Por Nelly YáñezEl foco de La Moneda para blindar la aprobación de Kast
Para el oficialismo, la reconstrucción de las zonas devastadas por los temporales constituye para el mandatario la prueba de fuego, con miras a recuperar los niveles de aprobación ciudadana que perdió tras el alza de los combustibles. Bajar de la línea de flotación -cifrada por Palacio en el 35% y caer al 30% o menos- la ven como un signo de alerta, que puede impactar su agenda.

A las 19.30 horas del jueves empezaron a llegar hasta La Moneda los timoneles de los partidos oficialistas a la segunda reunión de coordinación con el Presidente José Antonio Kast.
Cerraban una semana especialmente convulsionada. No solo por los estragos provocados por el sistema frontal que azotó gran parte del país -la primera prueba de fuego para el gobierno ante una emergencia natural-, sino que también por el desorden oficialista que le asestó un revés al despacho de la Ley de Reconstrucción en el Senado. A lo anterior se sumaron dos imprevistos: las acusaciones de la exvocera Mara Sedini sobre confabulaciones en el oficialismo para su salida, y la abrupta renuncia del subsecretario de Hacienda, Juan Pablo Rodríguez, tras dar positivo en un test de drogas.
La evaluación en La Moneda no es autocomplaciente, pero dista de ser negativa.

En la cita, el equipo político planteó que la megarreforma -el proyecto más ambicioso de la administración Kast- al final terminó siendo aprobada y que solo resta despachar la fórmula para compensar a los municipios. Y que si bien hubo críticas por la falta de celeridad en algunas zonas afectadas por la crisis climática -la más agresiva de los últimos 30 años-, hubo corrección, anticipación y un amplio despliegue del gobierno en terreno.
El propio Jefe del Estado se puso al frente de los operativos, con desplazamientos a las regiones del Maule, Coquimbo y Atacama, lo que visibilizó su rol. Un punto clave, ya que para los timoneles, el gobierno de Kast se juega -en parte- la recuperación del respaldo ciudadano en la reconstrucción de las zonas devastadas. Un apoyo -que hoy bordea el 37% en promedio-; que se desplomó a fines de marzo con la histórica alza de las bencinas producto de la guerra en Irán y que se ha visto golpeado durante la tramitación de la megarreforma.
A ello obedeció que en la cita se coincidiera en que mostrar resultados debe ser una de las prioridades destinadas a blindar la línea de flotación del gobierno en las encuestas, cuyo “piso psicológico” -aseveran fuentes internas- lo radican en el 35%.
Bajar de ese guarismo y, más aún, caer al 30% o menos es -para algunos- una luz de alerta. No solo porque quedaría en igualdad de condiciones en materia de respaldo ciudadano con el expresidente Gabriel Boric, cosa que no quieren. Lo grave -advierten- es su impacto en la agenda, ante la pérdida de fuerza para llevar adelante iniciativas más complejas en el área económica -vienen cambios al mercado de capitales y a las 40 horas- y en otras, como el indulto a los uniformados condenados por acciones cometidas durante el estallido social de 2019, que demandan republicanos y libertarios.
El modelo ante una catástrofe se venía ajustando desde la campaña, período en que el propio Kast formuló duros cuestionamientos a cómo Boric enfrentó los incendios y la reconstrucción en la Quinta Región y en las de Ñuble y Biobío. Incluso, en un posteo fechado en abril de 2023, señaló: “El presidente Boric prometió que los damnificados en los incendios tendrían una casa antes del invierno. No solo no cumplió, sino que a la primera lluvia fuerte colapsó todo. ¡Gobierno incompetente!”.
Conscientes de que con esa vara iban a ser medidos ante la primera tragedia natural -y que cualquier error o reclamo iba a convertirse en un foco de crítica de la oposición-, el equipo de Kast tomó decisiones tempranas.
Fue así como a fines de enero -cuando estaban en la Oficina del Presidente Electo (OPE)- todos los ministros designados debieron participar en una extensa jornada de formación con expertos del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), por instrucción de Kast. Un trabajo que se reactivó en el quinto consejo de gabinete, del 22 de junio, con el Plan Invierno, y en el realizado el pasado lunes 20, en medio de los temporales.
El diseño -según se revela en Palacio- tuvo como soporte la presencia de Kast en terreno, en las zonas afectadas. No solo para marcar un Estado presente, sino que para coordinar, dar contención a las familias afectadas y marcar un estilo propio bajo el parámetro del gobierno de emergencia.
La línea fue perfilada por el equipo que lidera el biministro del Interior y de la Segegob, Claudio Alvarado, junto a Cristián Valenzuela, director de Comunicaciones y Contenidos del Segundo Piso; María Paz Fadel, directora de Prensa de la Presidencia, y Felipe Costabal, director de la Secom. Desde el 19 de mayo, día del cambio de gabinete -que sepultó el modelo centralizado que se instauró al principio del gobierno-, este grupo se reúne todos los lunes, día en que planifica las estrategias comunicacionales, junto a la realización de acciones operativas como el envío de minutas a los ministerios para su posicionamiento temático y levantamiento de alertas.
A diferencia de Piñera -quien para estos casos usaba chaquetas rojas-, Kast lo hizo sin mayores identificaciones, a pesar de que en una visita a la Escuela de Infantería de San Bernardo utilizó una vestimenta estilo militar, hecho que le valió una serie de críticas en redes sociales, aunque Michelle Bachelet, Piñera y Boric hicieron lo propio en su momento.
La aprobación en la mira
Si bien el despliegue del presidente elevó la aprobación hasta cinco puntos en algunos sondeos de opinión pública, en Palacio observan con signo de interrogación los números que se avecinan para este fin de semana. Porque aunque insisten en que las encuestas no son para ellos una herramienta de decisión -como sí lo eran para Piñera-, admiten que sí monitorean las cifras.

Los cálculos en la sede de gobierno es que cuentan con una base de apoyo estructural superior a la primera vuelta y que hoy bordea el 35%.
Un cálculo en el que coinciden expertos en esta área, que hacen ver que el “piso psicológico” para Kast fluctúa justamente entre el 35% y el 30%.
“Al gobierno le rinde más ver maneras de blindar y proteger su línea de flotación, sea esta del 30% o del 35%, más que salir a buscar -al menos en esta etapa- a la gente que perdió”, sostiene Juan Pablo Lavín, gerente general de Panel Ciudadano UDD, quien advierte que es muy difícil recuperar con rapidez a las personas que se sienten defraudadas o desencantadas.
Hace ver que de acuerdo al último estudio de ese centro de estudios, un 30% aprueba todo lo que hace el gobierno; un 30% desaprueba todo (ambos conforman el grupo duro), y un 40% se mueve con otros códigos. “En el área de interés de este último segmento no está la política ni la ideología y, por tanto, moviliza sus preferencias de acuerdo a lo que le sucede en lo cotidiano -si suben o no las bencinas, si un amigo encontró trabajo o si a un familiar le subieron el sueldo-, eso lo extrapola a una aprobación o desaprobación del gobierno. Pero es un marcaje volátil”, sostiene.
A diferencia del perfil de los seguidores de Boric, la mayoría sub-35 y más de la mitad de voto voluntario, los de Kast están conformados por hombres, mayores de 50 años, de regiones e integrantes -en forma significativa- de la fracción de votantes obligados o menos politizados.
De acuerdo a la visión de Cristián Valdivieso, director de Criteria, es importante no jugar al límite e intentar aumentar los colchones de respaldo.
“Asentarse o apostar por el 30% o menos es una línea compleja para el gobierno, porque es renunciar desde muy pronto a buscar traspasar la frontera del voto duro e instalar con esa postura el precedente o apuesta temprana de que va a haber alternancia. ¿Y qué efectos políticos provoca eso? Que es más complejo aglutinar la votación en el Parlamento. Ya no va a rendir el negocio de quienes buscan generar alianzas, por ejemplo con el PDG, porque ese partido, sin duda, va a empezar a tomar distancia en busca de la alternancia. De ahí que el gobierno del Presidente Kast debiera apuntar a un 40%“, sostiene.
Recuperar los índices de aprobación, en todo caso, no es fácil. Porque -según advierten- hoy la economía desplazó los temas de seguridad y migración de los primeros lugares de la tabla de preocupaciones ciudadanas. El punto es que sus efectos, aunque el país logre llegar a crecer al 4%, no se van a ver de inmediato.
Para Camilo Feres, de Descifra, “el gobierno está jugando en una cancha que obviamente no es favorable, pero que es estable. Y creo que La Moneda está aprovechando esta ‘hora valle’, sin elecciones hasta los comicios municipales y regionales de octubre de 2028, para tratar de avanzar lo más posible en temas que considera estructurales”.
Con esa visión coincide el presidente de Evópoli, senador Luciano Cruz-Coke, quien afirma que “si el marcador es malo en tres años más, hay que preocuparse”. Pero que “hoy es el tiempo de aprobar las iniciativas que van a permitir que los objetivos del gobierno se cumplan en materia de seguridad y delincuencia, por un lado, y de crecimiento, desarrollo económico y empleo, por el otro”.
En el oficialismo -en todo caso- hay conciencia de otro factor: el frágil apoyo de los libertarios y parte del PDG, partidos que ya empezaron a librar una carrera para diferenciarse y ganar el posicionamiento de sus principales figuras -Johannes Kaiser y Franco Parisi-, lo que constituye un temprano elemento de presión para La Moneda, especialmente a nivel político y legislativo.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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