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Todos sus hijos

<P>Un donante de espermatozoides descubre su rico y perturbador legado. </P>

SER ADMITIDO como donante de semen en el California Cryobank es parecido a entrar a la Universidad de Harvard. El banco acepta a menos del uno por ciento de sus 26 mil postulantes anuales (Harvard, en cambio, acepta a cerca de seis por ciento de sus cerca de 35 mil postulantes). Incluso, Cryobank ha establecido clínicas en Cambridge, Nueva York, Los Angeles y Palo Alto, con el fin específico de estar cerca de las más prestigiosas universidades y de las cuales espera atraer a donadores.

Raúl Walters -a quien le he cambiado su verdadero nombre- representa al candidato ideal para entrar en Cryobank. Es alto, bien parecido, se graduó de las mejores universidades y goza de un impecable registro de salud: nadie en su familia inmediata ha sufrido de cáncer, infartos prematuros al corazón o enfermedades mentales.

Raúl comenzó a donar semen en 2004, para financiarse un año sin trabajar antes de entrar a la Escuela de Derecho. Se encontraba trabajando en una novela, mientras buscaba oportunidades de empleo en Craigs-list y su esposa esperaba a su primer hijo. "No tenía habilidades reales, me dijo, pero medía 1 metro 92 y tenía una educación de medio millón de dólares". Como muchos de los donadores de Cryobank, Raúl es una persona orientada a las metas y admite que la selectividad era parte del atractivo del cuento.

Raúl ganó cerca de US$ 10 mil en total por donar semen dos veces a la semana, durante un año y medio, a US$ 70 la muestra. Trató de no pensar en el resultado: los posibles hijos y las diversas madres. Continuó con sus planes de seguir la carrera legal, sus intereses artísticos y su propia vida familiar. El año pasado, les mencionó a algunos colegas que había sido donante durante su año sin trabajar. "¿Has googleado alguna vez tu número de donante?", le preguntó uno de los abogados.

Raúl no lo había hecho. Pero esa mañana escribió en el motor de búsqueda. El primer resultado que apareció fue un blog llamado Django Djournal. Eran las crónicas de una madre sobre un bebé llamado Django, a quien había concebido con los espermatozoides de Raúl. En la parte superior de la página había una foto de un bebé gordito de dos años, vestido con pantalones cortos, sonriendo con poco entusiasmo: era el mismo Raúl de niño. "Estaba fuera de contexto", explicó. "Me tomó un minuto para darme cuenta de por qué me era tan familiar". Durante el período en que había sido donante, había vendido la fotografía al banco por unos US$ 200 extra, para mostrar cómo podría verse un hijo suyo.

La próxima foto en la página era de Django de seis meses y el parecido era realmente impresionante: el cabello y los ojos oscuros, la cara amplia. Por esa época, Raúl y su esposa ya tenían dos hijos y Django era muy parecido. Lo que hacía aún más aterradora la página eran las fotografías de otros dos bebés concebidos con el semen de Raúl. Sus madres habían rastreado el blog, y el resultado fue una espontánea comunidad en línea que había usado el esperma de Raúl. La madre de Django, quien se hace llamar "Mamá K" en el blog, escribió:

"No había pensado mucho en la idea de otros hijos del donante que escogí… Pueden imaginarse mi sorpresa cuando, durante un agitado fin de semana, recibí correos electrónicos de otras dos madres [de bebés que usaron el mismo esperma]".

A Raúl le cuesta describir cómo se sintió cuando vio a estos niños. "¿Sabes cómo se siente uno al salir de los bosques en la costa y de pronto ver el océano?", preguntó. "Es tan grande y tan inabarcable. Uno tiene un momento de verdadero sobrecogimiento", dijo.

La donación de semen inicial de Raúl se vendió rápido, tan rápido que, de hecho, en 2008, el banco le pidió a Raúl salir de su "retiro" para ayudar a una mujer que había parido un niño usando sus espermatozoides, a concebir un hermano genéticamente igual. (Esta vez, como la donación requería viajar y alejarse del trabajo, al banco le cobró la tarifa diaria de su bufete de abogados. Me dijo en broma: "¿Dónde está la 'donación' si hay gente que paga por mi 'esperma?").

El Django Djournal -que Mamá K convirtió recientemente en un blog privado- no es el único sitio que alaba el semen de Raúl y los bebés "de pelo rizado y ojos brillantes" que éste produce. Cryobank, que anualmente ayuda a unas 10 mil mujeres a concebir, tiene su propio boletín y comunidad en línea, en donde las féminas pueden ubicar a otras madres que han usado al mismo donante, recomendar buen semen (el de Raúl ha sido alabado) y encontrar apoyo emocional. No es difícil imaginar en el futuro cercano sitios que les permitan a las madres calificar semen, de la misma forma en que los gourmet les ponen nota a los restaurantes en Yelp. Y, por cierto, si los espermatozoides son un producto de venta, ¿por qué no deberían existir estos sitios? Las mujeres que ya arriesgan mucho al escoger esta ruta poco convencional podrían tener más seguridad si tienen la opción de saber que una "marca" en particular funciona adecuadamente, creando bebés sanos e inteligentes. Pero ¿es un producto el semen? ¿Elegirlo debería ser como comprar una máquina lavadora?

Internet no era una preocupación cuando se fundó California Cryobank, en 1977, pero la red es una parte fundamental de su modelo de negocios actual. Las aspirantes a madre pueden llenar un formulario de búsqueda en línea (por ejemplo, pedir un donante católico con cabello rubio y ojos azules) y reciben instantáneamente una lista de opciones. Para cuidar el anonimato, no se incluyen fotos de adultos de los donantes; en vez de ello, cada perfil tiene vínculos al pie de página, que llevan a imágenes de celebridades a las cuales se parecen los donantes: se trata de una función que, según dice el banco, es extremadamente popular. Hice una rápida búsqueda de donantes caucásicos de pelo castaño, la cual me dio como resultado una lista de hombres que, según Cryobank, se parecían a Justin Timberlake, James Franco o Steve Carell.

Sin embargo, como lo demuestran el Django Djournal y las salas de chateo, internet también posibilita el establecimiento de redes entre madres que comparten un donador. Y a medida que crecen los hijos de un mismo donante, es posible que unos y otros se conecten en línea. Cryobank asegura que entre 25 y 30 mujeres pueden quedar embarazadas con el semen de una misma persona, aunque dice que usualmente la cifra es cercana a entre 12 y 15. Algunas de esas mujeres tendrán más de un hijo usando los mismos espermatozoides. Y una vez que han comprado los frascos con el semen de un donante -cosa que se hace por adelantado, para garantizar que no se agote el producto-, pueden hacer lo que deseen con las sobras, incluso crear un mercado secundario con los frascos de semen sin usar. Encontré al menos una mujer, no afiliada a Cryobank, que estaba interesada en adquirir frascos de Raúl que le habían sobrado a otra mujer, con el fin de concebir a su propio bebé. Los espermatozoides de un donante popular como Raúl fácilmente pueden producir varias docenas de hijos.

Una madre que compiló una lista de los medio hermanos de su bebé, concebidos con la esperma de Raúl, escribió en el boletín de Cryobank que había encontrado 22 "historias de éxito" a través de la red. Cuando le escribí un correo elecrónico, me respondió: "No me siento cómoda dando a conocer el número exacto de hermanos, pero diré que hay más de lo que esperaba inicialmente".

California Cryobank dice que, según los estándares de la industria, es conservadora en cuanto al número de frascos que vende de un donante determinado. Un reciente documental de la cadena Style mostraba a un donante que sabía de al menos 70 vástagos de sus donaciones de semen y que sospecha que podrían ser hasta 140. Uno debería preguntarse sobre las consecuencias que tendrán estas cantidades de niños relacionados biológicamente, en especial, tratándose de una época en la que les será muy fácil encontrarse en la red, al igual que a sus padres.

La sensación de ver por primera a los hijos biológicos que nunca conoció, me dijo Raúl, "liberó un montón de químicos cerebrales, se sentía como algo más grande que yo, no fue una sensación benigna". Le pregunté a Raúl si volvería a donar, sabiendo cómo se siente ahora. Se encogió de hombros. "Lo haría, probablemente", dijo. "Estoy abierto al caos".

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