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El estado de abandono de la fundación que le prometieron a Ana González

<P>A 13 años de que se le otorgara personalidad jurídica y a dos de la muerte de la actriz, premio nacional de Arte, la fundación no registra actividad y la Sala El Angel, el teatro donde iba a funcionar, sigue arrendado a una cadena de cine porno.</P>

Son las 11 de la mañana y Vicky ya está de fiesta. No hay más de cuatro tipos en la sala y en la pantalla grande una siliconada pelirroja hurga desesperada la entrepierna de dos musculosos con tatuajes de calaveras y corazones atravesados por espadas. Afuera hay señoras en busca de telas para camisas de dormir y caballeros con bufanda cambiándole la correa al reloj, y oficinistas cortando la mañana con un espresso a la vena y galletitas de chocolate. Pero en el subterráneo del número 263 de la Galería El Angel, en una de esas tantas viejas galerías del centro que son todas iguales y que huelen a humedad y a mejores épocas, la protagonista es Vicky, la estrella de Intoxicación anal 2, una de las dos películas que animan el rotativo diario del Hard Cinema, la sala de cine que cobra $ 2 mil por ver las fiestecitas de Vicky y ocupar el baño de varones como motel parejero.

Ramón, el hombre de la ventanilla, "sólo corta los boletos", y le importa un carajo lo que pasa allá abajo. Pero este tipo de pocas palabras, que se molesta con las preguntas y que parece que ha pasado una vida entera haciendo lo mismo, sabe que esta historia podría ser distinta, que aquí debería estar funcionando otra cosa, algo muy distinto al menú diario de sexo acrobático y gemidos por altoparlante. Algo que le prometieron a la que muchos consideran fue, nada menos, que la mejor actriz que haya parido esta tierra: la Fundación Ana González.

La sala de triple equis funciona donde antes lo hacía el Teatro El Angel, el mismo espacio que en julio de 1997, cuando el alzheimer ya había jubilado tristemente de los escenarios a la "Desideria", fue señalado como el sitio que albergaría una fundación con su nombre y que programaría grandes clásicos y obras independientes. Ubicada en una galería a la que se entra por calle Estado o por San Antonio, ésta fue casi una segunda casa para la mujer que murió en febrero de 2008.

En 1971, y junto a otros cinco inversionistas (entre ellos, el dramaturgo Alejandro Sieveking, la actriz Bélgica Castro y María Luz "Lute" Sotomayor, la arquitecta peruana que cuidó por años a la fallecida actriz), la mujer que fue premio nacional de Arte en 1969 compró esta vieja sala de cine y la reacondicionó para que funcionara como teatro. Tres años después se hizo de las partes que correspondían a los otros dueños y se quedó como única propietaria de un espacio que iba a ser la sede de su fundación desde fines de los 90.

Viuda, sin hijos ni familiares cercanos, la "Desideria" quería legar un "espacio para el arte" y, finalmente, el 29 de julio de 1997 la Fundación Ana González obtuvo personalidad jurídica -otorgada por el Ministerio de Justicia- y confirmó a un directorio que iba a sesionar cada tres meses y que integraban, entre otros, los actores Ramón Núñez y Héctor Noguera, y el director Fernando González. Un año después, en mayo de 1998 y cuando cumplía 83 años, la vieja y querida "Desideria" apareció en Viva el lunes, de Canal 13, y detalló el plan para concretar su sueño: vender las 180 butacas del teatro y costear con eso el mantenimiento de la fundación. Juan Carlos Avatte, el empresario de las pelucas, se puso con cinco asientos, y Don Francisco, con otros 10.

Pero a 13 años del anuncio y dos de que la "Desideria" partiera al otro mundo (y que todo su patrimonio, incluido el teatro, quedara en manos de "Lute"), nadie sabe cómo explicar por qué de la fundación nunca más se supo y por qué sigue funcionando allí un rancio antro del porno capitalino. "No se hizo nada y es una verdadera pena lo que pasa ahí", admite González, mientras que Núñez explica enfático que nunca fue "llamado, ni convocado ni invitado a participar, vigilar, supervigilar u organizar algo relacionado con la fundación". Noguera, otro que fue cercano a la "Desideria", estima que se "debió haber cumplido su voluntad", y también reconoce que nunca fue llamado para reunirse y organizar siquiera alguna primera actividad relacionada con la fundación.

Nadie lo dice directamente. Es más: todos ellos se excusan de meterse en "temas personales y privados". Pero todo apunta a que "Lute", la actual administradora del patrimonio que dejó Ana González, es la responsable de que esto nunca haya funcionado. "Me la topo dos o tres veces al año", cuenta Noguera, "y algunas de esas veces me ha dicho que nos va a llamar y que vamos a hacer algo con la fundación, pero la verdad es que nunca lo ha hecho".

Fernando González cuenta la misma historia: "Vivimos cerca en el Parque Forestal, pero nunca me ha dicho una sola palabra sobre la fundación". Núñez prefiere la ironía ("me imagino que el porno es rentable"), pero carga con el triste peso de una promesa incumplida: "(ella) ya estaba enferma, pero me lo pidió. Que la ayudara a montar su fundación. Le dije: 'Mira, Anita, si no me muero antes que tú, cuenta conmigo'. Y mira como está esto".

De "Lute" se sabe poco y nada. Contesta el llamado de La Tercera y corta antes de que termine la primera pregunta. Abelardo Ramírez, asistente de la administración de la galería donde está el Teatro El Angel, cuenta que "de repente se viene a dar una vuelta", pero que no falla en ir a recoger cada 30 días la mensualidad de un recinto que ya suma más de 15 años dedicado al cine erótico.

Consultados los estatutos de la fundación -inscrita finalmente en octubre del 97-, se puede ver que no existen denuncias ni fiscalizaciones, pero queda claro que el proyecto está en situación de abandono al no registrar movimiento alguno desde que se inició. Juan Carlos Avatte, el hombre que compró cinco butacas en Viva el lunes, contesta brevemente que "anuló" esa entrega "por razones personales" y que se lo comunicó oportunamente a Ana González cuando aún estaba viva.

Fuentes del Ministerio de Justicia confirman que la fundación "todavía está vigente" y que no reporta procesos de fiscalización, tema sensible en estos casos, ya que se trata de organizaciones "sin fines de lucro" y que no declaran impuestos. Pero coinciden en que pudiera haber una irregularidad, considerando que en los estatutos de la fundación se indica que el Teatro El Angel será consagrado a "actividades culturales", declaración que contrasta con lo que ofrecen chiquillas como Vicky. El tema de fondo es que el Ministerio de Justicia no puede iniciar una investigación por iniciativa propia, si es que antes no lo hace alguno de los mencionados en el directorio de la fundación o algún familiar cercano de Ana González.

María Fernanda García, directora del Sindicato de Actores (Sidarte), no está dispuesta a ser ella la que intervenga en este tema, más que nada por un asunto de "respeto por la voluntad de Ana de que fuera la 'Lute' la que se hiciera cargo de todo".

A ella también le preocupa la situación, y comenta que hace un par de años, cuando murió la actriz, Sidarte quiso ponerle el nombre de "Ana González" a la sala principal de su teatro. Pero las reuniones con "Lute" no llegaron a buen puerto. Básicamente, nunca recibieron el visto bueno. Algo parecido piensa Gabriela Medina, actriz de la vieja guardia que compartió roles con la "Desideria", incluso en el mismo Teatro El Angel: "Nunca fue fácil llegar a ella, porque 'Lute' la cuidaba muy celosamente. Quizás si hubiera sido distinto, nada de esto estaría pasando". En el Hard Cinema entran más tipos y sigue la función. Aunque no, precisamente, la que esperaba la vieja y querida "Desideria".

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