Hernán Rivera compara el desierto de Atacama con Macondo y Comala
<P>Creció y trabajó como obrero en el norte salitrero. Y lo convirtió en escenario de sus libros más populares. Allí transcurre también <I>El arte de la resurrección</I>, que se inspira en la figura real del Cristo de Elqui y que le valió el Premio Alfaguara.</P>

Ni casto ni tonto grave. El Cristo de Elqui de Hernán Rivera Letelier es un predicador, un místico, acaso un iluminado, pero no un santurrón. Recorre Chile con sus prédicas. Sana enfermos, reparte bendiciones y anuncia el fin de los tiempos. Tiene una corte de apóstoles, pero le falta una compañera. Una discípula devota. Su peregrinaje hace un giro cuando oye hablar de María Magdalena: una prostituta de la oficina salitrera Providencia, creyente en Dios, la Virgen María y una de las mejores en su oficio. El Cristo de Elqui no lo duda: ella es la oveja que espera. El Altísimo la ha puesto en su camino. Y parte al norte a buscarla.
Así arranca El arte de la resurrección, la nueva novela de Rivera Letelier. Una historia de creyentes, meretrices y obreros. Con ella, el escritor obtuvo el cotizado Premio Alfaguara, que entrega 130 mil dólares (unos 86 millones de pesos). "Este es el primer milagro del Cristo de Elqui", bromeó en la premiación, celebrada ayer en Madrid. La novela, que está a la venta en Chile y España, lo llevará de gira por 20 países y es el primer título que el sello editará como libro electrónico. El arte de la resurrección se inspira en un personaje real, Domingo Zárate Vega. Con aspecto de ermitaño, barba larga y vestido sólo con un sayal, predicó por Chile entre los años 30 y 40. Tras su muerte, en los 70, Nicanor Parra lo convirtió en protagonista de uno de sus grandes libros: Sermones y prédicas del Cristo de Elqui.
En su novela, Rivera lleva al personaje al desierto salitrero, el paisaje donde creció y trabajó, escenario de sus obras más populares (La reina Isabel cantaba rancheras, Santa María de las flores negras). "El desierto de Atacama es mi Comala, mi Macondo, mi Santa María", dijo con soltura, en referencia a los escenarios de Rulfo, García Márquez y Onetti.
Zárate llega a la oficina de Providencia, conocida como La Piojo, en plena huelga obrera. María Magdalena está a punto de ser desalojada por apoyar las demandas de los obreros. Y el predicador, acusado de fraude por el cura del puebo, genera tal alboroto entre la gente que es detenido por agitador.
Con un epígrafe de Sermones y prédicas, el libro debe su título a un verso de Parra. Pero está lejos del poder radiactivo del antipoeta: el Cristo parriano es más iconoclasta y político. Publicado en 1977, fue la voz que usó para denunciar la situación política: "El pueblo chileno tiene hambre/ sé que por pronunciar esta frase/ puedo ir a parar a Pisagua/ pero el incorruptible Cristo de Elqui no puede tener/ otra razón de ser que la verdad".
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