Por Ignacio BadalLuces y sombras del agro postemporal: El norte embarrado, el centro inquieto y el sur más favorecido
La situación del agro en Chile hoy varía según la región y el cultivo. El reciente temporal golpeó con fuerza a la zona pisquera, pero mejoró la condición hídrica de una amplia zona, que va del Norte Chico hasta Los Lagos. Pero más allá de la contingencia, la agricultura vive un momento de claroscuro; con auges como el del avellano europeo, la leche y la carne; o problemático, como el de la cereza y otras frutas. Un escenario al que los aranceles de EE.UU. sólo le incorporan incertidumbre.

Personas que recorrían el borde costero de La Serena en estos días se encontraron con lechugas y limones que parecían recién cosechados. El temporal de lluvia que ha golpeado a la Región de Coquimbo provocó que el río Elqui arrastrara en su torrente hasta la playa a productos agrícolas que crecen en el valle.
Un botón de muestra de la fragilidad a la que se exponen los campos ante la fuerza de la naturaleza. Y que da cuenta que no sólo la industria de la uva pisquera se ha visto afectada por ella en la zona.
Pero al mismo tiempo, el potente sistema frontal, vinculado por los expertos al Fenómeno de El Niño, regó buena parte de un país que ha sufrido una de las peores sequías de su historia climática. Y aun se esperan más lluvias, las que podrían mejorar o empeorar las cosas.
Es que dada la particular geografía de Chile, que le permite gozar de una amplia variedad de cultivos de norte a sur, la abundancia de agua no es necesariamente positiva o negativa, pues depende del dónde, del cuándo y del cómo.
Al igual que las condiciones hidrológicas difieren región por región, la situación productiva y económica de la agricultura varía de norte a sur por zona o cultivo, viviendo algunos un periodo deslumbrante y otros, complejidades que los ponen en riesgo. Y que nuevas condiciones climáticas adversas podrían profundizar.

La golpeada uva pisquera
La norma de denominación de origen obliga a que la uva con la que se produce el pisco chileno debe nacer en los valles de Alto del Carmen, Elqui, Limarí y Choapa, donde se distribuyen sus más de 6 mil hectáreas de parras.
Fue la zona más golpeada por el reciente sistema frontal. Pero cuya agricultura, según el ministro del ramo, Jaime Campos, no sufrió daños estructurales.
Aunque sí “le pegó fuerte”, como admite Francisco Munizaga, presidente de la Asociación de Productores de Pisco, “con campos inundados y parras que se las llevó el río”.
“Tuvimos afectación importante en más de un centenar de cooperados, con inundaciones de parrones y daños en sistemas de riego. No hemos podido acceder a todos nuestros cooperados, porque no se puede llegar a los predios”, explica Claudio Escobar, gerente general de la Cooperativa Pisquera Capel, que agrupa a un millar de productores de uva.
No obstante, la vid pisquera está aún en latencia, sin hojas ni brotes, por lo que la lluvia misma no generó problemas más profundos en el sector, concordaron dirigentes gremiales.
Sí se observaron afectaciones en huertos de cítricos y campos de hortalizas, pero puntuales. Plantaciones de uva de mesa y de otras especies, como cerezos o paltos, también fueron dañadas, pero, dado que sus volúmenes son menores, no impactarían a la industria en general.
“Productivamente hay problemas acotados, pero nada de envergadura, a excepción de la zona pisquera”, comenta Víctor Catán, presidente de la Federación de Productores de Fruta (Fedefruta).
“Algo de la producción de uva se pudo ver afectada y, por lo mismo, podría haber menos producción de pasas”, advierte Juan Manuel Mira, de Chilealimentos, el gremio que incluye a las frutas procesadas.
Eso sí, la afectación severa se centró en la infraestructura, donde la mayor preocupación está en el sistema de regadío, con daños en canales, ductos y embalses, además de carreteras, puentes y caminos, que probablemente requieran millones de dólares para ser reparados.
“La problemática es logística. Por cortes de caminos, no se puede sacar la fruta de los campos y no puede llegar a las plantas de proceso o a los puertos para exportar”, explica Catán, de Fedefruta.
“En septiembre, las parras van a brotar y si no tenemos un sistema de regadío reparado, no se va a poder regar”, por más que la región haya sido abastecida de una gran cantidad de agua, advierte Munizaga.

La Región de Coquimbo ha sido la más duramente afectada por la extensa sequía que ha sufrido Chile, por lo que, mirando el vaso medio lleno del pasado temporal, fue acogido como una bendición por el agro.
En esta región, el volumen almacenado de agua pasó de 146 millones de metros cúbicos (10,8% de su capacidad) antes de las lluvias a un aproximado de cerca de 390 millones de m³ (29%) al 22 de julio, lo que más que duplicó el agua disponible.
“Vamos a recuperar reservas de agua para los embalses, que dura 3 a 4 años; se recargan los acuíferos, con lo que los rendimientos de los pozos profundos mejora muchísimo; y con la nieve, tenemos asegurado el riego de la temporada 26-27″, explica Antonio Walker, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA).
Dolor de cereza
Desde la Región de Valparaíso al sur, las lluvias fueron recibidas con beneplácito. Y hasta ahora no se observan grandes daños, salvo por el viento, que voló techos o rompió invernaderos.
“En términos estrictamente hídricos, las precipitaciones representan una noticia favorable para la fruticultura tras el prolongado periodo de sequía que ha afectado al país durante los últimos años”, dice Iván Marambio, presidente de Frutas de Chile, el gremio que agrupa a los exportadores frutícolas.
Sin embargo, existen escenarios para la fruta, el principal alimento de exportación del país, que van más allá de la contingencia climática. Sobre todo, en la principal especie que se vende al exterior que es la cereza, y que se produce desde la Región de Coquimbo hasta Aysén.
Si Chile exportó US$ 8.540 millones de fruta entre septiembre de 2025 y junio de 2026, 4% más que en la temporada anterior, la fruta fresca representó el 70,8% del valor exportado. Y las cerezas fueron US$2.820 millones, según la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa).
Sin embargo, ha sufrido dos temporadas de sobreoferta y bajos precios que han provocado severas pérdidas en buena parte de los productores.
“La caída en el precio de la cereza tiene una repercusión muy fuerte en la agricultura chilena en general y en los servicios que genera el rubro, porque son más de 80 mil hectáreas de cerezos, US$3 mil millones en exportaciones y 200 mil empleos”, advierte Walker, que es productor de cereza en el Maule.

El problema es que las expectativas apuntan a que, si las actuales condiciones se mantienen, la próxima temporada de exportación habrá un volumen superior de cereza que la pasada, por lo que nuevamente habrá un desafío comercial.
“Está dentro de las posibilidades tener un tercer año seguido de sobreoferta y bajos precios”, admite Catán de Fedefruta.
Los fruteros han estado en busca de abrir nuevos mercados para que la cereza no siga dependiendo tanto de China. Pero el camino ha sido más complejo de lo previsto. “Otros mercados distintos a China están creciendo, pero no a la misma velocidad que la oferta”, afirma Catán.
Las demás especies del centro
La zona central cobija a buena parte de la fruta que se produce en el país. Y más allá de la cereza, existen realidades disímiles para las demás especies.
Por ejemplo, la uva de mesa que, pese al impacto que sufrió en la Región de Coquimbo, tiene buenas perspectivas para el año, dado que se espera una ventana para los envíos hacia Estados Unidos, que permitiría una mejor comercialización con buenos precios.

La palta, principalmente en la Región de Valparaíso, vive un presente alentador. “El mercado interno sigue muy fuerte y eso ayuda bastante. Y en exportaciones sigue creciendo sostenidamente el mercado latinoamericano, especialmente el argentino”, explica el presidente de Fedefruta.
En la zona centro-sur, en tanto, donde se ubican las regiones fruteras por excelencia, O’Higgins y Maule, existe mayor incertidumbre, por un mal ciclo de precios de los demás carozos (duraznos, damascos y ciruelas).
“Los carozos tuvieron una temporada compleja el año pasado y este año van a seguir estando complicados”, dice Catán, aunque advierte que especies específicas como la ciruela europea, usada para fruto seco, ha dado resultados alentadores.

“Maule, eso sí, tiene manzanas, peras y kiwis, por lo que el sector allí se defiende más” del mal ciclo de los carozos, agrega Walker.
En cifras, la temporada de exportaciones frutícolas en general hasta ahora se mantiene en niveles similares a los del año pasado, con una baja de sólo 1,44% a 2,7 millones de toneladas exportadas, según cifras de Frutas de Chile.
Por especies, los kiwis, por ejemplo, han subido sus envíos en 21,9% en dólares. Las manzanas han crecido un 5,7% y las ciruelas, un 9,2%.
Avellano europeo, la estrella
Durante la temporada 2025/26, las exportaciones de frutos secos crecieron 85,5% a US$1.285 millones.
El gran impulsor fue el avellano europeo, cuyas plantaciones han crecido con fuerza entre las regiones del Maule y Los Lagos. Hoy representa el 43,8% de los frutos secos exportados.
En sólo cuatro años, el área plantada con avellano se ha duplicado, hasta 49 mil hectáreas, la segunda fruta con mayor superficie del país tras la cereza. La fuerte demanda internacional junto con beneficiosas condiciones climáticas han convertido esta especie en un boom.
El gran motor fue la llegada del gigante italiano Ferrero, que se instaló en Chile con dos plantas de producción de avellana sin cáscara -y espera levantar una tercera-, la que va a Italia para la producción de sus conocidos bombones y su pasta Nutella. De hecho, el país de la bota es el principal comprador de avellanas chilenas, seguido por Alemania y Polonia, mercados de fuerte demanda de la industria chocolatera.

Gracias a este crecimiento, Chile ya ocupa el segundo lugar del mundo como exportador de avellanas sin cáscara y lidera en avellanas con cáscara. Sus envíos crecieron 135,4% en valor a US$563 millones entre septiembre de 2025 y junio de 2026, según Odepa.
Las nueces, el principal fruto seco exportado, también exhibió buenas cifras, al aumentar un 58,8% en valor.
“Las nueces, eso sí, se han visto afectdas por el conflicto en Medio Oriente, porque los tránsitos se complican y hay exportaciones detenidas, pues buena parte de las nueces chilenas van a esa zona”, explica Catán.
Otras frutas que han recibido un positivo impulso son los arándanos y las frambuesas, de la mano de los productos congelados. Los arándanos aumentaron un 11% a US$734 millones y las frambuesas crecieron un 35% a US$112 millones, según Odepa.
“Del Biobío al sur, están viviendo un muy buen momento, desde el punto de vista de la rentabilidad, el avellano europeo y la frambuesa”, resaltó Walker.
El buen momento pecuario
Aunque la ganadería bovina se extiende desde la Región Metropolitana hasta Los Lagos, se concentra en el sur.
Y la leche y la carne viven hoy en día un momento deslumbrante, cuenta Walker. Tanto, que ha atraído incluso a inversionistas financieros, a apostar por el negocio.
“El sector lechero está en movimiento; este es el tercer año con aumento de precio de leche en el país, estamos aumentando producción y exportaciones”, cuenta Marcos Winkler, presidente de la Federación de Productores de Leche (Fedeleche). “Este año, la producción se va a mantener al alza”, añade.

Sin embargo, el sur también tiene su lado gris, centrado especialmente en las regiones del Ñuble y la Araucanía, con los cultivos tradicionales de granos: trigo, maíz. cebada, avena y canola, entre otros.
“El problema no es la productividad, sino la rentabilidad”, explica Gastón Caminondo, presidente del Consorcio Agrícola del Sur (CAS).
A inicios de año, el alza de los fertilizantes por el conflicto en Irán provocó un desbalance en los productores de granos, que impactó, aunque menos de lo que se temía. “Lo más probable es que la futura cosecha de granos va a ser superior a la pasada, y que mejoren los precios del grano, pero los costos de producción han subido 35%”, estima Caminondo. “Por la baja o nula rentabilidad hemos ido perdiendo superficie”, agrega.
Lo positivo es que los sistemas frontales no han dañado los campos, por lo que no habría que preocuparse de los cultivos anuales, añade el líder del CAS.
Temores y lecciones
El pasado temporal focalizó sus daños en el Norte Chico, pero dejó incertidumbres y lecciones para lo que viene en el corto y largo plazo.
Porque el Fenómeno del Niño no se ha acabado y podría extenderse hasta entrado el próximo año. Y las lluvias siguen siendo una amenaza, si llegan en el lugar y el momento equivocados.
“Esta lluvia es pura plata, dicen los viejos del campo. Pero el pronóstico de precipitaciones para los meses de septiembre, octubre y noviembre es mucho mayor a los años normales. Y ahí sí podemos tener mucho daño en la agricultura”, advierte el presidente de la SNA. Esto, dado que en esa época ocurre la floración y el cuaje de los frutos, por lo que, si se dan lluvias o vientos al estilo de lo que se vivió en las últimas semanas, las pérdidas serían de cientos de millones de dólares.
Esta semana se sumó también otro factor de incertidumbre: los aranceles de Estados Unidos del 12,5%, que afectan, entre otros, a las cerezas, manazas, arándanos y duraznos. “Golpean directamente en los márgenes de los productores, que asume la mayor parte del costo, pues no se puede traspasar todo a público”, explica Catán.

Los agricultores eso sí pretenden pasar un mensaje a las autoridades, a propósito del temporal. La lección, coinciden Walker, Catán, Mira y Marambio, es la necesidad de poner en marcha el plan de embalses, que considera 26 por construir, sobre todo en las regiones de Valparaíso, O´Higgins, Maule y Ñuble, para que no sólo almacenen sino que sirvan de amortiguador a las aguas que escurren violentamente de la cordillera para no dañar campos ni ciudades en los valles centrales.
“Si aprovecháramos el 20% del agua que se vierte al mar, podríamos duplicar la agricultura chilena”, dice Walker, en un recuerdo de lo ocurrido en el río Elqui.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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