Diario Impreso

Mac DeMarco: vuelve el héroe de la música indie flechado con Chile

<P>El particular artista se ha convertido en uno de los nombres habituales de la cartelera local de shows. </P>

Un visitante típico con un equipaje poco habitual. El enunciado parece un eslogan colgado en los pasillos de algún aeropuerto, pero no: es el concepto que mejor define el estrecho vínculo que ha establecido el multiinstrumentista canadiense Mac DeMarco (26) con Chile.

Un músico indie de impronta freak y provocadora, aún desconocido para la gran masa, pero que exhibe un generoso ritmo de viajes a Santiago en los últimos años, con rótulo de nombre habitual en la cartelera de conciertos.

Luego de su fervoroso debut de 2014 en el centro de eventos Cerro Bellavista, y su escala como número estelar del festival Primavera Fauna del año pasado, el artista viene por tercer año consecutivo, esta vez con parada el sábado 19 de noviembre en el teatro La Cúpula del Parque O'Higgins. En rigor, es el espectáculo más masivo que ha ofrecido a la fecha en la capital.

Pequeños pergaminos en sincronía con su estatus ascendente, gracias a un activo culto local que aplaude su aspecto sugerente, su vitalidad escénica, un pop melódico donde el eje son las guitarras y una interpretación que a momentos evoca al Lennon en ácido de las segunda mitad de los 60. Además, y tal como lo atestiguaron las cerca de 10 mil personas que arribaron hasta el último festival de Espacio Broadway, sus presentaciones son una experiencia que semeja un tobogán, donde el portentoso despliegue instrumental sirve para entregarle mayor músculo a un sonido en apariencia sencillo y austero.

Para esta vez, y como parte del ciclo S.U.E.N.A, DeMarco llegará con una agrupación que promedia los cuatro integrantes -concentrados en guitarras y teclados- y que mostrará su última entrega, el aplaudido registro Another one (2015), grabado en su refugio neoyorquino, los Jizz Jazz Studios, el espacio que también funciona como su casa. Un dato que retrata sus métodos creativos: tal como alguna vez lo hicieron prodigios como Stevie Wonder, el norteamericano prefiere grabar solo y hacerse cargo de todos los detalles de sus discos, sin miradas externas ni sugerencias de invitados, escena que lo encuadra como una suerte de ermitaño artístico y de creador que privilegia el filtro vintage para montar su música.

Eso sí, con sólidos resultados. Además de recoger buenas reseñas de medios hechizados con los héroes indie de esta década -como Pitchfork-, sus títulos anotan un rendimiento comercial más que competente. Por ejemplo, su última producción escaló hasta el puesto 25 del ranking Billboard 200 y fue número uno del apartado dedicado a los álbumes de rock. Fue, en rigor, el mayor logro asestado por el canadiense en términos de números y listados. Además, el trabajo vendió 13 mil copias en su primera semana, con 6 mil, casi la mitad, despachadas en formato vinilo, otro fetiche de los miembros de su casta musical.

Y otra muestra de que, pese a la médula alternativa e independiente que sostiene su oferta, DeMarco es un hombre que no olvida las audiencias más transversales. "Cuando yo escribo de una canción, pienso en todo, y no me inspiro en cosas que quizás no le importan a nadie. Me acuerdo de otras cancione mías que me gustan y de pronto digo: 'En ese tema realmente no estaba pensando en nada importante'", contó hace unos meses a Spin. Las entradas para su nueva venida se pueden comprar desde hoy en Puntoticket.

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