemana, en Vitacura, para luego ir a sus empresas. De hecho, entre las dirigidas de Uribe está la hermana del subsecretario de Deportes, Gabriel Ruiz-Tagle. A Natalia le encanta entrenar con esa gente. Se siente cómoda y querida. Recibe el apoyo completo del grupo y no sólo moral. Un par de auspiciadores que tiene para su carrera los consiguió con integrantes de ese grupo.

Natalia Romero corre al año entre unos 2.000 y 2.500 kilómetros. Para hacerse una idea, entre Arica y Santiago la distancia es de 2.050 kilómetros. "Está convertida en un tractor, le veo un gran futuro", dice Mauricio Santander, profesor de educación física y dupla de Julio Uribe en la dirección técnica.

Ese "kilometraje", producto de una férrea disciplina, le ha permitido mejorar sus marcas, y el objetivo para Londres es sólo mejorar la marca de Santiago. "De ahí para arriba, todo suma para hacer un mejor trabajo e ir a pelear a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016", agrega Uribe.

El técnico de Romero también lo fue de su marido, el también maratonista Miguel Meléndez, otro impulsor de que la esposa, de 32 años, se dedicara de manera profesional al deporte.

El viernes 7 de julio toma un avión a Berlín. Quitada de los medios, prefirió dedicarse completamente al entrenamiento y no desconcentrarse. Para eso, además no concentrará en la Villa Olímpica londinense. Estará unos 8 días en la capital alemana, luego irá a los Alpes, en Suiza, volverá a Berlín, y sólo el día antes del maratón femenino (5 de agosto) regresará a Inglaterra.

"Ha sido una carrera dura, de mucho sacrificio. Hay que ser realista, yo no voy ahora a buscar una medalla o pelear contra las mejores. Ya estar es bueno y es un paso para quizás más adelante conseguir algo más. Es un sueño llegar a Brasil 2016 y ganar una medalla allá", confiesa la atleta, quien además explica lo importante de su familia en la construcción de sus sueños y camino olímpico: "En los Panamericanos (Guadalajara, 2011) no aguantaba más estar sola, sin mi familia, ni entrenador, porque no me dejaron llevarlo. Y el día de la competencia no daba más de la pena y me sentía pésimo, sólo quería devolverme. Ahora hice todo por mi lado y van conmigo. Y con mi padre también, quien murió hace algunos años y quien le pido durante la carrera que me ayude a terminarla".

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