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Suspenden rescate de 33 mineros atrapados por nuevos derrumbes en la mina

<P>Hoy comenzaría un nuevo plan: llevar maquinaria de sondaje para, más que rescatar, contactar a los eventuales sobrevivientes.</P>

Una serie de derrumbes en la chimenea principal de la mina San José, en las cercanías de Copiapó, donde 33 mineros se encuentran atrapados desde el último jueves, obligó ayer a suspender las labores de rescate, provocando un inenarrable sentimiento de impotencia y frustración en las decenas de familiares que se encuentran en el lugar.

En una conmovedora conferencia de prensa, poco después de las 15 horas, el ministro de Minería, Laurence Golborne, dio a conocer el nuevo traspié, que obligó a salir de la mina a la cuadrilla de 40 rescatistas que trabajaban desde primeras horas de la mañana de ayer en el reforzamiento de los ductos que permitirían el acceso a la zona en la cual se presume estaría el grupo, por debajo de la losa o en el refugio de seguridad.

Tiempo perdido

"Hemos hablado en todo minuto con la verdad. La pena que tengo es porque no podemos salvarlos. Tenemos alternativas técnicas, pero son mucho más complejas", dijo el secretario de Estado, bajo una lluvia de recriminaciones por no haber incluido en los grupos de rescate a mineros con experiencia en el pique.

"Las probabilidades hoy día son más escasas de lo que eran ayer", finalizó el hasta ese minuto estoico Golborne, antes de que la impotencia traicionara por vez primera la serenidad que siempre intentó imprimir a sus palabras y terminara con los ojos vidriosos y la voz entrecortada.

La catarsis colectiva se tornó entonces en un solo aullido de dolor en medio de la seca y cada vez más triste tarde sabatina. El final de la ruta al pique San José, un sitio donde el polvo y la desesperanza ya son una sola cosa, fue también un sitio tan inhóspito como lejano para las demás autoridades que estaban en el lugar. La ministra del Trabajo, Camila Merino, caminaba mordiéndose los labios, acompañada por los silentes Pablo Wagner -subsecretario de Minería- y Ximena Matas, intendenta de Atacama.

Plan B

La realidad es cruda y las 48 horas utilizadas en el reforzamiento de los ductos de ventilación son tiempo perdido y las propias autoridades reconocen que las probabilidades de rescatar al grupo con vida han disminuido.

Desde hoy se implementará un plan B: instalar maquinaria de sondaje para intentar contactar a los mineros, como explicó anoche en el campamento el presidente de la Sonami, Alberto Salas, pocos minutos después de que el gerente de la minera San Esteban, Pedro Simunovic, fuera insultado por la enardecida muchedumbre que se guarecía junto a una fogata a metros del pique. "Escúchenme y créanme. Yo soy minero, como ustedes", rogó Salas. El plan comenzaría hoy y tardaría, a lo menos, un par de días en dar resultado.

Las familias sintieron el golpe. "Vieja, el cerro está goteando. Tengo miedo de morir ahí", decía anoche la señora Lily, repitiendo las últimas palabras que escuchó de boca de su marido, Mario Gómez, un enfermo de silicosis de 63 años, el mayor de los mineros atrapados en el pique. A pocos metros se paseaba su sobrino Iván Toro, con una pierna ortopédica como muda cicatriz del accidente que le cercenó de cuajo su miembro derecho nueve años atrás en esta misma mina.

Alfonso Avalos, por su parte, lloraba a sus dos hijos, Florencio (32) y Renán (28), quienes salieron de su natal Salamanca para mantener a sus familias. Claudio Acevedo, un ex central de Cobresal, pedía a Dios por su suegro, quien tantas veces lo instó a pedir trabajo en la minera San Esteban, y por su compadre, el también ex futbolista Franklin Lobos.

Mientras, uno tras otro, camiones y ambulancias salían de la mina. La caravana, silenciosa, se interpretó como señal de rendición. Varios mineros pidieron que los dejaran bajar a buscar a sus compañeros. Decían tener conocimientos necesarios y voluntad suficiente. La situación se volvió confusa, mientras la prudencia peleaba contra el impulso por no permitir un final que, al caer la noche en la precordillera atacameña, se veía tan trágico como probable.

La señora Lily, don Alfonso y Claudio, el ex futbolista, buscaban abrazos y palabras que espantaran el frío de sus almas.

La tragedia, finalmente, también es una gran familia.

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