Política

Javiera Parada: “Si hay gente que tenía una expectativa de que yo iba a ser como la pasionaria chilena, lamento desilusionarlos”

El 17 de junio se lanzará el libro 'Sin nada que perder', de Penguin Random House, en que la actriz y gestora cultural hace un relato íntimo de su recorrido político, que la fue distanciado, en distintos periodos, de su cuna de izquierda. Un repaso de ese recorrido y de los hitos que aborda el volumen realizó en el programa de streaming de La Tercera, 'Desde la Redacción'.

10-06-2026. Javiera Prada. Foto: Pedro Rodríguez. PEDRO RODRIGUEZ

“Lo que cuento en el libro es que siempre he podido irme a dormir tranquila”, responde Javiera Parada al ser consultada en el programa de streaming de La Tercera, ‘Desde la Redacción’, por los tránsitos que ha dado su vida política y que relata en el libro ‘Sin nada que perder’, que se lanzará el 17 de junio, a las 19:00 h, en el Café Literario de Ñuñoa.

Actriz, gestora cultural, promotora en su momento de ‘Marca tu voto’, coordinadora de Arte y Cultura del CEP; hija de José Manuel Parada, asesinado en dictadura en el denominado ‘Caso Degollados’ y de Estela Ortiz, exvicepresidenta de la Junji, Parada militó en el PC, en Revolución Democrática y fue agregada cultural de la expresidenta Michelle Bachelet. Terminó renunciando a RD en medio del estallido social y con el tiempo llegó a convertirse en jefa de campaña de Ignacio Briones, militante de Evópoli, de centroderecha.

En conversación con la editora general de La Tercera, Gloria Faúndez, y Rodrigo Álvarez, repasó el porqué de sus decisiones y las conclusiones a las que, con el paso del tiempo, ha llegado.

Se transformó en una suerte de símbolo de tránsito desde la izquierda. Algunos hablan derechamente de que es una conversa, lo que la vuelve una figura polémica desde su mundo original.

Esto de como símbolo es algo que, para bien y para mal, me ha acompañado toda la vida. Empecé a hacer teatro y televisión muy chica, era muy conocida cuando tenía 9 años y a mi papá lo asesinaron cuando tenía 11 años. No es que fue una decisión mía transformarme en un ícono de la represión de la dictadura, sino que me tocó igual que les tocó a miles de personas en Chile durante los 17 años de la dictadura. Y claro, eso genera unas expectativas en la gente. Luego viví muchos años fuera de Chile, pero cuando volví, fui parte de la construcción de Revolución Democrática y parte muy activa del Movimiento por la Asamblea Constituyente, supongo que hay un grupo de personas que tenía ciertas expectativas políticas respecto a mí, que supongo que no cumplí, y eso es parte de la polémica que se levantó estos años de los que estamos hablando (...). Me quedo con la sensación de una vida política coherente que fue cambiando de instrumentos para hacer política, pero que no ha cambiado los valores y principios por los que he trabajado y luchado toda mi vida.

¿Qué pasa con la familia, de izquierda, con posiciones que ha tomado?

Te diría que sobre todo para mi mamá, Estela Ortiz, la decisión, sobre todo, de trabajar en la campaña de Ignacio Briones, fue muy dolorosa en su momento. Después de algunas semanas nos juntamos y almorzamos las dos en mi casa y me dijo, ‘Javiera, la verdad es que más allá de lo que yo opine, tú eres un ser humano libre y yo te voy a querer siempre y apoyo lo que tú hagas’.

Para un mundo de la izquierda se transformó en una suerte de persona non grata.

Puede ser, supongo, no lo sé la verdad. No solo ahora, sino antes, yo nunca me he podido hacer cargo de las expectativas del resto de las personas hacia mi persona. Lo que puedo hacer es ser coherente conmigo misma, cuando dudo de certezas que tenía, revisarla. Lo que cuento en el libro es que siempre he podido irme a dormir tranquila (...). Si es que si hay gente que se desilusiona de mí porque tenían una expectativa de que yo iba a ser como la pasionaria chilena, lamento desilusionarlos, pero yo soy Javiera Parada y Javiera Parada es una persona inquieta, curiosa y que nunca está tan segura de nada.

Ha sido dura con la izquierda, lo cuenta en el libro, por esto de que parte del sector se enamoró de la posibilidad de derrocar a Piñera, ¿no?

Sí. Eso yo nunca lo pude entender y fue lo que me hizo renunciar a Revolución Democrática. Al comienzo del estallido fue el Partido Comunista quien empezó con esta idea de la acusación constitucional y que Piñera tenía que renunciar. A poco, otras fuerzas políticas fueron como sumándose. Yo tenía muy presentes los momentos previos al golpe de Estado en que a través del Congreso y otras instituciones se desestabilizó el sistema político para luego poder justificar el golpe de Estado. Me parecía que desde la izquierda no podíamos caer en los mismos vicios y pecados políticos en los que incurrió la derecha durante el final de la Unidad Popular y la dictadura. No significa que no condenara. La carta que hicimos que se llama ‘Democracia es diálogo’ partía condenando las violaciones de los derechos humanos que habían ocurrido esos días.

Conversó en medio del estallido con el presidente Piñera.

Bueno, está en el libro (risas). Primero hablé con él cuando le fuimos a dejar la carta (...) y luego tuve una conversación telefónica con él, el 12 de noviembre, anterior a la cadena (nacional). Me llamó para preguntarme por las distintas vías institucionales para el cambio constitucional. Estuvimos hablando durante 40 minutos de las distintas opciones (...).

Esa noche el presidente Piñera llamó a un acuerdo amplio por la paz social y una nueva Constitución. ¿Cómo lo escuchó?

Angustiadísima. Eso también lo cuento en el libro. La violencia estaba desatada. Había mucha represión también y una presión de sectores de la derecha dura al presidente de volver a sacar a los militares. Esa era la decisión que el presidente tuvo que tomar (...). La cadena nacional, que estaba anunciada a las ocho o a las nueve y se demoró como dos horas (...). Cuando escuché al presidente, lloré. Hasta ahora me emociono porque tuve mucho miedo que nos enfrentáramos a una situación muy similar a la del 73.

Fue una de las primeras promotoras de un cambio constitucional. Hubo una larga vuelta y quedamos donde mismo.

Creo que no quedamos donde mismo. Sí siento que fue un fracaso de nuestra generación política. Estoy muy frustrada con lo que ocurrió en la Convención Constitucional, creí que teníamos una oportunidad de construir una Constitución del siglo XXI y no fuimos capaces (...), pero siento que durante estos años la Constitución ya no es la Constitución de Pinochet. Ha sufrido para bien bastantes cambios, tenemos una Constitución que creo que el uso ha ido legitimando.

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