Política

Luis Cordero: “La trayectoria del gremialismo permite entender mejor el gobierno de Kast que la importación de patrones extranjeros”

El abogado y exministro de Seguridad difiere de quienes en la izquierda y centroizquierda equiparan al mandatario con figuras como Trump o Milei. Las claves para entender al actual gobierno son locales, dice: “Tiene más que ver con Chacarillas que con Hungría”. Si la oposición no lee bien al gobierno, advierte, “corre el riesgo de no leer bien a la sociedad chilena”.

23-07-2026 LUIS CORDERO FOTO: PEDRO RODRIGUEZ PEDRO RODRIGUEZ

Fue una declaración de principios. Luis Cordero recuerda aquel primer encuentro con José Antonio Kast, durante su primera campaña presidencial, en 2017. Ocurrió en un ciclo organizado por la Sofofa y la UDP, en el que los candidatos presentaban sus programas de gobierno. Invitado como moderador junto a Isabel Aninat, el abogado recuerda con nitidez las palabras de Kast: “Yo soy de derecha de verdad. No soy ambiguo”. Entre los líderes que admiraba no citó nuevas figuras, sino a Margaret Thatcher. Cordero reconoció en su discurso el regreso del proyecto histórico delineado por Jaime Guzmán:

—Tengo la impresión de que lo que había ahí era una reivindicación del corazón del gremialismo y de la identidad original de la Constitución del 80. Por eso soy de los que creen que, en rigor, el arribo de Kast a la Presidencia es el arribo del gremialismo de los años 70 y 80 en Chile.

A casi cinco meses de dejar el gobierno, el exministro de Seguridad del gobierno de Gabriel Boric analiza la figura del Presidente Kast. Mientras buena parte de la izquierda hoy en la oposición, desde el Partido Comunista hasta el Frente Amplio, asocia al mandatario con figuras de la ultraderecha internacional, Cordero toma distancia.

Con su habitual elocuencia, el abogado sostiene que este debate exige cuidado y que conviene evitar las asociaciones con referentes extranjeros.

—En algún sentido, esta es la legitimación electoral del gremialismo. Entenderlo de esa manera permite comprender mejor nuestros debates y no confundirnos importando una discusión como si se tratara de Orbán o de Vox en España. Las claves del debate político, de las políticas públicas y del debate constitucional se entienden mejor a partir de eso. Tiene más que ver con Chacarillas que con Hungría.

Coincido con el exembajador Juan Gabriel Valdés: no veo indicios de ataques contra las instituciones por parte de esta administración.

¿Qué distingue a Kast de lo que hoy se conoce como ultraderecha?

Probablemente, en su tránsito electoral, buscó identificarse con ese mundo, sobre todo en los circuitos internacionales. Pero creo que su gobierno representa más bien la trayectoria local del gremialismo. Ese modelo político, constitucional y económico es el discurso de Chacarillas: la reivindicación de la modernización está en el centro de los documentos posteriores al golpe, en la agenda de reforma económica y social, en la representación constitucional, y Kast lo reivindica.

Luis Cordero piensa que “la discusión sobre la ultraderecha es relevante, porque esas fuerzas atacan las instituciones, las deslegitiman y descalifican su función. De esa deslegitimación se derivan sus discursos de sustitución autoritaria. Coincido con el exembajador Juan Gabriel Valdés: no veo indicios de ataques contra las instituciones por parte de esta administración”.

Y agrega:

—Este gobierno, pese a algunas posiciones de sus integrantes, está comprendiendo el pragmatismo que exige gobernar. También entiende que la sociedad chilena valora mucho la autonomía. Hay determinados temas valóricos que no tiene sentido plantear públicamente, porque la sociedad puede entenderlos como una regresión. Este gobierno reivindica el gremialismo histórico, pero en un contexto en el que el Chile de hoy no es aquel sobre el cual se construyó el gremialismo.

23-07-2026 LUIS CORDERO FOTO: PEDRO RODRIGUEZ PEDRO RODRIGUEZ

La exvocera Camila Vallejo dijo, en una entrevista reciente, que estamos gobernados por la ultraderecha de Trump y Milei. Y no solo ella ha opinado así…

Creo que las claves para entender este gobierno están en la trayectoria del gremialismo chileno. Es ahí donde hay que buscar su legitimación democrática y su proyecto político. Lo mismo ocurre con la izquierda y la centroizquierda: tienen una trayectoria local, difícil de comparar con las de los gobiernos progresistas de otros países.

No veo en este gobierno una forma de referirse a otras instituciones o a sus adversarios políticos como pueden hacerlo Trump o Milei.

¿Es un error identificarlo con esos referentes?

Es una opinión que no comparto. Esa identificación importa una crítica cuando, en verdad, el fenómeno tiene suficientes antecedentes para evaluarlo localmente.

¿Falta, desde la izquierda, un análisis más fino del personaje?

No veo en este gobierno una forma de referirse a otras instituciones o a sus adversarios políticos como pueden hacerlo Trump o Milei. Por eso uno tiene que entender, más bien, las claves locales. ¿Por qué? Porque es la única manera de comprender cómo la izquierda y la centroizquierda pueden transformarse, de cara al próximo ciclo electoral, en una alternativa política competitiva.

Kast viene de la UDI.

Sí. Creo que sigue siendo la UDI. No la UDI actual, sino la histórica.

¿Se diferencia de la derecha con la que a usted le tocó negociar?

Sí y no. Soy un firme convencido de que es bueno que la oposición llegue al gobierno, porque gobernar exige pragmatismo. Una cosa es ser una bancada opositora y otra muy distinta, una bancada oficialista, especialmente cuando se pertenece al partido que encabeza el presidente. Hay ciertos códigos que obligan a abordar las cosas con pragmatismo. Tenemos, además, un sistema presidencial muy fuerte, pero un sistema político muy fragmentado. Una ventaja de que las oposiciones lleguen al gobierno es que perciben las consecuencias negativas que esa fragmentación tiene para sus proyectos.

Él participó en procesos electorales, se sometió a las reglas y ganó una elección. Cuando uno cree en la democracia, cree en ella tanto cuando gana como cuando pierde.

Entre los rasgos que se atribuyen a la ultraderecha están el nacionalismo, el discurso polarizante y la tendencia autoritaria. ¿No reconoce algunos de ellos en la figura del presidente?

Hay que hacer distinciones. Vivimos tiempos de polarización y discursos divisionistas. La polarización se transforma en un indicador de identidad, y lograr una identificación específica produce rentabilidad dentro del sistema político. Pero estos fenómenos no son exclusivos de la ultraderecha: la izquierda puede caer en lo mismo.

Las elecciones de los últimos cinco años han estado marcadas por tres asuntos: migración, costo de la vida y seguridad. Otra cosa es importar el debate migratorio junto con el nacionalismo europeo. ¿El discurso migratorio y nacionalista de Vox puede trasladarse exactamente a nuestro país? Creo que no. Sería un error político significativo. El elemento común de esas fuerzas es que rivalizan con las instituciones y su propósito central es que la democracia no funcione. ¿Ese fenómeno está presente en Chile? Creo que no. La trayectoria del gremialismo permite entender mejor el gobierno de Kast que la importación de patrones extranjeros.

Pero el aprecio de Kast por el legado de la dictadura y su crítica a la política de derechos humanos, ¿no son problemáticos? ¿No lo desacreditan democráticamente?

Sí, lo son. Pero él participó en procesos electorales, se sometió a las reglas y ganó una elección. Cuando uno cree en la democracia, cree en ella tanto cuando gana como cuando pierde. Someterse a las reglas democráticas es también someterse a las reglas del sistema institucional. No es una novedad que Kast reivindique Chacarillas.

Es el primer presidente partidario de la dictadura.

Estoy de acuerdo. Pero la pregunta que deben hacerse la izquierda y la centroizquierda es qué hay ahí. Existe una validación, entre comillas, en las urnas de un proyecto que no es nuevo, sino que forma parte de la historia del sistema institucional chileno desde el golpe en adelante. Esa manera de comprender el mundo obtuvo una adhesión electoral que no se puede desconocer.

Ahora bien, su adhesión a ese mundo implica problemas. La sociedad chilena de hoy no es la sociedad de Chacarillas: no lo es en términos económicos, de pobreza ni de diversidad. Aquella era una sociedad explicada en términos homogéneos. Hoy no solo es heterogénea, sino que reivindica su diversidad y su sistema de derechos.

Este gobierno lo tiene claro. Por eso hay asuntos que no tiene sentido disputar públicamente, porque sus posiciones no son valóricamente prevalentes. Es lo que ocurre con las cuestiones de género o con la interrupción voluntaria del embarazo.

Comprender este gobierno desde su matriz gremialista permite comprender el problema local. No se van a ganar elecciones hablando contra Trump.

¿Qué arriesga la izquierda si no lee bien al gobierno?

Corre el riesgo de no leer bien a la sociedad chilena, de no tener un proyecto político para ella, sino para el progresismo internacional. Y, en un sistema democrático como el nuestro, eso se juega en las elecciones.

Vivimos momentos de mucha incertidumbre en el trabajo, la economía y la vida cotidiana. Tenemos desafíos en educación, salud, pensiones, recuperación de los espacios públicos y cohesión social, porque existe un problema severo con la soledad. El aumento de la expectativa de vida es una buena noticia, pero aumentarla para tener una vejez precaria o marcada por la incertidumbre en salud es problemático.

El desafío del progresismo es definir a qué Chile quiere hablarle. Comprender este gobierno desde su matriz gremialista permite comprender el problema local. No se van a ganar elecciones hablando contra Trump, por más que Trump incida en Chile a través de los aranceles y otros asuntos.

¿La izquierda tiene herramientas para volver a ofrecer una propuesta políticamente viable?

Tiene su historia, al igual que una parte de la derecha democrática. Podrá ofrecer una propuesta quien lea mejor los tiempos y, sobre todo, los desafíos del futuro. Los discursos divisionistas no son sostenibles en el largo plazo. No hay tranquilidad en ellos. La pregunta es quién proyecta una imagen de tranquilidad en la salud, la educación, las pensiones y la vida cotidiana.

Cordero advierte que en los próximos meses se realizarán elecciones en Brasil, Francia y Alemania, donde las nuevas derechas pueden disputar el triunfo:

—¿Cómo se leerá la elección de Brasil? -se pregunta- ¿Cómo se entenderá la disputa con Le Pen en Francia o los resultados de la AfD en Alemania? Sería un error creer que esos debates son trasplantables al país. Cada uno se explica por sus trayectorias locales. Puede existir un diálogo en torno a grandes argumentos globales, pero las elecciones se ganan con problemas y discursos locales.

Si cree que está gobernando la sociedad chilena de los años 80, probablemente cometerá un error muy grande.

Por cierto, la seguridad y la delincuencia son problemas reales, no los inventó Kast.

No. Seguridad, migración y costo de la vida han marcado las elecciones. Los especialistas hablan de un “voto mejorista”: votos infieles que se entregan a quien proyecta una mejor solución para los problemas de los electores. Ese es también el desafío de este gobierno. Si cree que está gobernando la sociedad chilena de los años 80, probablemente cometerá un error muy grande. El desafío de la derecha y de la izquierda consiste en definir qué país le proponen a una sociedad que quiere ser interpretada.

Al inicio del gobierno se le reprochó que seguía en lógica de campaña. ¿Ha cambiado esa actitud?

Creo que lo ha ido ajustando. No se puede gobernar permaneciendo en campaña, porque eso desgasta mucho a los gobiernos. El discurso de campaña es contingente y siempre interpelador. Si uno está en el gobierno y mantiene permanentemente ese discurso, es como si se interpelara a sí mismo. Eso tiene un costo.

Estamos en un momento de transformación del trabajo, la economía y la sociedad. Quienes están en el gobierno deben vivir en la contingencia, ser eficaces y obtener resultados, pero también necesitan reflexionar sobre el Chile que quieren gobernar.

Se ha dicho que la derecha tiene más capacidad para enfrentar la inseguridad y que la izquierda ha mostrado cierto complejo con el tema. Usted fue ministro de Seguridad, ¿lo advirtió?

Lo miraría a partir de los resultados. La administración del expresidente Boric tuvo el ciclo legislativo más importante en materia de seguridad: fueron 74 leyes significativas, fruto de la convicción del presidente y de los acuerdos entre el gobierno y la oposición. Me siento orgulloso de esos acuerdos. En tiempos de discursos divisionistas, el país logró grandes consensos en seguridad. Estos no solo implicaron aumentos de penas y cambios procesales, sino también una transformación del Estado. Chile enfrentó un contexto complejo fortaleciendo el Estado de Derecho, no el autoritarismo. Se entregaron más herramientas al Ministerio Público, más recursos a las policías y se perfeccionaron los instrumentos tecnológicos. El gran desafío ahora es la gestión.

La izquierda tiene que sentirse orgullosa de lo que hizo. Es un error considerar que la seguridad es simplemente un asunto de la derecha. El mundo progresista debe entender que en ella se juegan el bienestar futuro y la cohesión social. Los más afectados por la inseguridad no son quienes tienen más recursos, sino los más vulnerables. Si la izquierda y la centroizquierda tienen una vocación distributiva, no hay nada más distributivo que proveer seguridad como bien público.

Pero esas reformas produjeron ruidos en la izquierda.

Sí, por cierto. La discusión sobre entregar más atribuciones a las policías siempre es relevante. Pero cuando uno asigna mayores responsabilidades a las policías, los fiscales o los jueces, también los somete a un mayor escrutinio. Esta administración entendió que para abordar la responsabilidad penal juvenil el debate no consiste en reducir la edad, sino en focalizarse en el comienzo de las carreras criminales. Ese es el pragmatismo de gobernar. Uno puede tener la convicción de sus ideas, pero también gobierna con realismo y atendiendo al contexto en el que debe tomar decisiones.

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