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La ciencia ficción no nació con Julio Verne

<P>Lucian de Samosata escribió en el siglo II d.C. una obra que ya incluía batallas espaciales y seres similares a robots. El relato, considerado como la primera novela del género, influyó en los estudios de científicos como Da Vinci y Kepler. </P>

TRAS abandonar una enigmática isla cubierta por viñedos que son en parte vegetales y en parte mujeres, y donde también es común ver huellas de gigantes, la nave que transporta a Lucian y sus compañeros es alzada en los aires por un poderoso tornado que los hace viajar siete días. Su destino final es la Luna, donde se involucran en la guerra que sus habitantes y el rey Endymion sostienen con Phaeton, rey del sol, a causa de los planes lunares de colonizar Venus. Ambas fuerzas se enfrentan en cruentas batallas espaciales hasta que los ejércitos solares vencen mediante un bloqueo que evita la llegada de la luz estelar al satélite.

Aunque esta historia parece elaborada por alguno de los maestros de la ciencia ficción moderna, como Isaac Asimov o Ray Bradbury, en realidad es un relato del siglo II d.C. Precisamente, diversos expertos plantean que La historia verdadera, de Lucian de Samosata (originario de Siria y uno de los mayores representantes de la sátira griega), es el primer ejemplo de este género, que se popularizó en el siglo XIX y que desde sus orígenes ha sostenido una estrecha retroalimentación con la ciencia formal.

En una reciente charla realizada en la Universidad de Cambridge (Inglaterra), Justin Meggitt, director académico de Estudios Religiosos y Obras Clásicas, afirmó que la novela puede ser considerada "parte de la clásica tradición narrativa de viajes que se remonta a la Odisea de Homero, compuesta algunos miles de años antes, pero obviamente tiene paralelos con la

Temática que se repite

ciencia ficción más contemporánea".

A comienzos del siglo XIX, las novelas que sentaron las bases modernas del género, como Frankenstein, de Mary Shelley, dejaban entrever principalmente la fascinación que existía en la época por nuevos hallazgos en campos como la medicina y la electricidad (incluyendo la revelación del médico italiano Luigi Galvani de que esta última era el medio que usaban las células nerviosas para enviar señales a los músculos). Sin embargo, la obra de Samosata (125 d.C.-190 d.C.) revela un rango mucho más amplio de temáticas que se repetirían siglos después en relatos de autores como Julio Verne (De la Tierra a la Luna) y H.G. Wells (La guerra de los mundos).

Entre los tópicos de La historia verdadera destacan los viajes al espacio exterior, encuentros con alienígenas (hombres con forma de hongos o con rostros de perro), guerras interplanetarias y colonización de planetas. También se mencionan telescopios (los habitantes de la Luna podían ver lo que ocurría en la Tierra mediante lentes especiales) e, incluso, la creación de seres artificiales similares a robots.

Meggitt explica a Tendencias que la intención original de Samosata era más bien hacer una sátira de los narradores que en su época se dedicaban a "plasmar mentiras" en sus grandilocuentes relatos de viajes. Pese a este afán, y aunque las dosis de tecnología propiamente tal no son altas, el académico está convencido de que sí hay una descripción deliberada de "varias ciencias emergentes en su época, como la historia natural, la geografía, la antropología y la astronomía".

Al respecto, el historiador de la ciencia ficción SC Fredericks escribe en Science Fiction Studies que Lucian cumple con describir un mundo radicalmente distinto al nuestro, pero que aún resulta reconocible. Y aunque su manejo de la astronomía no es demasiado fino, al menos "sí llega a describir otros cuerpos celestiales como mundos que operan a la par con el nuestro".

La principal influencia de Samosata era la tradición griega, que en el siglo II d.C. ya había generado varios avances en el estudio del espacio. Por ejemplo, en el siglo IV a.C. el matemático Eudoxus de Cnidus ya había creado modelos geométricos y tridimensionales para intentar explicar el movimiento de los planetas (aunque el investigador planteaba que éstos giraban alrededor de la Tierra, idea que fue modificada un siglo después por Aristarchus de Samus, que propuso el primer modelo en que la Tierra y sus vecinos giraban en torno a un sol). Por esa misma época, además, el astrónomo griego Heraclides Ponticus se atrevió a teorizar que la Tierra rotaba sobre su propio eje.

Unos trescientos años después, pero dos siglos antes de que naciera Samosata, se creó el Antikythera, un dispositivo hallado en 1900 en un naufragio. Se trata de un aparato que tiene sofisticados y diminutos mecanismos similares a los de un reloj y que fueron diseñados para calcular los movimientos del Sol, la Luna, los planetas y que se considera el ejemplo más antiguo de un computador análogo.

La influencia de estas innovaciones se traspasó a Samosata con una visión que, a su vez, influyó tanto en el género de la ciencia ficción como en diversas ramas de la investigación tradicional.

Tras la primera impresión europea de sus manuscritos en 1499, las mejores mentes del Viejo Continente se fascinaron con sus descripciones. Damian Kalitan, del Instituto de Filología Clásica de la U. Jagiellonian (Polonia), escribe en un estudio sobre Samosata que figuras como Leonardo da Vinci y el matemático alemán Albrecht Dürer fueron algunos de sus aficionados. Meggitt agrega que el célebre matemático y astrónomo alemán Johannes Kepler se inspiró en las obras de Lucian para realizar las observaciones que lo llevaron a formular sus leyes de movimiento planetario y también para redactar su propia obra de ciencia ficción Somnium, que incluye un viaje a la Luna.

"La influencia de La historia verdadera también se puede ver en obras del dramaturgo francés Cirano de Bergerac y relatos como El Consolidador, de Daniel Defoe (1705), todas las cuales involucran viajes interplanetarios. Ciertamente, los escritores modernos sabían de Lucian cuando el género empezó a tomar forma definitiva", explica Meggitt.

Según los especialistas, esta tradición de influencia mutua entre ciencia y narrativa iniciada por Lucian incluso se mantiene hasta hoy y resulta fundamental en la inspiración de varios investigadores. En una entrevista otorgada al canal Discovery, Michio Kaku, físico teórico del City College de Nueva York y autor de varios libros de divulgación, señala: "Si miramos el caso de Edwin Hubble, el astrónomo más importante del siglo XX (debido a sus estudios sobre galaxias y nebulosas), podemos ver que estaba destinado a ser un abogado de Missouri. Pero en algún momento recordó las historias de Julio Verne que leía de niño, así que dejó su carrera de leyes, fue a la Universidad de Chicago, obtuvo su doctorado y descubrió que el universo se expandía".

El mismo Kaku afirma que cuando era pequeño no sólo tenía a Albert Einstein como modelo a seguir, sino que también solía ver Flash Gordon cada mañana de sábado: "Estaba enganchado. Quiero decir… había cohetes espaciales, armas de rayos, alienígenas…eso era para mí".

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