Por Francisco ArtazaConstanza Martínez: “Si no damos una salida al fracaso que puede haber permanentemente en el Congreso vamos a cosechar frustración”
La presidenta del Frente Amplio llama a dar más fuerza al trabajo de los alcaldes de izquierda y sumar otras voces y miradas para hacer frente al gobierno. "Nuestros principios no pueden ser camisas de fuerza, sino que un motor y una guía que nos permitan conectar con quienes no nos creen todavía", sostiene.

En medio de la ofensiva legislativa del gobierno, que ya logró sacar adelante el núcleo de la megarreforma, la presidenta del Frente Amplio, Constanza Martínez, quien va a la reelección el próximo 15 de agosto, se hace cargo en esta entrevista del complejo rol que enfrenta su partido y la oposición para hacer frente a los cambios que está empujando la administración de Kast y la urgencia de construir un proyecto que reconecte a la izquierda con los chilenos.
El gobierno logró sacar adelante con velocidad la ley de Reconstrucción. ¿Qué lecciones le dejó la forma en que se tramitó?
Creo que la megarreforma es la expresión más elocuente de un gobierno que ha sido de alguna forma añejo y autoritario. Sobre todo es un gobierno que les imprime incertidumbre a las familias chilenas. No tenían plan de seguridad, no tenían plan en materia de migración y utilizaron esos dos dolores como un caballo de Troya para hacer avanzar un proyecto que el único objetivo que tiene es darles beneficios a los que más tienen y que las familias chilenas tengan que pagar esa cuenta. Frente a eso entendemos que tenemos una posición de minoría numérica en el Congreso y, por lo tanto, lo primero que tenemos que entender es que la discusión no se puede cerrar entre las cuatro paredes del Congreso. No podemos parlamentarizar la discusión pública; si nos quedamos en las paredes del Congreso sólo vamos a cosechar frustración. Es deber de la izquierda otorgar una esperanza en un futuro que logre incorporar a todos y a todas. Tenemos que ser capaces de articular otras voces y visiones. Y creo que ahí, por ejemplo, es destacable el rol que han tenido nuestros alcaldes y alcaldesas en la discusión pública para darle racionalidad al debate. Esos son aprendizajes que tenemos que tomar.
¿Eso implica cambiar el tono y el tipo de discurso del FA?
Tenemos que ser una izquierda capaz de entender que no basta solo con tener la sensación de que tenemos razón, sino que tenemos que tener la disposición de ganar con la sociedad y de convocar a quienes no nos creen. Y para eso hay que hablar con sectores que están desafectados de la política, lograr que no sea solamente un discurso de palabras, sino de acciones concretas, tener un Estado presente y que logre llegar más a tiempo a través de las alcaldías, a través de los diputados de nuestra bancada, de la cual yo estoy muy orgullosa.
Desde el oficialismo han cuestionado que la oposición siguió el guion impuesto por el FA y el PC de no buscar acuerdos con el gobierno…
Nosotros hemos tenido disposición al diálogo. Hemos presentado propuestas, hemos ido a La Moneda. Pero el corazón de la reforma, el gobierno nunca estuvo disponible a cambiarlo. O sea, la idea de que esta es una reforma que beneficia a los más ricos y que eso sería el camino al crecimiento sin entender nada de lo que está pasando en nuestro país es una disposición muy radical por parte del gobierno. Tenemos un convencimiento de que el gobierno no ha querido dialogar. Y es el gobierno el que tiene el peso de la prueba, porque son ellos los que tienen la mayoría parlamentaria y la iniciativa presidencial. Y, por lo tanto, lo que más nos preocupa de la megarreforma no es si logramos o no un acuerdo. Como Frente Amplio tenemos la convicción de que cuando ganemos el gobierno la próxima vez nuestro deber es contrarrestar esta reforma con un proyecto de ley que cambie sus principios.
¿En el PS algunos dirigentes intentaron alcanzar un acuerdo con el ministro Quiroz?
La megarreforma es tan regresiva, brutal e indolente que no me parece tan relevante discutir sobre las diferencias tácticas de cada uno de los partidos, porque esa unidad de propósito hay que cuidarla. Eso puede sonar no confrontacional, yo creo que es lo adecuado para construir una amplitud que permita enfrentar al gobierno de Kast. Eso implica que tengamos flexibilidad para hablar con los distintos y que busquemos fórmulas para lograr tener una fuerza política y social que haga frente a la ultraderecha. Acá la posición del Frente Amplio ha sido clara: mientras no se tocara el corazón de esta reforma nosotros no estábamos disponibles para poner la legitimidad social de nuestro partido en ella.
¿Qué tan dramático hubiese sido que uno de los partidos llegara a un acuerdo con el gobierno? Cuando los senadores del PPD avanzaron en un acuerdo en invariabilidad, el golpe para la oposición fue enorme.
En reformas tan profundas como esta, uno tiene que tener la mirada de largo plazo y no dejarse tentar por cantos de sirena en que se intente plantear que el objetivo es un acuerdo, da lo mismo cual sea, eso es un error. Lo que tenemos que transmitir es una consistencia en la defensa de ciertos principios en los que este gobierno ha retrocedido. La desigualdad es un dolor muy grave en Chile y no es solamente un asunto de discusión política abstracta, lo vimos en la emergencia: es muy distinto una comuna que tiene recursos y tiene motobombas para sacar el agua. Por lo tanto, da lo mismo si llega a un acuerdo un par de senadores, lo que importa es la capacidad que tengamos para construir una mayoría y no renunciar a eso, sino que, a pesar de esa derrota, busquemos creativamente una forma de contrarrestar que tenemos minoría parlamentaria.

¿Siente que la oposición se unió con una mirada de proyecto de largo plazo o es una unidad ante la urgencia de enfrentar a un oficialismo que les está pasando por encima en el Congreso?
Tenemos que llegar a que sea una unidad estratégica y eso solo se logra con trabajo diario y concreto. El haber tenido que coordinarnos permanentemente por la megarreforma sí hizo que estemos más unidos que cuando partió este gobierno. Esa lectura en ningún caso es autocomplaciente. En esto el Frente Amplio entiende que tiene que trabajar con otros y también buscar a toda la gente que no siente que la política le hace sentido, pero que, por ejemplo, está muy complicada por el aumento del costo de la vida por el precio de la bencina. O como el caso del CAE, que este gobierno inventó que era un problema de los deudores y no una política pública mal diseñada.
¿Y cuál es el tono que debiera tener el Frente Amplio?
La gracia de este momento político para el Frente Amplio es que la propia militancia nos mostró una hoja de ruta que hay que implementar. Nuestros principios no pueden ser camisas de fuerza, sino que un motor y una guía que nos permitan conectar con quienes no nos creen todavía. Es muy importante que en estos dos años en que no vamos a tener elecciones pasemos del análisis de quiénes somos internamente a hablarle a Chile para enfrentar a una ultraderecha con propuestas concretas, con un modelo de desarrollo que haga sentido.
En su avance a nivel mundial la ultraderecha ha exacerbado el discurso más radical. ¿Sirve de algo enfrentarlo de la misma forma?
En el último tiempo a la izquierda y, particularmente, a la izquierda chilena le ha faltado mucho más internacionalismo, más latinoamericanismo. Esas no son discusiones setenteras, son discusiones que requieren que podamos con sinceridad, con empatía, con sentido de urgencia, otorgar ciertas respuestas. Hoy las personas no se sienten de izquierda ni de derecha, no porque no les interese la política, sino porque tienen contradicciones que hay que resolver. Y para eso tienes que ser capaz de dialogar con otros y abordar ciertas preocupaciones y miedos para los cuales yo creo que nuestro gobierno fue bien permeable para adaptar su propuesta y, por ejemplo, priorizar la seguridad como un elemento muy importante. Eso no es no ser de izquierda. Entonces, ¿por qué asumir el discurso que tienen otros sobre el Frente Amplio y andar respondiendo permanentemente si somos muy ultrones o muy amarillos, cuando sabemos quiénes somos? En vez de andar contestándole a un grupito muy pequeño que quiere que nosotros no existamos, debemos contestarle a la sociedad por acciones concretas qué es lo que queremos para Chile.
¿Y cuál es hoy la mejor forma de hacerlo?
Con que el municipalismo sea un factor hoy en el mundo, con el alcalde de Nueva York (Zohran Mamdani), con el alcalde Tomás Vodanovic, con el alcalde de Quito (Pabel Muñoz), con Kicillof en Argentina, entre otros muchos alcaldes que están teniendo una pega muy importante. Hay muchas formas que hay que mirar ahí, pero no pensarlo solo en la mera gestión, sino también desde la reflexión política. Nuestra reflexión política tiene que ser nuestro motor y guía para que esas ideas se traduzcan en acciones que muestran que el progresismo y la izquierda son la alternativa a las crisis que existen, que no son una cuestión excepcional, sino que son producto de un sistema que antepone la concentración del dinero en poquitas manos en desmedro de quienes viven de su trabajo. Es lo que hoy día también nos hace sentirnos parte del tronco histórico socialista.
¿Con qué herramientas la izquierda puede construir un proyecto de sociedad?
Creo que la única herramienta que tenemos como izquierda es la capacidad de construir una fuerza mayoritaria, y eso uno no lo puede hacer con mentiras o caudillos, sino con una construcción que invita a la sociedad a ser parte de este proyecto. A pesar de que sea muy difícil, porque hemos vivido derrotas que son duras y de las cuales hemos sacado aprendizaje, estos aprendizajes no pueden ser una forma de pedir perdón por nuestras ideas, sino que para avanzar, para construir en el futuro y, como dice la canción, la derrota tiene que ser siempre breve y un estímulo que te mueva, no una camisa de fuerza que no te permita actuar en la sociedad.
Hay gente que les reclama por redes sociales terminar con el “buenismo” con el gobierno...
Yo creo que la frustración ante un gobierno tan autoritario y tan añejo genera mucha rabia. Hay que acoger esa incertidumbre y rabia que no tienen solo los militantes. Si no logramos otorgar una salida al fracaso que puede haber permanentemente en el Congreso, sin duda que vamos a cosechar frustración. Y la frustración no se puede mirar a huevo, hay que transformarla en esperanza, en un objetivo concreto y común. Y para eso es que uno hace un partido. Hoy día tenemos una unidad partidaria y estamos en un momento en el que podemos convivir con esas distintas lecturas, pero que permiten hacer una síntesis común. Eso permite que pueda ser la presidenta de todo el partido.
El FA está en un proceso de elecciones internas, ¿la lista de su contendora Gael Yeomans tiene un planteamiento distinto?
Para mí el adversario es la ultraderecha. Y estamos en un momento partidario muy sano, donde el énfasis de la conversación está en la conducción más que en ideas de proyectos distintos. Yo estoy muy orgullosa de cómo en un momento donde la política se fragmenta, el Frente Amplio decidió unirse. Ahora viene un segundo paso, que no es partir de cero, sino tomar todo lo aprendido y avanzar a un siguiente nivel, que le permita tener más solidez al partido en regiones, que se escuchara y también se trabajara más directamente con nuestros concejales, con nuestras autoridades locales, de las direcciones regionales.

¿Dónde se siente más cómoda trabajando, con mayor proximidad al Partido Socialista o al Partido Comunista?
El propio Congreso (Ideológico y Estratégico) lo discutió y lo que más se recogió es que teníamos que tener una apertura y una no exclusión de todas las fuerzas que están haciendo la pelea contra la ultraderecha. Eso implica que seamos más bien articuladores de esa diversidad más que priorizar una política de alianzas que, además, está siendo sometida permanentemente a cambios y vaivenes. Nuestro propósito es la unidad de la izquierda y que logremos de alguna forma tener esta unidad en la diversidad, que es nuestra mayor fortaleza.
¿Qué otras conclusiones del congreso ideológico les permiten decir esta es la línea del FA?
La democracia hay que defenderla, pero también hay que emplearla. No podemos quedarnos cruzados de manos diciendo que tenemos razón o que el resto es muy malo, sino que tenemos que ser capaces de persuadir, de convocar, pero también de construir con otros. Si nos hablamos a nosotros mismos vamos a seguir fracasando. La necesidad de ganar desde la izquierda es algo a lo que no podemos renunciar. No podemos quedarnos simplemente en una izquierda identitaria, sino en una izquierda que no renuncia a ganar. Y eso es construyendo fuerza social y particularmente fuerza política. Son tan graves las cosas que hoy día estamos con peligro de perder que yo no quiero defender el pasado, no quiero defender un legado simplemente, quiero ofrecer un futuro. No podemos decir que fuimos buenos, tenemos que mostrar que un camino desde la izquierda le hace mejor a Chile y les hace mejor a las familias chilenas.
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