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Realidad carcelaria

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Señor director:

El 6 de junio, en la cárcel de Alto Hospicio se produjo el homicidio de un interno justo tras finalizar la hora de visitas. El mayor Rodrigo Salinas, jefe operativo regional de Gendarmería, expuso que ya se desarrolla una investigación para esclarecer el suceso y declaró que "ambos venían del sector de visitas, donde existía personal preocupado de que se retire a los familiares y de ingresar a los internos a sus módulos. En el pasillo donde ocurrió el incidente no había cámaras de seguridad, ni se contaba con personal en ese momento".

Que este suceso sea una realidad frecuente en los centros penitenciarios del país, no le resta gravedad. Si un reo que se encuentra cumpliendo condena tiene la posibilidad de delinquir nuevamente dentro de la cárcel, la responsabilidad de este crimen no recae únicamente en el interno, sino también en el sistema penal. Las cárceles se están convirtiendo en centros de batallas en los que se deja actuar a los reclusos sin control por parte de los gendarmes. La seguridad de los convictos es  cada vez más escasa y recibir una pena de cárcel puede convertirse fácilmente en una pena de muerte.

Diego Alegría

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