Diario Impreso

Concesiones de infraestructura

LAS CONCESIONES de infraestructura están rodeadas de mitos que distraen de sus virtudes. Tal vez el mito principal -recientemente publicado en una columna de este diario- es que las concesiones permiten que el sector privado contribuya con recursos para construir obras, colaborando con un Estado que tiene restricciones presupuestarias. Pero las concesiones no generan recursos: cuando una carretera concesionada se financia  con peajes, por ejemplo, no produce recursos adicionales. El Estado podría haber construido la misma carretera y cobrado los mismos peajes, con lo que pagaría el costo de inversión y mantenimiento, tal como lo hace el concesionario. Sin embargo, debido a deficiencias en las reglas de contabilidad fiscal, cuando el privado construye la obra, parece que hubiera aportado recursos a un Estado con limitaciones de gasto.

Las ventajas reales de las concesiones provienen de la integración de varios procesos bajo una misma empresa: la construcción, operación y mantenimiento de un proyecto de infraestructura. Esto significa que el diseño y construcción tomará en cuenta los costos de operación y mantenimiento, lo que puede generar fuertes ahorros durante la vida del proyecto. Si la licitación por la concesión es competitiva, esos menores costos se traducen en ahorros para los usuarios y para la sociedad en general. En países en que el mantenimiento de la infraestructura pública es menos importante para los políticos que inaugurar nuevas obras, al menos las concesiones tendrán el mantenimiento adecuado, ya que la presión de usuarios que pagan peajes se puede transformar en un riesgo político para el concesionario.

En el caso de hospitales, hay menos evidencia internacional de las ventajas de las concesiones. Sin embargo, los dos hospitales concesionados en Chile muestran buenos resultados: hospitales con diseño de alto estándar -premiados internacionalmente- construidos con retrasos  menores que los de  sus equivalentes estatales. Los problemas que han enfrentado estos dos hospitales tienen más que ver con las deficiencias de los sistemas de salud -falta de médicos o diseños de prestaciones reducidas por restricciones presupuestarias del ministerio- que con el hecho de ser concesionados.

Los inconvenientes de las concesiones aparecen cuando se las maneja mal y el Estado permite que los concesionarios aprovechen su relación para explotarla. Esto puede ocurrir cuando se renegocian los contratos. Si se amplía una autopista congestionada, por ejemplo, puede ocurrir que el concesionario negocie de manera de obtener una parte mayor de los beneficios sociales de lo que sería justo, ya que no enfrenta competencia.

En resumen, las concesiones pueden ofrecer una contribución valiosa a la infraestructura de un país como Chile, en un estado intermedio de desarrollo. A la vez, tienen riesgos que requieren una institucionalidad independiente para evaluar y supervisar la calidad prometida, y que los cambios a los contratos sean justos para las partes.

Ronald Fisher
Académico Ingeniería Industrial U. de Chile

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