La mujer que trabaja en dar color a los cementerios pampinos
<P>Hace 47 años que Uberlinda Vera rescata una tradición de las oficinas salitreras: realiza llamativas coronas fúnebres con papel y metal. Fue reconocida como Tesoro Humano Vivo. </P>

Creció viendo tarros de conservas, latas y papeles convertidos en flores: observando cómo se formaban coronas que llenaban de color los cementerios en la pampa. La maestría con la que trabajaba, en esas creaciones, la madre de una compañera de colegio, cautivó a Uberlinda Vera Jofré.
"Tenía como 14 años, vivía en una oficina salitrera, y la señora Berta Williams hacía todos los días las coronas. Yo iba y le decía si le ayudaba, y de tanto ayudarla, aprendí, como una hormiguita, y dije que siempre lo iba a hacer", cuenta la mujer de 61 años, al recordar a su maestra, quien falleció el año pasado.
Uberlinda se fijó una meta. No quiere que este oficio, que caracteriza los cementerios del desierto, se pierda. "Hay personas que sabían mejor que yo este oficio y se han ido. Yo no me quiero ir sin dejar que otros aprendan. Por eso ahora estoy enseñando a 25 personas y estoy feliz. Hice un llamado por la Radio Santa Laura, en Pozo Almonte, y llegaron a aprender. El lema que tenemos es: que la pampa nunca muera", explica.
Así, tras ejercer este oficio por 47 años, ha comenzado a transmitir las técnicas para plisar el papel y combinar los colores.
Reconocimiento
La iniciativa de esta mujer y sus esfuerzos por evitar que esta tradición desaparezca fueron considerados por los seis miembros del jurado llamado por el Consejo de la Cultura y las Artes para definir a las seis personas que serían reconocidos como Tesoros Humanos Vivos este año. Un galardón que forma parte de un programa creado por la Unesco, que busca rescatar justamente el patrimonio inmaterial.
Este año fueron 165 los postulantes. Uberlinda, en una de las terrazas del cerro Santa Lucía, recibió emocionada el reconocimiento y tres millones de pesos como premio. En lo que va del programa, creado el 2009, han sido 20 los galardonados, entre personas y agrupaciones. "Este reconocimiento contribuye directamente a la toma de conciencia en nuestra sociedad de que existen personas y comunidades que actúan como guardianes de conocimientos ancestrales que debemos ayudar a proteger", recalcó el ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke.
Tarea familiar
La confección de las coronas no era sólo trabajo de mujeres. Uberlinda describe que de su maestra también aprendió cómo convocar a su familia en esta labor. Ella, por ejemplo, contaba con la ayuda de su esposo. "El le ayudaba a hacer los arcos y cortaba los alambres. Yo veía que colgaba toda su casa de coronas para la venta, sobre todo para el 1 de noviembre", describe.
Uberlinda siguió el ejemplo y en su casa sumó a su madre y a su hermana. "Luego me casé, le enseñé a mi esposo para que me ayude y le gustó", cuenta. Luego incluyó a sus seis hijos.
Ella puede hacer hasta dos coronas en un día y venderlas por $ 2.500, pero las deja a $ 2.000 si le compran más de una. Para la factura, todo sirve: tarros de durazno y de leche son cortados para terminar como flores de latón.
Uberlinda dice que cualquier minuto sirve para comenzar a plisar el papel con el que crea otras flores. Explica que debe aumentar con fuerza la producción en estas fechas, por el Días de Todos los Santos. Hay más presión, pero, pese a esto, asegura que hay flores que tiene apartadas y no vende: "Siempre tengo mis dos coronitas guardadas, por si muere un finaíto que yo conozco".
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
CYBER 50% Plan Digital+$5.990 al mes SUSCRÍBETE












