Los secretos de las mejores cuatro picadas de Santiago
<P> El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes eligió los mejores restaurantes típicos en 2013.</P>

Taberna El Hoyo
Terremotos y perniles
En El Hoyo, ubicado desde 1912 en calle San Vicente esquina Gorbea, en Estación Central, dicen ser los inventores del tradicional trago conocido como "Terremoto".
La historia contada por Guillermo Valenzuela, uno de sus socios, dice que en marzo de 1985 llegaron al local reporteros alemanes que estaban cubriendo los efectos del sismo que sacudió la capital ese año. Después de beber varios vasos de una mezcla que él había inventado un tiempo antes, uno habría exclamado: "Esto sí que es un terremoto", bautizando así al bebestible.
Su receta es la siguiente: dos litros de vino blanco helado, 300 cc de pisco, cinco cucharadas grandes de helado y tres de azúcar. Eso sí, aseguran tener un ingrediente secreto que hace que el suyo sea el mejor.
Las especialidades de la casa son la plateada con ensalada, arrollado o pernil con papas, carne mechada con puré y cazuela de cerdo.
Esto hace que lleguen a comer capitalinos de todos los barrios. Alberto Mordojovic va desde su casa en Las Condes a ese tradicional lugar: "Me gusta la comida chilena, y ahí es buena y abundante".
Chorrillanas en el centro
La Chimenea
Esta picada es la más cercana a un restorán propiamente tal. Ubicada hace 30 años en una casona en el pasaje Príncipe de Gales, en pleno centro, tiene tres pisos llenos de mesas y sus clientes son oficinistas que van a almorzar o a tomar un trago después del trabajo.
Su especialidad son los pescados y mariscos: atún de Isla de Pascua, langostas de Juan Fernández y ostras de Chiloé, las que mantienen vivas en una piscina de agua de mar.
Su dueño, Jorge Castro, quien heredó el local que su padre inauguró hace 62 años, cuenta que fueron ellos quienes trajeron las chorrillanas a Santiago. "Hace 20 años vino un cliente del puerto pidiendo una, pero nosotros no sabíamos qué era. Nos dijo: 'Como lomo a lo pobre, pero picado'. Y empezamos a hacerlas", cuenta.
En cuanto a los tragos, tienen innovadoras preparaciones con pisco, como huesillo al pisco o "Roto chileno", que además del destilado lleva naranja, vino y un ingrediente secreto.
También organizan ciclos de música, teatro y exposiciones. Durante febrero, los lunes y miércoles tienen peñas de cueca brava.
Amigos con historia
Rincon de los canallas
"Adelante, canallita. Bienvenido", saluda Víctor Painemal a quienes entran a su restorán. Él, de 80 años, todos los días se levanta temprano para ir a hacer las compras al matadero, abrir el local y oficiar de anfitrión hasta pasadas las dos de la mañana.
"Nos quedamos conversando hasta tarde, y si alguien está de cumpleaños, aún más", comenta.
Las paredes están tapizadas de notitas que dejan los visitantes. Leerlas revela que asiste todo tipo de personas: amigos celebrando, familias compartiendo y enamorados pololeando. "Hoy me convertí en un canalla", dice una. "Esta noche nos pusimos de novios", relata otra.
Además, hay una importante colección de cuadros, la mayoría empeñados en décadas pasadas por capitalinos a punto de partir al exilio. Esta picada nació clandestina en los 70, en la calle San Diego, pero desde 2008 se ubica en Tarapacá 810.
Su especialidad es el "Pernil canalla", que incluye, además de dos longanizas, dos porciones de arroz, dos papas y dos ensaladas. El trago es el "Maremoto", hecho con vino pipeño, aguardiente, fernet, granadina, fruta y helado.
Sándwich al desayuno
La picá del Licho
Atiende desde las seis de la mañana hasta el mediodía en el local 77 de La Vega Chica. Su especialidad son los desayunos contundentes: sándwiches de potito, de mechada, de lengua; todos muy difíciles de encontrar en las otras cocinerías del lugar -especializadas, más bien, en platos de comida chilena- y hechos con ingredientes frescos.
Sus clientes son todo tipo de madrugadores: feriantes, oficinistas, turistas y hasta oficiales de la PDI, cuyo cuartel central queda a unas cuadras de distancia, al otro lado del río. Como su pequeño puesto sólo les permite atender a 10 personas al mismo tiempo, los comensales hambrientos se agrupan de pie, esperando su turno.
Los maestros de cocina -a quienes se puede ver en acción al centro del local- son Marcos y Roberto Ávalos, hijo y nieto, respectivamente, de Uldaricio Avalos Cortés, el "Licho", quien falleció hace dos años, después de haber estado a cargo del local por medio siglo.
"Empezó el año 62 vendiendo almuerzos también. De a poco se fue especializando en los sándwiches y desayunos", cuenta Marcos.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.
Plan Digital$6.990 al mes SUSCRÍBETE












